Calentamiento global; ¿dudar del día del juicio?

por Jeff Jacoby, 8 de mayo de 2007

(Publicado en The Boston Globe, 15 de abril de 2007)

Lo último que necesitamos es estar despreciando a la autoridad de todo científico que asume una postura firme en un sentido u otro. Tentador como pueda ser pensar lo contrario, no todos los verdaderos creyentes son mercenarios -- y no todos los herejes son títeres.
 
'¿Por qué tan pesimista?' pregunta el titular sobre el artículo de colaboración de Richard Lindzen acerca del calentamiento global en el número 16 de abril de Newsweek. La portada de la revista presenta una advertencia terrible -- 'Salve al planeta -- o de lo contrario' -- pero Lindzen, un científico del clima de talla mundial que ocupa una cátedra de meteorología en el MIT, no se lo traga.
 
Sí, escribe, el planeta se ha calentado un poco, y los gases de efecto invernadero generados por el nombre pueden ser en parte responsables, pero eso no es en absoluto motivo de pánico. El alarmismo por el calentamiento global puede estar en boga, pero el cambio climático es normal -- 'la tierra siempre se está calentando o enfriando en unas cuantas décimas de grado cada año'. La presente instigación al miedo, dice Lindzen, 'descansa en la falsa premisa no solamente de que vivimos en un mundo perfecto, de temperatura equilibrada, sino también de que nuestros pronósticos del calentamiento para el año 2040 son más fiables de alguna manera que los pronósticos del tiempo para la semana que viene'.
 
Aunque nunca lo habría sabido de la película de Al Gore o la última circular de prensa del Consejo para la Defensa de los Recursos Nacionales, la mayor parte de los pronósticos del calentamiento global a largo plazo dependen de modelos computacionales que Lindzen describe como 'inherentemente indignos de confianza'. Aún hay muchas cosas de la dinámica del clima que la ciencia no sabe explicar. Un rompecabezas, por ejemplo, es porqué las temperaturas escalaron durante 2 décadas antes de 1940, pero cayeron en picado durante las décadas de la expansión económica de posguerra, cuando las emisiones de dióxido de carbono eran mucho mayores.
 
Pero para los Verdaderos Fieles el calentamiento global, el ensayo de Lindzen es solamente una herejía tras otra. Sugiere que 'un clima más cálido podría demostrar ser más beneficioso que el que tenemos ahora'. Que las catástrofes extremas por el clima podrían ser realmente menos probables en un mundo en calentamiento. Los niveles del mar llevan siglos subiendo gradualmente. Que los niveles más elevados de CO2 podrían ser un favor para la agricultura. Y que un planeta más cálido es preferible a un frío. ('Se concluye en general que la exposición al frío', escribe, “es tanto más peligrosa como menos confortable').
 
Lindzen no es el único experto en el clima en expresar escepticismo con motivo de la predicción de calamidades de calentamiento global a cada momento -- ni por asomo. Pero la narrativa alarmista se ha hecho tan permeable que cualquiera que disienta de ella puede esperar ser difamado como un títere de los que contaminan o comparado con un revisionista del Holocausto. De modo que tal vez Newsweek solamente estuviera intentando hacer un favor a Lindzen cuando publicó esta línea al pie de su artículo: 'Lindzen es profesor Alfred P. Sloan de meteorología en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Su investigación siempre se ha financiado en exclusiva a través del gobierno americano. No recibe financiación de ninguna empresa energética'.
 
La implicación es tan sutil como insignificante. Aparentemente, las credenciales científicas y profesionales de Lindzen no son suficientes para prestar autoridad a sus opiniones; debe garantizarse explícitamente a los lectores que 'las compañías energéticas' no le han sobornado.
 
Bien, si eso es lo que se necesita para mejorar el debate del cambio climático, vale. Pero si los científicos que asumen el enfoque no-histérico sobre el calentamiento global van a ser escrutados en busca de motivos ocultos, ¿no deberíamos ser exactamente igual de recelosos con los alarmistas? No faltan incentivos y estímulos, después de todo, para aquellos que pintan el calentamiento global como un riesgo creciente y letal.
 
Para empezar, sumas de dinero sobrecogedoras están siendo canalizadas a los investigadores que destacan el papel humano en el calentamiento global. Contra mayor es la sensación de crisis antropogénica, mayor es el flujo de subvenciones a la investigación para tratarla. Y el gobierno no es el único que prodiga los dólares. El año pasado, el fundador de Virgin Atlantic Airways, Richard Branson, prometió 3.000 millones de dólares para combatir el calentamiento global; más recientemente ofreció otros 25 millones de dólares a la primera persona que conciba un modo de retirar anualmente 1000 millones de toneladas de CO2 de la atmósfera. En el 2002 Exxon anunció una beca de 100 millones de dólares para establecer el Proyecto Energético y Climático Global en la Universidad de Stanford con el fin de investigar 'el riesgo potencial a largo plazo del cambio climático'. La semana pasada se establecía otro fondo de dinero más para tratar el calentamiento global. ¿Se están viendo los expertos que hacen sonar las alarmas por el calentamiento global excesivamente influenciados por tal financiación?
 
¿Qué hay de los premios prestigiosos y lucrativos que han recibido los alarmistas del calentamiento global? James Hansen, de la NASA, una prominente Cassandra del calentamiento global, ganó un Premio Heinz de 250.000 dólares en el 2001. El año pasado fue uno de los ganadores del Dan David Prize y su dotación de un millón de dólares. Otros premios y otras dotaciones han ido con frecuencia a otros profetas del desastre. Y las recompensas potenciales no se detienen ahí. Para aquellos que recitan el discurso políticamente correcto sobre el calentamiento global han habido grandes contratos literarios, generosos pagos por conferencias, elogiosos perfiles en la prensa, amables entrevistas televisivas -- hasta un premio de la Academia. ¿No debería cuestionar eso automáticamente su objetividad o su sinceridad?
 
Nuestro debate sobre el calentamiento global ya es bastante beligerante tal y como está. Lo último que necesitamos es estar despreciando a la autoridad de todo científico que asume una postura firme en un sentido u otro. Tentador como pueda ser pensar lo contrario, no todos los verdaderos creyentes son mercenarios -- y no todos los herejes son títeres