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Cameron

Cameron

por Teresa Sánchez González , 19 de Octubre de 2011

 

(Del libro Cameron. Tras la senda de Churchill y Thatcher. Alfredo Crespo Alcázar. Siníndice, Colección Política y Actualidad, Logroño, 2011)
 
La aparición de David Cameron en la escena política británica coincide con uno de los momentos más complicados para el Partido Conservador. En esta tesis insiste Alfredo Crespo Alcázar a lo largo de las 164 páginas de que consta su obra, a través de las cuales, con un estilo directo y de fácil comprensión, nos hace una radiografía de lo que han sido las dos últimas décadas de la vida política británica.
 
Así, aunque el protagonista es el Partido Conservador y su líder, David Cameron, nos encontramos con referencias constantes al Labour Party de los años de Tony Blair y Gordon Brown. Con ello, consigue que el lector comprenda un hecho fundamental: el Partido Conservador, que había estado en el gobierno entre 1979-1997, vio como buena parte de su credo político era captado por el Laborismo, convirtiéndolo en una máquina casi perfecta de ganar elecciones. Frente a ello, los tories, víctimas de su propio éxito, durante el periodo 1997-2005 dieron la imagen de una formación incapaz de sintonizar con las demandas de sus compatriotas, al mismo tiempo que el recuerdo al pasado monopolizaba buena parte de su argumentario.
 
La necesidad de una renovación y, más concretamente, de una modernización del partido y de su ideario político, se imponían como máximas si los tories querían alcanzar el gobierno.

Es este proceso, desde las primarias dentro del partido en 2005, hasta el triunfo de Cameron en las elecciones generales de 2010, el eje central en el que se articula la obra. Dividida en siete capítulos, cuenta además con uno dedicado a conclusiones y una sección de anexos que completan el libro.
 
El prólogo de la obra, escrito por Jorge Moragas (diplomático y Coordinador de Presidencia y Relaciones Internacionales del Partido Popular en España), ofrece ya varias claves en las que profundizará Crespo Alcázar, destacando el cambio generacional junto con la renovación de los antiguos conceptos-base del Partido Conservador, sin olvidar el énfasis puesto en el de “Big Society”, que debemos vincular directamente con la importancia concedida por David Cameron al de “comunidad”.
 
En este sentido, el epílogo de Paul Gordon (Secretario General del Partido Conservador Británico en Madrid) insiste en el concepto de “Big Society”: “la importancia dada a la política social y a la familia, forman la base de toda la política de David Cameron. No hay ministerio del nuevo gobierno que no esté tratando de implementar, en lo posible, esta idea. Quieren desarrollar estas medidas de manera que abarquen todas las áreas de la sociedad británica de hoy en día y así fomentar su dinamismo y regeneración” (pág. 122).
 
En función de estos conceptos, David Cameron fue desarrollando a partir de 2005 su estrategia política que la obra analiza y explica. La narración toma como punto de partida el estancamiento en el que se encontraban los tories y su incapacidad de encontrar un líder que hiciera oposición real a Tony Blair (quien les había derrotado en tres ocasiones de forma consecutiva). Frente a la tendencia asentada en el Partido a recordar al pasado, Cameron implicó una “bocanada de aire freso”: “la verdad es que desde Margaret Thatcher los conservadores como partido han carecido de carácter, coherencia y contexto. Aunque a menudo sus políticas estaban bien trabajadas, no ha habido una visión real, ni sentido de la misión y solamente una limitada comprensión de cómo nuestro país ha cambiado. Por ello, necesitamos urgentemente un consenso sobre lo que un conservador es hoy en día” (pág. 21). Palabras de Michael Ancram en las que plantea la necesidad de autocrítica.  

Asimismo, desde el principio de la obra, Alfredo Crespo Alcázar revela algunos de los grandes aciertos de Cameron, especialmente la necesidad de “modernización”. Este concepto es fundamental para comprender su programa político. Su estrategia, como explica y desarrolla la obra, se basó en el binomio optimismo-realismo: David Cameron era consciente de la necesidad de situar a su partido en una nueva dimensión, pero sin caer en el error de romper drástica y radicalmente con el pasado ya que  “el mundo había cambiado y los conservadores, en consecuencia, debían renovarse”.

En esta misma dirección, se pronuncia Jorge Moragas, cuando dice que Cameron convirtió el “Modern Conservatism” en algo más que un slogan: “Cameron ha hecho suya esa senda hacia el éxito, que se anuncia el preludio de otros laureles” (pág. 9).

