Campus americanos en la inopia

por Mark Steyn, 10 de octubre de 2007

(Publicado en The New York Sun, 1 de octubre de 2007)

'Estoy orgullosa de mi universidad hoy', declaraba al New York Times Stina Reksten, una estudiante de doctorado de Columbia de 28 años de edad procedente de Noruega. 'No confundamos la muy complicada situación de los derechos humanos en Irán con el tema en juego aquí, que es la libertad de expresión. Esto va de libertad académica”.
 
¿No va de eso siempre? ¡Pero ya vale de Irán, hablemos de mí! La misma universidad que censuraba a gritos a un activista americano anti-inmigración ilegal, y la misma cultura universitaria que acababa de juzgar demasiado misógino para ser permitido en un campus de California al ex mandamás de Harvard Larry Summers, se felicita ahora a sí misma por su compromiso con 'la libertad académica'. Cierto, el renombrado profesor de psicología de Stanford Philip Zimbardo no está satisfecho. 'Pueden traer allí a cualquier fascista que quieran', decía el profesor Zimbardo, “pero este parece notorio'. Pero, bueno, no se preocupe: no estaba protestando por la presencia de Mahmoud Ahmadinejad en Columbia, sino contra la de Donald Rumsfeld en la Hoover Institution.
 
En algún momento a lo largo de esta semana pasada, se decidió que la comparación relevante para Ahmadinejad era Khrushchev. El líder soviético recorrió América en 1960, fue llevado a visitar una granja de pavos, realizó la visita de rigor a Frank Sinatra y compañía en el estudio cinematográfico de Can-Can, y declaró la película 'decadente'.
Pero aun así la república sobrevivió. En palabras de una de mis compañeras columnistas más distinguidas en el Wall Street Journal, Peggy Noonan, la visita de Khrushchev recordó al mundo que “somos la nación confiada'. Y, como observaban varios remitentes de correos electrónicos, advirtiendo de la temática de Noonan, allá por entonces, los bobos histéricos de la derecha no se rasgaron las vestiduras solamente porque un hombre dedicado a la destrucción de nuestro estilo de vida que estuviera en la ciudad de visita un par de días.
 
Independientemente de si esto era o no una nación más 'confiada' en 1960, ciertamente ahora es una nación más posmoderna. Desconozco si Stina Reksten, como noruega de 28 años, puede ser presentada como ejemplo de la juventud norteamericana, pero ciertamente parece haber dominado el asunto con destreza: hemos invitado al Presidente de Irán a hablar, pero no confundamos 'la muy complicada situación de los derechos humanos' -- o su programa nuclear, o su revisionismo del Holocausto, o su papel en el secuestro de los rehenes de la embajada, o el papel de su gobierno en la muerte de tropas americanas y civiles iraquíes -- con el asunto más importante de aplaudirnos a nosotros mismos por nuestra celebración de 'la libertad académica'.
 
Tanto de la vida contemporánea está relacionado con oportunidades de auto felicitación... La disidencia libre de riesgos es la situación por defecto de nuestra cultura, y es extremadamente atractiva. Si disentir significa rechazar que el matón de la Administración Bush te intimide para que lleves un pin de la bandera en la solapa, ¡entonces Katie Couric (hablando sobre este tema con valentía apenas la semana pasada) es la nueva Mandela!
Si Rumsfeld es un “fascista”, entonces cualquiera puede combatir el fascismo. Ya no tiene que ver más con que la policía secreta te eche la puerta abajo y te aporree hasta reducirte a pulpa. Bien, bueno, tiene que ver si eres un monje budista en Birmania. Pero están muy lejos, y todo es un poco complicado y ajeno, y 'no confundamos la muy compleja situación de los derechos humanos' en Quintocuernistán con la oportunidad de celebrar nuestro valor defendiendo 'la libertad académica' en América. Ahmadinejad tiene que haber pensado en algún momento que aparecía en una matinée de 'A chance to hear [insertar nombre de jefe de estado enemigo aquí]'. Podría haber sido Chávez, podría haber sido el mulá Omar, podría haber sido Herr Reichsfuhrer Hitler en persona, como se jactaba con orgullo en televisión el decano de Columbia, John Coatsworth.
 
Montones de primeros ministros y diplomáticos aceptaron invitaciones para reunirse con Hitler, y en general las reuniones salieron muy bien -- excepto por una ocasión en la que Lord Halifax, el Secretario de Exteriores británico, fue saludado por el coleguita del bigote, le tomó por el mayordomo, y le entregó su abrigo. Pero hasta ese faux pas es un testamento de lo normal que los criminales pueden aparentar ser en situaciones sociales. A las naciones civilizadas les gusta charlar, tomar el té, celebrar debates, hablar durante horas. A las tiranías les gusta aterrorizar a la gente, torturar a la gente, asesinar a la gente, hacer durante horas. Es más fácil que los hacedores se hagan pasar por conversadores que los conversadores hagan acopio de valor para hacer algo.
 
