Así salvan al mundo Gore y su consumo energético masivo

por Mark Steyn, 16 de marzo de 2007

(Publicado en Chicago Sun Time, 4 de marzo de 2007)

Páreme si ha escuchado esto antes, pero el otro día, el Reverendo Al Gore decía que 'el cambio climático' es 'el tema moral, ético, espíritu y político más importante que la humanidad haya afrontado nunca'. Nunca. Estoy seguro de que el mismo día se daba a conocer que el rancho de George W. Bush en Texas es más respetuoso con el medio ambiente que la mansión de Gore en Tennessee. Según el Servicio Eléctrico de Nashville, la residencia del Eco-Mesías consume de media más electricidad que el hogar americano medio. La casa media consume 10.656 kw hora. En el 2006, los Gore engulleron casi 221.000 kw hora.
 
¿Doscientos veintiún mil kw hora? ¿Qué es lo que está haciendo allí? ¿Enchufar a Tipper a los electrodos y electrocutarla por el estudio de grabación todas las noches? No, no, no se preocupe. El consumo energético masivo de Al se debe por completo a su preocupación por el modo en que nosotros estamos reduciendo los recursos de la Tierra. Cuando digo 'nosotros', por supuesto no me estoy refiriendo a Al. Me estoy refiriendo a usted -- sí, usted, Earl Donnadie, en el sótano de su apartamento en el 29 de la calle Panoli. Usted está consumiendo irresponsablemente los recursos de la Tierra utilizando esa lavadora eléctrica cuando podría ir al río con las mujeres nativas que batean su colada para secarla sobre las rocas al tiempo que entonan canciones tradicionales de labor campestre toda la mañana. Pero allá en la mansión Gore -- la mina de oro privada del Servicio Eléctrico de Nashville, la brillante Catedral de San Al, el mismísimo Palacio de Versalles de Tennessee -- el Reverendo Al está siendo mucho más medioambientalmente responsable. Como su portavoz intentaba argumentar, el elevado consumo energético por su parte se deriva de sus valientes llamamientos al bajo consumo energético. Está consumiendo toda esa electricidad enviando faxes cada par de minutos animándonos a utilizar menos electricidad.
 
También compra -- y si usted es un Ecoapocalíptico practicante póstrese ante el cubo de basura y haga la señal del HDPE -- Al compra 'emisiones de carbono' o 'créditos de emisiones'. O, en palabras de su portavoz Kalee Kreider (y, a la sazón, hablar a través de un portavoz es otro modo en que Al reduce dramáticamente sus propias emisiones), los Gore 'también hacen lo de las emisiones de carbono'.
 
¿Hacen lo de las emisiones de carbono? ¿Qué es eso -- un estilo de baile de los años 60? No, es mucho más interesante. Quiero decir, refrigerante. Todas las estrellas del cine lo hacen. De hecho, en la bolsa de bienvenida a los Óscars de este año, todos los candidatos recibieron incluidos créditos de emisión por valor de un año. Totalmente gratis. De modo que hasta los dispositivos de las estrellas están dispuestos. No hay duda de que, cuando abandonan la escena, todos montan la escena. Mire a Leonardo DiCaprio: está cargado de ellos, y las tías buenas piensan que es completamente eco-guay. Alto y bronceado y joven y adorable, el chico con las emisiones de carbono sigue avanzando y cuando avanza cada una junto a la que pasa dice ¡aaaiiieeeeeeeee!
 
¿Cómo funcionan 'las emisiones de carbono'? Bien, digamos que usted es un exvicepresidente y quiere reducir su 'cuota de carbono', pero los gloriosos colegas animadoras de Gore están utilizando el secador todas las noches. De modo que usted acude a una firma de carbono-créditos y abona algo de dinero, y ellos encontrarán la manera de hacer que alguien al otro lado del planeta reduzca sus emisiones y el resultado neto sea 'carbono neutral'. Es como los fastos de Enrique VIII. Puede que estuviera haciendo justicia a un gran asado y acumulando calorías, pero daba una moneda de plata a un campesino hambriento de modo que pudiera seguir hambriento otro día más y el resultado neto fuera calórico-neutral.
 
