Chau Mar
por
José Brechner,
26 de Julio de 2006
En una encuesta realizada en Chile, 72 por ciento de los entrevistados rechazaron entregar una salida al mar a Bolivia. El sondeo efectuado entre 1.200 personas de todo el país entre el 4 y 15 de mayo, con un margen de error del 2,34 por ciento mostró que se mantiene estable la amplia oposición a la demanda de un acceso soberano al Océano Pacífico que Bolivia perdió en una guerra con Chile en 1879. Hubo un ligero incremento del 10 por ciento a favor de las aspiraciones bolivianas y algunos parlamentarios chilenos mostraron simpatía por la causa.
El antagonismo difiere poco del pasado. La percepción de los chilenos sobre los gobiernos bolivianos no mejoró. En la ciudad chilena de Arica, cercana a Tacna en la frontera con Perú. Puerto de preferencia para la salida e ingreso de productos, desde y hacia Bolivia, además de estar entre los lugares con mayor cantidad de descendientes de bolivianos y residentes del país vecino, el rechazo es mayor. El 95,82 por ciento se opone a crear un corredor entre Perú y Chile para que Bolivia tenga acceso directo a la costa.
Ni Bachelet ni nadie, por más amistoso que aparente ser su circunstancial vínculo con el presidente Morales, puede hacer nada respecto al mar. La encuesta es un llamado de atención, para que Bolivia se dé cuenta de que su política internacional con Chile ha sido mal llevada. Si en los últimos cien años, en vez de los insultos, la búsqueda del enfrentamiento y las amenazas desafiantes, Bolivia hubiese buscado el acercamiento pacífico, la integración y el intercambio comercial, tal vez la actitud chilena sería diferente, pero primó la visceral altanería altoperuana y enfadó al vecino, que con paciencia ha tolerado los deslices de la cancillería boliviana.
Con Chile se puede dialogar, hacer convenios, negociar y todo lo demás que hace al mundo civilizado. El caso diametralmente opuesto es Bolivia. Chile no ha variado su política exterior a través de los años, estando quien esté en función de gobierno. Bolivia, al contrario, modifica las reglas del juego diplomático, con cada presidente que llega al poder. ¿Cómo puede establecerse confianza con interlocutores tan inconsecuentes?
El canciller chileno, Alejandro Foxley, ya aclaró, que el diálogo sobre una eventual salida al mar que Chile acordó iniciar con Bolivia no incluye una negociación para la cesión de soberanía ni la revisión de los tratados ya firmados. ''No estamos diciendo que vamos a negociar territorio de ningún tipo ni mover ningún milímetro la tesis de que el tratado de 1904, que establece los límites, es intangible e inmodificable'', indicó el dignatario.
Los presidentes bolivianos que tuvieron cierto grado de sensatez, no pudieron acercarse a Chile porque la emotiva población indígena no los dejaba. Ahora que los originarios están en el poder y pretenden arrimarse a Bachelet, no hay la mínima certidumbre de que puedan manejar la situación con cordura. De principio, exigen a Buenos Aires no venderle gas boliviano a Santiago. Con esa actitud incongruente, de agraviar por un lado y pedir cosas por otro, muy lejos no va a llegar Morales en sus aspiraciones territoriales, ni en sus relaciones internacionales.
La izquierda en La Moneda, no tiene mucho en común con la del Palacio Quemado. El armamentismo fomentado por Chávez, es un obstáculo para la apertura hacia Chile que no necesita amenazantes soldados bolivianos, apoyados por venezolanos y cubanos en una frontera más cercana a sus ciudades. Si hay quienes imaginaron, sentir escurrirse la cálida arena de las playas perdidas entre los dedos de sus pies descalzos, es mejor que se queden con los zapatos puestos. Por lo menos mientras Morales ostente el poder y Chávez y Castro digiten los hilos de la política boliviana.
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