Crisis de valores

por Ignacio Cosidó, 13 de agosto de 2011

(Publicado en Diario Palentino, 13 de agosto de 2011)
 
Este verano convulso nos sorprende ahora con una explosión de violencia en algunas ciudades del Reino Unido que ha causado ya cinco muertos, multitud de actos vandálicos y más de mil detenidos por la policía. No cabe en esta columna un análisis profundo de las causas y los efectos de un fenómeno tan complejo, pero me pregunto ¿en qué medida es posible que vivamos en España hechos parecidos? La respuesta es que ese riesgo existe y que por tanto debemos tomar todas las medidas necesarias para que no ocurra.

Acierta el primer ministro británico, David Cameron, cuando sitúa el fondo del problema en una crisis de valores. Fallan las familias que no son capaces de inculcar a sus hijos unos principios de respeto, de tolerancia y de responsabilidad que son básicos no sólo para el desarrollo de la persona, sino para poder vivir en sociedad. Fallan las escuelas donde se pierde el respeto al profesor, donde se diluyen los valores de trabajo, de exigencia y de esfuerzo. Fallan las sociedades en las que se cuestiona cualquier forma de autoridad, se pierden las referencias morales sobre lo que está bien o mal o se relativiza el principio de legalidad. Por desgracia, esta crisis de valores no es exclusiva de la sociedad británica, sino generalizada en toda Europa, incluyendo el caso de España.

En segundo lugar, es difícil desligar estas revueltas de una crisis económica que están padeciendo con especial dureza los sectores sociales con menos recursos y que implica recortes de determinados programas de gasto. Llama la atención en los disturbios en Inglaterra la juventud de sus protagonistas y eso tiene que ver también con una pérdida de expectativas vitales. Esta sensación de desesperanza y de depresión constituye el caldo de cultivo ideal para este tipo de expresiones violentas.

Hay por último una crisis de un multiculturalismo del que el Reino Unido ha sido máximo exponente. No estamos estrictamente ante un conflicto étnico, pero los enfrentamientos entre diferentes comunidades están en la causa de algunas de las muertes ocurridas. Toda política de guetos conduce necesariamente a largo plazo a una ruptura de la convivencia.

En España estamos a tiempo de evitar este tipo de fenómenos, pero para ello es necesario recuperar valores básicos, una política eficaz para luchar contra el paro, una integración plena de los inmigrantes y aplicar la máxima firmeza contra cualquier forma de violencia.