Cinco mitos sobre Obama e Irak
por
Juan F. Carmona y Choussat,
25 de Agosto de 2010
1. Obama se retira por fin de Irak, poniendo fin a la inútil guerra iniciada por Bush.
Después del 31 de agosto, quedarán 50.000 soldados desplegados hasta diciembre de 2011. La vuelta a casa de la mayoría de las tropas de combate responde a la capacidad de los iraquíes de defenderse por sí mismos del islamismo. Supone el cumplimiento de un acuerdo al que llegó Bush en 2008 con las autoridades democráticas iraquíes (El Acuerdo sobre el Estado de las Fuerzas, o SOFA según sus desafortunadas siglas en inglés). Obama cumple así un compromiso del Estado americano.
En cuanto al inicio de la guerra, se ha argumentado que Bush mintió. No existía, se dijo, la razón que se dio para la intervención: la acumulación de armas de destrucción masiva. Sin embargo, por entonces, los servicios de inteligencia de todas las naciones occidentales, y de algunas que no lo eran, como China, creían en su presencia. Igual convicción expresaban los políticos americanos, incluyendo a los Demócratas. Tanto el ex presidente Clinton, como el derrotado Al Gore, como la ex secretaria de Estado, Albright, identificaban a las armas de Sadam, y a este mismo, como una amenaza de la que deshacerse. Bush insistió en el tema por la voluntad de lograr un consenso multilateral que advirtiera al régimen de Sadam de “graves consecuencias”. Pero, al hacerlo, y al lograr su objetivo mediante la resolución 1441 del Consejo de seguridad de las Naciones unidas, permitió que quedaran oscuras las demás razones para la guerra. La fundamental era la reiterada por él de “limpiar los pantanos” en los que se cultivaba el terrorismo. Así, cuando el Congreso americano aprobó la intervención lo hizo de conformidad con 23 (veintitrés) justificaciones (incluyendo la promoción de un gobierno democrático para reemplazar la tiranía).
Hoy Irak es un país democrático regido por una Constitución respaldada por referéndum en 2005. Sus dificultades son políticas: no consigue formar gobierno por el reparto equitativo de escaños entre partidos rivales, a pesar de contar con un sistema de listas abiertas. El desafío a la seguridad sigue siendo abrumador. Los terroristas están convencidos de que una derrota en Irak es un fracaso del islamismo, y por tanto, por la relevancia histórica del califato – residente unos cinco siglos en Bagdad – y la importancia de la Tierra de los Dos Ríos en el futuro democrático de Oriente Medio, la consideran un cataclismo. Su resistencia no es pues sorprendente. No es improbable que esta situación, conocida por los mandos americanos, los políticos de ambas naciones, y los iraquíes, lleve a una renegociación del SOFA para el estacionamiento de bases en Mesopotamia, al estilo de las que defienden la frontera con Corea del Norte, o las que permanecen aún hoy en Japón y Alemania.
2. La política de Obama respecto a Oriente Medio difiere sustancialmente de la de Bush. Adopta una posición “realista”, más prudente, frente a la neoconservadora, o peligrosamente idealista, del primero.
El panorama académico de la política exterior americana respecto al uso de la fuerza incluye las siguientes familias: aislacionistas, internacionalistas progresistas, realistas, y neoconservadores.
Los primeros, herederos del famoso aviador Charles Lindbergh, que rechazaba la intervención en la II Guerra Mundial, se amparan en que los intereses de Estados Unidos no requieren, en la expresión de John Quincy Adams, acudir al exterior en busca de monstruos que destruir.
Los internacionalistas progresistas promueven la existencia de instituciones internacionales capaces de intervenir en función de normas preestablecidas. Un segundo grupo entre ellos, considera oportuna la intervención americana por razones humanitarias. Caso paradigmático – y hasta cierto punto contradictorio – es el bombardeo de la antigua Yugoslavia. América no tenía allí intereses – según el famoso enunciado del realista James Baker, secretario de Estado de Bush padre: “we don’t have a dog in that fight” - , pero la situación de limpieza étnica llevó al presidente Clinton a actuar incluso sin mandato de la ONU.
