Cooperantes. De los vivos y de los muertos

por Emilio Campmany, 27 de agosto de 2010

 

Nuestro Rey dijo en una ocasión que Zapatero sabía muy bien en qué dirección iba. Y ¿en qué dirección va, Majestad?
 
Activistas alauitas nos humillan en Melilla y el Gobierno y el Rey (sí, el Rey) se apresuran a pedir perdón al sátrapa magrebí. El Gobierno fuerza la liberación del peligroso terrorista que secuestró a dos españoles y le paga ocho millones de euros para que los libere. Luego, el terrorista nos humilla diciendo al resto de países occidentales que tomen ejemplo de España, que paga y se pliega a los deseos de los criminales. Mientras estos insensatos cooperantes, que viajaron libremente a un área extraordinariamente peligrosa, celebran su liberación gracias al dinero y a la humillación del resto de sus compatriotas, en Afganistán mueren dos guardias civiles que fueron allí cumpliendo órdenes del Gobierno. Unas órdenes dictadas con el fin de demostrar que allí no hay guerra y que lo que hay que hacer es reconstruir el país enseñando, entre otras cosas, a la policía afgana a modernizarse, que para eso fueron enviados los guardias civiles al país centroasiático. Para completar la cadena de desgracias, sólo falta que el Gobierno forme consejo de guerra a los soldados que abatieron al terrorista que acabó con la vida de los guardias civiles por no haber empleado el celo suficiente en intentar arrestarlo con vida, que ya se sabe que, para este Gobierno, la vida de los terroristas vale tanto como la de los soldados y policías encargados de perseguirles.
 
¿Qué pueden decirle las familias de los cooperantes liberados a la de Miguel Ángel Blanco en el improbable caso de que se encuentren? ¿Qué aquellos eran otros tiempos y que el responsable de la muerte de Miguel Ángel la tiene el tío del bigote por no hacer lo que Zapatero hace tan bien, que es rendirse ante las exigencias de los terroristas? ¿Qué aquel sacrificio fue estúpido porque al final hemos terminado por hacer lo que cualquier secuestrador exija? ¿Qué valen más las vidas de dos cooperantes insensatos que la de un concejal del PP?
 
¿Y qué pueden decirles a las familias de los guardias civiles asesinados? ¿Qué ellos tienen más derecho a vivir porque se dedican a hacer solidaridad mientras que el riesgo de muerte en los guardias es inherente a su profesión? ¿Qué aunque los ocho millones de euros se hubieran gastado en reunir inteligencia en el área de las bases españolas en Afganistán, habría sido inútil y que lo más seguro es que el CNI jamás hubiera detectado la presencia de un talibán entre las personas con acceso franco a la base? ¿Qué en el caso de haber sido ellos los muertos y el CNI haber evitado con el dinero de su rescate el atentado en Qala-i-Naw, la opinión pública española habría castigado el fracaso en el Magreb e ignorado el éxito en Afganistán? ¿Qué valen más las vidas de dos ciudadanos solidarios que las de dos guardias civiles disciplinados?
 
¿Y qué les dirán esas mismas familias a las de quienes secuestren Omar Saharui y sus hombres en el futuro con el dinero que les proporcionó el rescate pagado para liberar a los españoles? ¿Les dirán que su gobierno tiene que hacer lo que el nuestro, pagar y humillarse, él y la nación a la que representan, ante los terroristas? Y, si fueran españoles, ¿qué dirán? ¿Qué hay que volver a pagar? ¿Hasta cuándo y cuánto más?