Bloqueo si o bloqueo no
por
Manuel Coma,
09 de Junio de 2010
(Publicado en La Razón, 8 de junio de 2010)
No todos los muertos son iguales. De los 46 de la patrullera coreana lo que importa es que no agraven las tensiones. Los de cada día en Darfur o el Congo, ni eso. Los nueve del Mavi Marmara (Mármara Azul) parece que pueden haberle dado la vuelta al mundo como un calcetín, o al menos al Oriente Medio. Ha sido un alarde planetario de soluciones. Con tantas, parece casi imposible que el conflicto lleve existiendo desde hace dos generaciones. Todos saben lo que debería haberse hecho y lo que se debe hacer. Nos han revelado que en la guerra las armas ya no importan, sólo la propaganda y en eso Israel va perdiendo, por su congénita belicosidad o por sobrevenida ceguera o estupidez, según autores.
Lo que pocos tienen en cuenta es que muchos endiablados problemas en este mundo, y lo que duran más de 60 años lo son, sólo dan a elegir entre lo muy malo y lo pésimo. El bloqueo, como otros aspectos del problema, se ve plenamente afectado por esa condición. Si no fuera por esa poderosa capacidad de tergiversar que tiene la propaganda, su legalidad sería lo de menos. En situación de guerra cualquiera de las partes tienen derecho, sin la bendición de nadie, a imponerlo sobre la otra, y por tanto, a hacerlo cumplir. Por supuesto, es imposible evitar que afecte a la población civil, por más que se dé el caso verdaderamente excepcional de que los que imponen el bloqueo se desvivan porque a los habitantes del territorio les llegue toda clase de ayuda humanitaria de la que no pueda hacerse un uso militar, mientras a quienes ejercen el poder se les da una higa los sufrimientos de sus conciudadanos, siempre que sean explotables en servicio de la causa. En honor a la abnegación los sufrientes, hay que señalar también que probablemente una mayoría -pero nunca se ha podido comprobar en condiciones fiables- están dispuestos al sacrificio a cambio de los réditos propagandísticos, y libremente eligen a quienes promueven esa política.
Puede que el bloqueo haya sido siempre un error o puede que haya llegado al límite de su utilidad y sea el momento de abandonarlo, siempre y cuando las soluciones alternativas no sean peores, puesto que quienes las proponen no ven más que las ventajas y ninguno de los inconvenientes. Entre las múltiples propuestas brilla por su ausencia aquella que sí tendría todo lo bueno y nada de lo malo: que Hamas, el partido islamista, nacionalista y terrorista que gobierna Gaza tras eliminar físicamente a El Fatah, el mayoritario en la Autoridad Palestina que gobierna en la orilla oeste del Jordán, reconozca a Israel, abandone las armas y se disponga a tener relaciones normales con sus vecinos Israel y Egipto y abandone las privilegiadas que mantiene con Hezbolá libanés, Siria e Irán. Es buena, pero parece imposible. A otras muchas no tan buenas les sucede lo mismo.
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