Sin duda, uno de los puntos en los que Crespo Alcázar más centra su atención es en el hecho de que Cameron se mostrara fiel y coherente a su programa político. Una de sus grandes apuestas fue la relacionada con la importancia de la conciencia social y la necesidad de transferir el poder del Estado a la sociedad, de lo que se deriva una defensa a ultranza de la comunidad y de la cohesión de ésta. En palabras de David Cameron: “en las pocas semanas desde que me convertí en líder del Partido Conservador, mis colegas del gobierno en la sombra y yo hemos comenzado a establecer una nueva visión. Nosotros hemos conseguido mostrar lo que significa un moderno y compasivo conservadurismo. Se ha basado en dos principios: confianza en la gente y responsabilidad compartida” (pág. 49).

Esta idea de transferencia del poder a la sociedad la enlaza el autor con el concepto de entender al Estado como servidor, nunca como amo y de la que Thatcher hizo leit motiv.
 
Ante los retos que se le presentaban a Cameron, tanto en el escenario doméstico como en el exterior, optó por una política pragmática, convirtiendo al Partido Conservador en un “partido práctico”, como bien explica el autor: “una formación que tiene en cuenta a la gente y a sus aspiraciones y no tanto a las teorías y a la forma de aplicarlas. Igualmente, volvían a apostar por el binomio continuidad-estabilidad” (pág.31).
 
Por su propia formación académica, Alfredo Crespo Alcázar dedica una parte importante de la obra a explicar al lector la concepción de las relaciones internacionales en David Cameron. Con acierto, divide los temas por capítulos: Unión Europea, Estados Unidos y escenarios como Irak o Afganistán heredados del pasado y aquellos otros que jugarán un rol protagonista en los venideros, como India.

Sobre la Unión Europea, frente al peso significativo que había tenido durante los liderazgos de Major, Hague, Duncan Smith o Howard, Alfredo Crespo ya introduce una novedad: “con David Cameron dejó de tener ese protagonismo prioritario, lo que no se tradujo en un cambio de actitud” (Pág. 71).

En este terreno, el autor profundiza, ofreciendo una explicación adecuadamente contextualizada. La actitud del Partido Conservador en lo que respecta a la Unión Europea ha sido siempre conflictiva y problemática. Un profundo sentimiento euroescéptico, acentuado tras la derrota ante Tony Blair en 1997, se apoderó del Partido Conservador, aunque como bien precisa Crespo Alcázar, “este euroescepticismo nunca llevó a los tories a plantearse una salida del Club europeo” (págs. 73-74).
 
Para Alfredo Crespo, Cameron concibe la UE desde el mismo pragmatismo que el resto de su política. Es por ello que, como anunció antes de ganar las elecciones, uno de las primeras medidas que dio como líder del Partido fue su retirarlo del Partido Popular Europeo (pág. 84). A partir de ahí, la presencia de la UE en el discurso del partido, dejó de tener la presencia de antaño.

Continuando con la política exterior de Cameron, uno de los temas más interesantes, y que el libro analiza de una manera minuciosa a la vez que clarificadora recurriendo para ello a múltiples documentos y declaraciones, es la relación entre Reino Unido y EEUU. Crespo Alcázar la resume así: “con David Cameron al frente del gobierno británico, EEUU mantiene su importancia como aliado fundamental de Londres; no podía ser de otra manera, pues razones históricas y racionales así lo demandan. Sin embargo, no se produce el grado de cercanía y sintonía, casi de simbiosis, que hubo entre Blair y Bush o entre Margaret Thatcher y Ronald Reagan” (Pág. 96).

En este sentido, el libro hace un recorrido por la special relationship desde la época dorada del mandato de Blair, el posterior enfriamiento en el época de Gordon Brown, acentuando el hecho de que, antes de la llegada de David Cameron a la jefatura tory “por sorprendente que parezca, los republicanos vieron en los laboristas a sus grandes aliados y no en los conservadores” (Pág. 101).

Cameron apela a la special relationship, insiste el autor, por razones históricas, culturales y emocionales. Algo parecido hace con la OTAN, a la que concibe como la piedra angular para la defensa, rechazando las iniciativas que en este terreno procedan de la Unión Europea.
 
Finalmente, la obra analiza otros escenarios de la política internacional en la que Reino Unido también está presente: Irán y su programa nuclear; Afganistán; o la India, país clave para Cameron, no sólo por razones históricas, sino comerciales y geoestratégicas también.
 
En definitiva, el título del libro Cameron. Tras la senda de Churchill y Thatcher no sólo hace referencia a parte de la doctrina recuperada por Cameron de la “Dama de Hierro” sino también a que el joven Primer Ministro se encontrará con un contexto económico y social tan complejo como el que recibió a Margaret Thatcher en 1979 (pág. 117).


 

 



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