Los realistas hunden sus raíces en el aislacionismo, y presumen de su puesta al día. Los exportadores de esta real politik de origen germano a los Estados Unidos fueron Hans J. Morgenthau – el único del establishment progresista que se opuso a la popular guerra del Vietnam en sus nada controvertidos inicios - y, por supuesto, Henry A. Kissinger, asesor de seguridad nacional y secretario de Estado con los presidentes Nixon y Ford. Esta posición se funda en la necesaria estabilidad y equilibrio de poderes en el orden internacional. Esto lleva a tolerar alianzas con dictadores mientras se permita con ello favorecer los intereses americanos, identificados con el statu quo exterior. Un precedente de esta postura se encuentra en lo dicho por Roosevelt sobre el dictador nicaragüense Somoza: “un hijodep…, pero nuestro hijodep…”.
Por fin, el neoconservadurismo, que dio contenido a la Doctrina alumbrada por Bush. Se funda en cuatro pilares: Moralización de la política exterior en expreso repudio al realismo, castigando a los regímenes que son el caldo de cultivo del terrorismo (primero); Identificación de los terroristas con los estados que los apoyan o cobijan (segundo), y; Ataque preventivo antes de que se materialicen las amenazas (tercero). A esto añadió Bush aún un codicilo, relacionado con el llamado conflicto árabe- israelí. Suponía la aplicación de los primeros tres pilares a la situación en la zona. Así, al tiempo que fue el primer presidente americano en hablar públicamente de una solución de dos estados, exigió que el palestino que surgiera rechazase el terrorismo y fuera dirigido por personas que no tuvieran relación con él, en inequívoca referencia a Yasser Arafat entonces presidente de la Autoridad Nacional Palestina (cuarto pilar).
La política neoconservadora sería luego resumida en términos aún más sintéticos por Bush, en el discurso de su segunda inauguración, donde proclamó que los intereses de América y sus más profundas convicciones eran una y la misma cosa.
Obama no ha seguido plenamente ninguna de estas tendencias. Es cierto que – contrariamente al idealismo neoconservador que busca el cumplimiento de los planes con independencia de los plazos - el presidente actual ha rechazado el compromiso ilimitado en la construcción nacional e impuesto fechas tope al número máximo de tropas. También lo es que para evitar los daños políticos asociados a seguir a Bush por el mismo camino, y en contraposición clara con este, ha renunciado a la retórica: allí donde Bush afirmaba que había que drenar los pantanos de la podredumbre terrorista, Obama se ha limitado a desear “desmantelar y derrotar” a Al Qaeda, y a “negarle un lugar seguro desde donde operar”. Sin embargo, al no cambiar drásticamente los objetivos – neoconservadores - en Irak ni Afganistán, ha continuado de hecho la política de su antecesor.
3. Obama ha tenido una actitud coherente respecto a Irak.
En la comparecencia del general Petraeus sobre el “surge” en Irak, en el año 2007, Obama no le formuló preguntas, pero hizo una intervención muy crítica. Una vez en el cargo y con la responsabilidad de ganar las guerras de Irak – ya muy matizada por los mismos logros del incremento de soldados – y de Afganistán, mantuvo a Petraeus como jefe del “Central Command”, cuya área de responsabilidad es Oriente Medio. Asimismo, el último secretario de Defensa de Bush, Robert Gates, siguió en el cargo. Por fin, tras la destitución de McChrystal, Petraeus fue nombrado por Obama responsable máximo en Afganistán, para seguir la misma política que otrora criticara. Confirmaba así la continuidad, ya fuera parcial, de la Doctrina Bush, esencial para la eficacia de las estrategias americanas.
