Conferencia de donantes. Dilapidando dinero con los palestinos

por GEES, 18 de diciembre de 2007

Hoy tenía lugar en París la conferencia internacional de donantes para los territorios palestinos. Albergados por un energético Nicolas Sarkozy (quien le ha robado el sueño de servir de anfitrión al Gobierno español y a nuestro ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, el sempiterno portavoz europeo de la Autoridad Palestina), nadie que no quiera ser alguien en el mundo ha dejado de asistir. Desde el Cuarteto a los árabes. El objetivo, comprometer 5.600 millones de dólares a pagar en el año que viene a fin de 'estabilizar la economía palestina', en palabras de David Martinón, el portavoz oficial del presidente francés.
 
Ante esto se presentan de inmediato dos problemas irresolubles. El primero, que no es lo mismo estabilizar la economía palestina que estabilizar a la Autoridad Nacional Palestina, que es lo que realmente se busca. Años de ineficiencia, subvenciones internacionales y corrupción interna han llevado a que la Autoridad ni sepa ni tenga interés en una economía sana y dinámica, capaz de generar cierta prosperidad por sí misma. Su preocupación más candente es ser capaz de pagar los salarios de sus miles de funcionarios y evitar la bancarrota técnica en la que se encuentra realmente.
 
Los occidentales se muestran ansiosos de salvar a Abbas, porque temen que la alternativa sería mucho peor. Pero regalarle más dinero acabará por mostrarse contraproducente. La cultura de no hacer nada seguirá imperando. Ni trabajo real, ni reformas de verdad.
 
El segundo problema es que ya no existen territorios palestinos homogéneos políticamente hablando. La Autoridad Nacional Palestina es más formal que real, en la medida en que la Franja de Gaza ha quedado bajo el control directo de Hamás. En esta conferencia de donantes, en torno al 45% de los proyectos de financiación irán a parar a Gaza, a pesar de estar gobernada por una organización terrorista que no acepta la existencia de Israel y que se opone a cualquier medida negociada para salir de la crisis.
 
Y hay más; tal y como se ha visto hoy en Paris, los países ricos árabes hablan mucho pero prometen poco. Piden que no se excluya a Gaza para no enemistarse con los radicales de Hamás, pero no apuestan ni uno solo de sus dólares por los palestinos. De hecho, si los árabes hubieran querido resolver el problema económico palestino, lo podrían haber hecho hace años, invirtiendo con condiciones en programas de desarrollo para la zona. Claro que eso no lo hacen ni siquiera para sus propios países salvo alguna que otra excepción, como Dubai.
 
Si de verdad la comunidad internacional quiere ver a Palestina desarrollarse, a quien hay que pedirle un esfuerzo especial es a Egipto. Frontera con Gaza, es el único país que puede abrirse al comercio en ambas direcciones y no sólo hacia Gaza, como ahora. Lo que necesitan los palestinos es que sus vecinos árabes les integren en sus mercados, no más subvenciones; está sobradamente demostrado que sólo producen mayor incompetencia, pobreza, corrupción y odio hacia quien las concede.