Crisis de los rehenes: el momento Carter de Tony Blair

por Mark Steyn, 17 de abril de 2007

(Publicado en Chicago Sun Time, 1 de abril de 2007)

En este 25 aniversario de la Guerra de las Malvinas, Tony Blair tiene un aspecto menos como Margaret Thatcher y alarmantemente más como Jimmy Carter, una representación de la presunta 'superpotencia' como un eunuco sonriente.
 
Hace 27 años, Mahmoud Ahmadinejad era un estudiante de Teherán, y se dice (según un expresidente iraní, que conste) que se encontraba entre aquellos en la embajada norteamericana que capturaron y secuestraron a los ciudadanos americanos durante más de un año.
 
Hoy, Mahmoud Ahmadinejad es el Presidente de Irán, y ostenta una responsabilidad menos ambigua con respecto a los rehenes occidentales. En esta ocasión, son sujetos británicos: 15 marineros y miembros de la Marina Real. Existen unas cuantas diferencias entre este secuestro y el anterior; allá por 1979, los iraníes secuestraron a sus rehenes invadiendo una misión diplomática -- territorio soberano de los Estados Unidos. En el 2007, los capturaron en aguas internacionales. En 1979, dos semanas después de que comenzara la crisis de la embajada, 13 rehenes americanos que casualmente eran negros fueron liberados; los restantes fueron mantenidos cautivos durante 14 meses. En el 2007, la única mujer entre los rehenes está siendo ofrecida por el régimen para una liberación temprana como cebo sugerente frente a las cámaras de televisión, aunque con su uniforme de la Marina Real reemplazado por la vestimenta islámica; queda por ver qué va a ser del resto. El jueves, una nueva generación de 'manifestantes estudiantiles' pedía que 'los agresores británicos' fueran ejecutados.
 
En este 25 aniversario de la Guerra de las Malvinas, Tony Blair tiene un aspecto menos como Margaret Thatcher y alarmantemente más como Jimmy Carter, una representación de la presunta 'superpotencia' como un eunuco sonriente.
 
Pero es temporada de aniversarios. Hace unos cuantos días, la Unión Europea celebraba su 50 cumpleaños con la Euro-pompa jactanciosa usual. Arriba digo que los 15 rehenes son 'sujetos británicos'. Pero, como asunto pendiente de resolución, también son 'ciudadanos de la Unión Europea'. Hasta Timothy Garton Ash, uno de los más incansables de esos Euro-pomposos, parece reconocer que la acción iraní es un desafío a las pretensiones de Europa. '15 europeos fueron secuestrados en aguas territoriales iraquíes por miembros de la Guardia Revolucionaria iraní', escribía. 'Esos 14 hombres europeos y una mujer europea llevan cautivos en una ubicación sin especificar casi una semana, interrogados, sin acceso consular, pero mostrados en la televisión iraní, con uno de ellos interpretando una 'confesión', claramente bajo coacción. De modo que si Europa es lo que afirma ser, ¿qué va a hacer al respecto?'
 
Respuesta corta: nada.
 
Respuesta ligeramente más larga: los 15 rehenes 'europeos' no están ocupando muchas noticias en 'Europa'. Y, a juzgar por aquéllas en las que han salido, los demás 'europeos' -- léase belgas, alemanes y los que faltan -- no ven a los 15 rehenes como 'europeos', sino como británicos. Europa tiene un peso económico sobre Irán mayor que América. La Unión Europea es el mayor socio comercial de la República Islámica, responsable del 40% de las exportaciones iraníes. [La Unión Europea] se encuentra en posición de poder provocar un daño serio a Teherán. Pero no por los 15 efectivos británicos. Puede que sean 'ciudadanos europeos', pero no existe ninguna entidad europea.
 
Vale, bien, ¿qué hay de Naciones Unidas? Esos manifestantes estudiantiles quieren la ejecución de 'los agresores británicos', pero en realidad, [los británicos] son agresores de la ONU. El HMS Cornwall es la base de las patrullas multinacionales de seguridad marítima en el Golfo, una misión autorizada por Naciones Unidas. De modo que, ¿qué está haciendo la ONU con respecto a esta afrenta a su autoridad y (con la humillación pública de los cautivos) a la Convención de Ginebra?
 
Respuesta corta: nada.
 
