Corea: la oportunidad perdida

por Rafael L. Bardají, 24 de noviembre de 2010

 

(Publicado en La Gaceta, 24 de noviembre de 2010)
 
Desde que el general McArthur no obtuviera el respaldo para derrotar a Corea del Norte y América optara por una solución transitoria pero relativamente estable, la división de Corea, nunca ha surgido una oportunidad igual para poner punto y final a un régimen tiránico, genocida y peligroso para la paz mundial con sus negocios misilísticos y nucleares. Hasta hoy.
 
La comunidad internacional se ha encontrado ante una crisis que no esperaba con el ataque injustificado de Corea del Norte. Ocurre a los pocos días del descubrimiento de que el régimen de Pong Pyan sigue enriqueciendo uranio utilizando un nuevo y mejor modelo de centrifugadoras, las P2, famosas por ser las que los iraníes están instalando en sus instalaciones atómicas. Y justo tras que el enviado especial de los Estados Unidos, Stephen Borsworth, visitara la zona demandando que Corea cumpla con sus obligaciones y pidiendo una nueva ronda negociadora de los 6+1, el grupo que ha venido lidiando con la nuclearización de Corea del Norte desde los 90 sin ningún éxito, dicho sea de paso.
 
El problema es que no se trata de una crisis aislada. El pasado mes de marzo, Corea del Norte hundió un buque de la marina surcoreana, causando medio centenar de víctimas. Ha habido varias escaramuzas en la línea fronteriza y la retórica agresiva no ha dejado de crecer. Corea del Norte ha decidido romper con la frágil estabilidad y embarcarse en un peligroso rumbo de provocaciones. Hay una posible explicación: el régimen norcoreano quiere hacerse valer y respetar. Pero no es respetable. Y no se le debe dejar siquiera que lo intente con sus artimañas.
 
Ahora que la OTAN acepta que la seguridad es una cuestión global, ha llegado la hora de la responsabilidad e impedir que Corea del Norte se salga otra vez con la suya. Clinton estuvo a punto de bombardear Corea. Nadie, ni China, se opondría a ello ahora que su régimen es tan frágil que puede estar tentado por las mayores locuras. No es la hora de volver a negociar.