Al Qaeda sin Osama

por Rafael L. Bardají, 3 de mayo de 2011

 

(Publicado en La Gaceta, 3 de mayo de 2011)
 
Es de suponer que las camisetas con la cara de Osama bin Laden se multiplicarán en estos días en muchos sitios del mundo musulmán. Pero su carácter de mártir no disminuye en nada la importancia de su muerte. George W. Bush le prometió al pueblo estadounidense que llevaría la Justicia a donde estuvieran los terroristas y, finalmente, 10 años después del 11-S, otro presidente americano ha podido cumplir aquella promesa.

Los expertos antiterroristas venían diciendo que como consecuencia de la presión de la inteligencia y los militares americanos, Osama bin Laden no ejercía el mando operativo de Al Qaeda desde hace tiempo. Con todo, mantenía una intensa comunicación con sus fieles y seguía sirviendo de ejemplo e inspiración. Su desaparición significa un duro revés para su organización.
 
Es lógico pensar que ese magma en el que se había convertido la mayor parte de Al Qaeda, red difusa de grupos varios, intente vengar la muerte de su líder espiritual. Y, por tanto, el riesgo a corto plazo de nuevos ataques terroristas no es para nada descartable. Pero Osama bin Laden era mucho más que un líder operativo. Era un visionario comprometido con llevar adelante su causa de las maneras más firmes, imaginativas y consistentes imaginables. Esa energía personal para imponer su visión de lo que debía ser el mundo musulmán y su dominación sobre los infieles, era suyo y con él se ha evaporado. Muerto el perro no se acabará la rabia, pero la pérdida de un líder que había encarnado tan personalizadamente la guerra contra Occidente, no será fácil de cubrir. Con el tiempo, los cabecillas regionales vinculados a un grupo u otro de Al Qaeda volverán a centrarse en sus terruños. Su capacidad de golpear globalmente o con una estrategia global será cada vez menor.

Así y todo, si Al Qaeda central consigue reconstituirse, podría intentar llevar adelante un espectacular atentado. La mala nueva para ellos es que la acción contraterrorista occidental se ha vuelto en estos 10 años mucho mejor para frustrar sus planes.
 
Es una terrible paradoja que un presidente como Obama, que ha rechazado la idea de la “guerra contra el terror”, sea quien, precisamente, haga lo que tiene que hacer para decapitar a los terroristas más peligrosos. Es el momento de regocijarse por la desaparición de Osama bin Laden, pero también de no bajar la guardia con las celebraciones. Pero al menos, podemos dormir con la satisfacción de saber que ninguno es invencible.