Igual que los presentes esta semana pasada. Lee Bollinger, el Presidente de Columbia, evidentemente estaba intimidado por la crítica que recibió por invitar a Ahmadinejad y así se sintió obligado a lo que, para la carne académica convencional de centro izquierda, se considera una feroz denuncia de su estrella invitada, divagando en profundidad acerca de la persecución de las minorías en Irán, el asesinato de los disidentes, el patrocinio del terrorismo, las ambiciones nucleares, las amenazas genocidas contra Israel, etc. Como telonero, Bollinger congeló bastante los ánimos. El líder iraní permaneció sentado durante la presentación con una sonrisa estática, y después dijo: 'No comenzaré siendo afectado por este antipático trato'. Ofreció muchas explicaciones iluminadoras: no hay, afirmó, homosexuales en Irán. Ninguno. ¿Dónde están? ¿En una visita de fin de semana a Kandahar para ver la nueva producción de [el musical] Mame? Lamentablemente, no hubo tiempo para ruegos y preguntas.
 
Y después Bollinger obtuvo delirios procedentes incluso de la derecha por 'decir la verdad al poder'. ¿Pero y qué? Es como Noel Coward dando una serie de devastadores reveses a Hitler. El Fuhrer está fuera de sí pero al final de la tarde vuelve a las matanzas y el querido Noel vuelve a cantar “The Stately Homes of England'. Ahmadinejad vuelve para hacer -- para perseguir, para asesinar, para aterrorizar, para nuclearizar -- y Bollinger suspende sus compromisos con la prensa y los aplaza indefinidamente.
 
El otro día Jay Nordlinger, de National Review, musitaba acerca de nuestra costumbre de aludir a 'las necesidades humanitarias' de alguna parte olvidada del mundo, y se preguntaba cuándo dejaremos de utilizar el término 'necesidades humanas', que son, después de todo, lo que es comida, agua y techo. Y sus lectores respondieron escribiendo lo obvio: que 'humanitario' no da prioridad a la distante víctima del Tercer Mundo, sino al generoso donante occidental -- el esfuerzo 'humanitario' de ayuda, las organizaciones 'humanitarias', las ONG, las organizaciones occidentales de caridad: trata de nosotros, no de ellos. El nuevo bestseller de Bill Clinton sobre la caridad se llama Giving - porque es mejor dar que recibir, y ciertamente eso es cierto si el donante está entreteniéndose con algún recaudador de fondos ineficaz tipo 'Salvar Darfur' para sentirse bien mientras el destinatario se encuentra en el extremo receptor de los machetes de las [milicias islámicas] Janjawid. El gobierno sudanés aprecia que, mientras se nos permite sentirnos bien con nosotros mismos y participar en la 'ayuda humanitaria', la matanza puede proseguir hasta que no quede ni uno que matar. De igual manera, Ahmadinejad sabe que, mientras se nos permita hacer lo que hacemos mejor -- hablar y hablar y hablar, ya sea en Columbia o en las negociaciones de la Unión Europea -- su régimen puede proseguir su programa nuclear sin ser molestado.
 
Estos hombres entienden el ensimismamiento de las democracias avanzadas. La diferencia entre Winston Churchill y Ward Churchill, otro célebre beneficiario de la 'libertad académica' que llamaba 'pequeños Eichmann” a los muertos del 11 de Septiembre, es que el diálogo de Sir Winston era un llamamiento a la acción, mientras que para los hipócritas como el profesor Churchill es el reemplazo de ella. La pluma no es más poderosa que la espada si tu enemigo confía en que no usarás nada que no sea tu pluma.
En ocasiones no tiene que ver con 'libertad de expresión' sino con libertad. Pregunte a un homosexual iraní, si puede encontrar alguno.


 

 
 
Mark Steyn es periodista canadiense, columnista y crítico literario natural de Toronto. Trabajó para la BBC presentando un programa desde Nueva York y haciendo diversos documentales. Comienza a escribir en 1992, cuando The Spectator le contrata como crítico de cine, Más tarde pasa a ser columnista de The Independent. Actualmente publica en The Daily Telegraph, The Chicago Sun-Times, The New York Sun, The Washington Times y el Orange County Register, además de The Western Standard, The Jerusalem Post o The Australian, entre otros.
 
 
© Mark Steyn 2007