Bárbaros a las puertas

por Rafael L. Bardají, 15 de julio de 2010

 

(Publicado en Expansión, 15 de julio de 2010)
 
La celebración de nuestra victoria nacional en el Mundial de fútbol ha oscurecido un acontecimiento altamente preocupante: el grupo terrorista somalí, Al Sahab, ‘los jóvenes’, hacía estallar tres bombas en la capital de Uganda, Kampala, acabando con la vida de casi 80 personas e hiriendo a centenares, entre ellos una docena de norteamericanos.
 
Es la primera vez que este grupo, afiliado a Al Qaeda, es capaz de actuar más allá de su país natal, Somalia. Tanto la elección de Uganda como objetivo así como sus dianas, entre ellas un bar etíope, no responde a ninguna casualidad: Etiopía puso punto y final al régimen con el que Al Sahab estaba aliado en 2006, y Uganda puede muy bien que sea el mejor aliado de Occidente (América) en esa zona, además de liderar la misión de paz en Somalia.
 
África siempre ha sido un elemento vital para el terrorismo jihadista de Osama Bin Laden. Aunque sus fondos provinieran de países del Golfo, sin la connivencia del gobierno sudanés entre 1994 y 1996 es posible que nunca hubiera podido llevar adelante sus planes.
 
Antes, los mujaidines que creían haber vencido a la Unión Soviética en Afganistán se entregaron con fervor a su expansión de la jihad en Argelia, con la excusa del golpe de 1991, que impidió que los islamistas del Frente Islámico de Salvación llegaran al poder y convirtieran a Argelia en la segunda república islámica, tras Irán.
 
Los occidentales nunca entendieron lo que estaba en juego en Argelia, creyendo en una guerra civil que nunca existió por no creer en la guerra santa que unos pocos estaban librando contra los infieles.
 
Puede que Uganda nos quede muy lejos, o nos parezca irrelevante tras el Mundial, pero no es así. Por un lado, pone de relieve que ese continente, del que estamos separados tan sólo por 14 kilómetros de agua, es un terreno muy peligroso desde el punto de vista del terrorismo islámico.
 
Al Sahab ha servido de imán, como los talibán en los 80, y ha reclutado y entrenado a muchos jóvenes para la jihad. Sólo en Estados Unidos y en el último año, fueron detenidos diez musulmanes americanos por vinculaciones terroristas con el grupo. Dos de ellos en el mismo avión en el que pensaban viajar a Egipto y de ahí a Somalia.
 
Al Qaeda ha decidido que su actividad puede ser muy productiva en África, de norte a sur. Nuestros secuestrados en Mauritania son una prueba viviente. La constitución hace dos años de Al Qaeda del Magreb Islámico es un aviso de que la jihad se acerca peligrosamente a nuestras puertas.
 
Desgraciadamente, África se sigue viendo como un territorio donde lo casi único importante es la ayuda humanitaria que prestan las ONGs. Los norteamericanos crearon AFRICOM, un mando militar que apenas han desarrollado. Y sin embargo, la cooperación contraterrorista es más vital que nunca en ese continente. Lástima que sólo los islamistas crean en la guerra. Contra nosotros, eso sí.