De modo que en el caso del Reverendo Al, no importa que la residencia brille como Times Square el día de la victoria en la Segunda Guerra Mundial. Porque él ha pagado por sus extravagantes emisiones. Tiene un agente de emisiones de carbono en una oficina de créditos de emisiones respetuosa con el medio ambiente, que compra 'emisiones de carbono' para Al a, digamos, un cerebro terrorista en una caverna del territorio tribal paquistaní que ha reducido dramáticamente el uso energético por su parte, principalmente porque vez que enciende su ordenador o teléfono móvil, una luz se enciende en Washington y un vehículo no tripulado se dirige hacia su posición. De modo que, al margen de una suscripción básica al cable para darse ánimos viendo a senadores americanos hablar de 'estrategias de salida' en la CNN 24 horas, 7 días a la semana, el cerebro terrorista no consume un montón de recursos. Lo que significa que Tipper puede ver a Al leer un discurso en una enorme pantalla de plasma, donde Al parece tan crecido como en la vida cotidiana, y no tiene que sentirse culpable porque todo suma... ¡carbono-neutral!
 
Y en la práctica, el caso del Reverendo Al es aún mejor que eso. Al compra sus créditos de emisiones a Generation Investment Management LLP, que es 'una sociedad independiente, privada y limitada establecida en el 2004 y con oficinas en Londres y Washington D.C.', que, a cambio de una tarifa, invertirá su dinero en 'compañías de alta calidad a precios atractivos que rendirán dividendos superiores a largo plazo'. Generation es una empresa exenta de impuestos U.S. 501(c)3. ¿Y quién es el presidente y líder espiritual? Al Gore.
 
De modo que Al puede comprarse sus emisiones de carbono a sí mismo. Mejor aún, puede comprárselas con el dinero que saca de su longeva relación con Occidental Petroleum. ¿Ve lo fácil que es ser carbono-neutral? Todo lo que tiene que hacer es poseer un porrón de acciones de petroleras, abrir una firma de eco-inversiones, y realizar inversiones respetuosas con el medio ambiente, utilizar una pequeña fracción de sus beneficios de las petroleras para comprar emisiones de carbono deducibles de impuestos a su propia firma de inversiones, y también usted podrá salvar el planeta mientras gana dinero, y deja una aportación de carbono del tamaño de Godzilla al comienzo de la película, cuando todo el mundo está alrededor del dedo preguntándose qué es ésa extraña depresión en el terreno.
 
Un par de días antes de los Óscars, el Reverendo Al hizo una aparición a lo grande en la Universidad de Toronto. 'Desde mi punto de vista, es una forma de religión', decía Bruce Crofts, del Grupo de Acción Climática de Toronto, que comparaba al exvicepresidente con Jesucristo, siendo ambos hombres (en palabras del Globe And Mail) 'grandes líderes que dieron un paso al frente cuando les obligaron las circunstancias'. Al contrario que Jesucristo, el Eco-Mesías no puede andar sobre el agua aún, pero al fin y al cabo, tampoco los osos polares. No obstante, solamente Al puede supervisar la fusión de los casquetes polares y convertir el agua en vino. Una mujer incapaz de comprar una entrada suplicaba nerviosamente a la universidad una audiencia con Su Goricidad. Como informaba el National Post, 'Su hija no había podido dormir desde que vio 'Una verdad inconveniente’. Afirmaba que ver a Gore en persona podría hacer sentir mejor a su hija'. Bueno, a Leonardo DiCaprio le funcionó.
 
¿Están comprando las eco-celebridades créditos de ridículo a celebridades curtidas agotadas como Paris, Britney o Anna Nicole? Ah, bueno. El Eco-Mesías menciona las viejas comparaciones Nazis: lo que afrontamos es 'un Holocausto ecológico' y 'la prueba de una Kristallnacht ecológica está tan clara como el sonido del cristal rompiéndose en Berlín'. Esos 221.000 kilovatios por hora sugieren que, si esto es el Holocausto ecológico, la mansión Gore es Auschwitz. Pero, como sin duda argumentaría su portavoz, cuando haces frente a Holocaustos ecológicos y Kristallnacht ecológicas, en ocasiones el único modo de ponerles fin es mediante una Hiroshima ecológica. La factura eléctrica de los Gore es la bomba eco-atómica. Tienes que iluminar el mundo para salvarlo.


 

 
 
Mark Steyn es periodista canadiense, columnista y crítico literario natural de Toronto. Trabajó para la BBC presentando un programa desde Nueva York y haciendo diversos documentales. Comienza a escribir en 1992, cuando The Spectator le contrata como crítico de cine, Más tarde pasa a ser columnista de The Independent. Actualmente publica en The Daily Telegraph, The Chicago Sun-Times, The New York Sun, The Washington Times y el Orange County Register, además de The Western Standard, The Jerusalem Post o The Australian, entre otros.
 
 
© Mark Steyn 2007