Respuesta ligeramente más larga: el embajador británico ante la ONU habría deseado que el Consejo de Seguridad hubiera aprobando una resolución 'deplorando' la conducta de Irán. Pero los rusos tienen objeciones a todo este diálogo acalorado inflamable acerca de 'deplorar', y por tanto el Consejo de Seguridad expresaba en su lugar 'su grave preocupación' por la situación. Con eso y con 4,95 dólares, tienes un café con leche descafeinado. Pregunte a los colegas de Darfur lo que pueden enseñar en concepto de años de 'grave preocupación' de la ONU -- no tanto en preocupación como en fosas comunes.
 
Aun así, al igual que los americanos, los británicos insisten en intentar solucionar crisis reales a través de pseudo-instituciones. Un puñado de tecnócratas multinacionales no elegidos democráticamente pueden designar todo un continente como 'ciudadanos de Europa', pero como escribía el otro día Pat Buchanan, 'los documentos a palo seco, sin importar lo elocuentes que sean, lo abstracto de las ideas, lo bonitos que sean, no suponen una nación'. De igual manera, el romanticismo transnacional de Occidente puede fantasear con 'un gobierno mundial', pero teniendo en cuenta las partes que lo constituyen, es mucho más probable que sea parecido a Siria a lo grande, que a Suecia. En la práctica, ya lo es.
 
Y, en cierta medida, los obstruccionistas tienen razón. Los intereses de Rusia en Irán no son los mismos que los del Reino Unido; ¿por qué subordinar su política nacional a cambio de unos cuantos marineros británicos? A la inversa, ¿por qué debemos subordinar la nuestra por un proceso transnacional? Si salvar Darfur es lo acertado a hacer, no pasa a ser lo erróneo porque el tipo chino rehúse levantar la mano. Y Darfur es una región interna de un estado soberano. Si el Consejo de Seguridad no puede 'deplorar' ni un acto de piratería en alta mar, entonces ¿para qué sirve?
 
LA ONU no hará nada por los hombres capturados en una misión santificada por la ONU. La Unión Europea no hará nada por sus 'ciudadanos europeos'. Pero si el transnacionalismo progre es una broma posmoderna, no es la única escuela de transnacionalismo que existe. La Revolución Islámica de Irán ha sido explícitamente extraterritorial desde el principio: ha creado y financiado las criminales organizaciones satélite de Hezbolá, Hamas, y las facciones tanto chi'íes como sunníes de la 'insurgencia' iraquí. Ha dedicado una fortuna a las '-ristán' que existen en Asia Central, radicalizando a poblaciones musulmanas previamente pacíficas. Cuando el ayatolá Jomeini anunció la fatwa contra Salman Rushdie, no fueron musulmanes iraníes los que pedían su muerte, incendiaban librerías, disparaban a su editor, apuñalaban mortalmente a su traductor y asesinaban a cualquiera que se interpusiese en su camino, sino los británicos, hindúes, turcos, europeos, asiáticos y americanos.
 
De modo que ahora vivimos en un mundo de soberanía en un único sentido: las fuerzas americanas, las británicas y las iraníes respetan las fronteras siria e iraní; los sirios y los iraníes no respetan la frontera iraquí. Patrullando Shatt al-Arab en tiempos de guerra, la Marina Real opera según las normas de implicación diseñadas por funcionarios distantes con el ojo puesto en ficciones políticamente correctas de 'el derecho internacional': si usted se encuentra en 'un buque de guerra', no puede emprender la guerra. Si usted se encuentra en 'un destructor', no puede destruir nada. Si usted se encuentra en 'una fragata', ésa es toda la refriega que va a tener.
 
El 11 de Septiembre, un rascacielos de Nueva York era tumbado por el líder egipcio de una célula alemana de un grupo terrorista afgano encabezado por un saudí. El islamismo es solamente el primero de muchos virus ideológicos globalizados que atravesarán de incógnito las fronteras internacionales en los próximos años. Mientras tanto, nosotros ponemos nuestras esperanzas en cumbres de ministros exteriores.
 
'Es mejor hacer noticia que ocupar las noticias', escribía Winston Churchill en 1898. Pero sus sucesores se han acostumbrado a ocuparlas, y los hombres que las hacen han entendido eso a la perfección.


 

 
 
Mark Steyn es periodista canadiense, columnista y crítico literario natural de Toronto. Trabajó para la BBC presentando un programa desde Nueva York y haciendo diversos documentales. Comienza a escribir en 1992, cuando The Spectator le contrata como crítico de cine, Más tarde pasa a ser columnista de The Independent. Actualmente publica en The Daily Telegraph, The Chicago Sun-Times, The New York Sun, The Washington Times y el Orange County Register, además de The Western Standard, The Jerusalem Post o The Australian, entre otros.
 
 
© Mark Steyn 2007