4. Obama ha desmontado las medidas de Bush para luchar contra el terrorismo, por considerarlas contrarias a los valores americanos.
El penal de Guantánamo, a pesar de las reiteradas promesas de cerrarlo, sigue abierto, aunque hoy suscite escasa atención en comparación con hace unos años. Lo mismo hay que decir de la cárcel de Bagram en Afganistán. No sólo continúan los asesinatos selectivos en Afganistán, Pakistán o Yemen, sino que Obama ha multiplicado esta práctica efectiva. De hecho, como medida antiterrorista privilegiada, es la solución elegida por los “realistas” – en el gobierno de Obama, el vicepresidente Biden – para sustituir a la contrainsurgencia que rechazan por su coste en “hombres y tesoro. Así, cuando se habla de retirada en Afganistán, lo que se quiere decir es que se incremente la inversión en aviones no tripulados y en los misiles que son capaces de dirigir con precisión a los enemigos. Por fin, sigue en vigor lo sustancial del Patriot Act que adoptara el Congreso en 2001, durante el mandato de Bush, y en concreto, la controvertida amplitud de las escuchas con orden judicial para detectar amenazas sobre el suelo americano.
5. Sólo las medidas anti-terroristas, y no el combate, han permitido ganar en Irak y comenzar el repliegue.
El conjunto de estas medidas, llevadas antes a cabo por el general McChrystal, responsable tanto de la detención de Sadam como de la liquidación de AlZarqawi, el anterior jefe de AlQaeda en Irak, se demostraron insuficientes. Por eso, para reorientar la estrategia en Irak, Petraeus desarrolló el concepto de contrainsurgencia, introduciéndolo en un manual para los marines. Así se propició el llamado “levantamiento de Anbar” por el cual las milicias suníes de aquella provincia se aliaron a las tropas americanas contra AlQaeda. Mucho se criticó la declaración de Petraeus de que la munición, en este tipo de guerras, es el dinero, y de la transferencia de poder, armas y fondos a grupos que tenían las manos manchadas con sangre americana. Cuando los medios publicaban titulares condenando la intervención, y resaltaban que los generales americanos constataban que la guerra no se ganaría sólo con combates, se referían a todo este conjunto de medidas contra-insurgentes. Entre ellas: la confraternización con la población, las reglas de combate estrictas, o la transferencia de efectivo. Ciertamente discutibles, pero, avaladas por sus resultados, han sido por ello exportadas a Afganistán.
El profesor Eliot Cohen, el 20 de noviembre de 2001, cuando la invasión de Irak aún no había entrado en el horizonte, escribió:
“La Guerra Fría fue la III Guerra Mundial, lo que nos recuerda que no todos los conflictos globales implican movimientos de ejércitos con millones de hombres, o líneas de frente convencionales sobre un mapa. La analogía con la Guerra Fría sugiere sin embargo algunas características fundamentales de este conflicto (la IV Guerra Mundial) que es, de hecho, global: que supondrá una mezcla de esfuerzos violentos y no violentos; que requerirá la movilización de talento, sabiduría, si no de vastos números de soldados; que puede durar largo tiempo, y que tiene raíces ideológicas”.
Estados Unidos ha perdido 4.414 militares profesionales en Irak y 1.225 en Afganistán. En comparación, murieron 53.686 soldados en Corea, 58.209 en Vietnam y 405.399 en la II Guerra Mundial. La Guerra Civil o de Secesión sigue siendo la guerra americana más sangrienta con unos 625.000 muertos.
Tergiversar la batalla de Irak, aislándola del conflicto al que pertenece, puede tener consecuencias imprevisibles, pero eso, a lo que se dedica denodadamente la coalición de la ignorancia con la maldad, todavía no lo ha hecho Obama, et pour cause. A lo mejor cree que la estrategia funciona y prefiere ganar la guerra, a perderla.
Juan F. Carmona y Choussat es Doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid.
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