Cambio de dictadores

por Manuel Coma, 20 de diciembre de 2011

(Publicado en La Razón, 20 de diciembre de 2011)
 
Lo malo del régimen norcoreano es su absoluta opacidad. Lo bueno es que en su tremenda rigidez resulta previsible. Siempre engaña en los acuerdos internacionales, pero con los mismos trucos. Así que, ¿qué es lo que va a pasar? Lo más probable es que lo mismo que ha pasado hasta ahora. Pero no es eso lo que indican las reacciones internacionales.

La Casa Blanca ha dicho que «sigue muy de cerca los informes de que Kim Jong Il ha muerto». ¡Todo un acto de confianza en la verdad coreana! Y no es para menos, porque han tardado 48 horas en dar la noticia. El siguiente punto a observar es cuánto se tarda en institucionalizar la sucesión de Kim Jong Un. Todo retraso hay que interpretarlo como indicio de problemas internos. En todo caso Washington y Seúl tienen toda una gama de respuestas a posibles acontecimientos y hacen toda clase de esfuerzos diplomáticos para buscar la colaboración de China, país clave que tiene a su miserable vecino como a un conejo sujetado por la orejas. Si le niega energía, alimentos y respaldo diplomático, se precipitaría en el abismo. Corea del Sur, cuya enorme capital está a tiro de la artillería del Norte, ha puesto en alerta a sus fuerzas. La muerte del líder ha desencadenado ansiedad en el mundo entero.

El heredero es joven e inexperto. Su padre tuvo 14 años para prepararse cuando su abuelo Il Sung, fundador del socialismo en una sola familia, murió en 1994. Él ha tenido menos de dos años y tiene que imponerse sobre generales que le doblan en edad. Los militares son el régimen y se llevan el 25% del magro PIB. Su único objetivo es la supervivencia. La continuidad es probable, pero el fracaso es posible y las consecuencias estremecedoras.