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Gees.org Opinión Crisis institucional. Regeneración o bunkerización
Crisis institucional. Regeneración o bunkerización

Crisis institucional. Regeneración o bunkerización

por Óscar Elía Mañú, 15 de Febrero de 2010

 

(Publicado en Época, 14 de febrero de 2010)
 
Por extraña que parezca la afirmación, Rodríguez Zapatero no es la causa fundamental de los problemas que tiene España, sino más bien su tragicómica consecuencia. En su gobierno se encarnan superpuestas las tres grandes crisis nacionales. En primer lugar la crisis económica, que pese a ser la más visible y aguda, no es la más dañina; en segundo lugar, la crisis institucional, que afecta al conjunto de las instituciones del Estado y a su clase política; en tercer lugar, la crisis cívica y moral, que va más allá de ambas, que las causa y las provoca.
 
De las tres, la más aguda es la económica; la más importante, grave y estructural, la moral. Pero la clave está en las instituciones políticas: sin ellas, la posibilidad de recuperación económica y sobre todo de la regeneración cívica es inviable. Y aquí empiezan los problemas: hoy existe una bunkerización de los dos grandes partidos políticos en unas instituciones cada vez más pervertidas, que progresivamente han ido canibalizando desde 1978. Se ha creado un establishment político cerrado alrededor del que giran sindicatos, asociaciones de empresarios, banqueros y no pocos medios de comunicación. En las últimas décadas, amiguismo, corrupción, colegueo y favoritismos se han extendido desde los partidos a todas las instituciones estatales, autonómicas y locales. Ellas han impulsado la crisis moral, y han agravado la económica.
 
Enfrente, lo novedoso del momento actual es la existencia de una sociedad civil liberal-conservadora que a través de movimientos cívicos, nuevos grupos de comunicación, foros o think-tanks, ha irrumpido con fuerza en el debate público en los últimos ocho años. En cuanto a su origen busca, por principio, la independencia; y en la acción pública, se mueve por una actitud de exigencia y fiscalización del poder político. Esta nueva sociedad civil -ya un factor sociológico de primera magnitud-, provoca tensiones con la derecha política, y choca brutalmente con la izquierda, que brama obsesionada contra una nueva derecha extrema, una derecha de la derecha, una derecha radical. En verdad, esta derecha –de la que Intereconomía es uno de los principales puntales- es impecablemente liberal-conservadora, europea y occidental, pero pese a eso –o precisamente por ello- desata crecientemente las iras izquierdistas y progresistas.
 
¿Qué cabe esperar en este punto? Casi cualquier cosa. La primera posibilidad es la consolidación de esta tendencia de la derecha y la izquierda políticas a bunkerizarse en la defensa de un sistema corrompido que pierda legitimidad a raudales entre los ciudadanos; ya lo indica el CIS. Tendencia que conduciría a una progresiva catalano-argentinización: una clase política legalmente establecida sobre unas instituciones pervertidas y alejadas de unos ciudadanos ajenos y pasivos a los asuntos de gobierno, cada vez más impuestos y menos discutidos. Escenario no contrario del todo al ideal izquierdista, pero desde el punto de vista liberal-conservador inadmisible: la continuidad institucional respecto a los últimos años, no es una solución satisfactoria. Dicho en otros términos, España no necesita un cambio de gobierno, sino un proceso de reestructuración institucional profundo que no sólo arregle el caos generado desde 2004, sino que aborde los problemas nacionales que se esconden detrás, y que constituyen la fuente del problema.
 
Políticamente, sólo el Partido Popular podría abordar algo así, pero él sólo no podrá encabezar un proceso de gran alcance, puesto que a él le afectan los mismos problemas que al resto de la clase política. Siendo la alternativa entre partidismo y regeneración, el problema estratégico más acuciante al que se enfrenta el Partido Popular es su incapacidad actual para dar solución al reto que le plantea esta nueva derecha liberal-conservadora, cuyo interés no está en el cambio de gobierno sino en una nueva agenda institucional que, precisamente, alivie a la sociedad de las cargas y servidumbres de la clase política. Endiablada contradicción que el gran partido de la derecha deberá solucionar cuanto antes.
 
La clave de un triunfo político liberal -y no solamente electoral-, y sobre todo, la clave para abordar estructuralmente la recuperación económica, la reforma institucional y la regeneración cívica y moral, está en la capacidad del gran partido de la derecha en coordinar y atraer a una sociedad civil liberal-conservadora sin la cual, o no llegará al poder, o lo hará en una situación de debilidad tal que deberá buscar cobijo bunkerizándose con la misma izquierda que ha impulsado con entusiasmo la degeneración institucional española. En el fondo, la alternativa está entre una regeneración institucional constitucional y liberal y una bunkerización de la clase política que degrade progresivamente la vida pública española. La clave está en la derecha, y la responsabilidad, en su gran partido.



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