Acerca de Iraq, es importante hacer las preguntas bien

por David Horowitz, 19 de octubre de 2004

Uno de los eslóganes preferidos del tumulto pacifista es, “la guerra no es la respuesta”. Y aún así, todos, excepto los pacifistas radicales, estarían de acuerdo en que si la guerra de hecho es la respuesta o no, depende de la pregunta. En algunos contextos, la guerra es la respuesta.
 
Lo mismo puede decirse de las dos preguntas que dominan la actual campaña presidencial. ¿Estamos más seguros hoy de lo que lo estábamos el 11 de Septiembre?. ¿Fue la guerra contra Iraq un error? Los partidarios del Presidente Bush contestarán sí a la primera pregunta y no a la segunda; los partidarios del Senador Kerry optarán por la opinión opuesta.
 
Como partidario de la guerra y del presidente, he notado una omisión común en los argumentos de los niegalotodo: su desliz a la hora de mirar el lado de la ecuación que controlan nuestros enemigos.
 
Al defender la premisa del Senador Kerry de que esta guerra fue “errónea, en el lugar incorrecto, en el momento equivocado”, William Saletan dice en un reciente Slate.com: “¿Cómo le pides a un hombre que sea el último hombre en morir por un error?. Eso es a lo que se reduce todo - este debate, esta guerra, estas elecciones”. 
 
Como muestra Saletan, es fácil argumentar que lo fue - si uno habla simplemente del coste de la guerra y su actual estado. La guerra no se ha ganado. Mil norteamericanos y muchos más iraquíes han muerto. Iraq es un follón. La etiqueta del precio de este desastre marca 200 billones de dólares. ¿Cómo no podría tratarse de un error?.
 
Este balance, sin embargo, omite dos costes cruciales: el precio de no haber librado la guerra, y los beneficios que podrían lograrse continuando la guerra hasta que se ganara.
 
Si no hubiéramos invadido Iraq, Saddam Hussein aún estaría en el poder; Abu Musab al-Zarqawi estaría a cargo de un ejército de al-Qaeda al norte de Iraq; la resolución número 17 de la ONU ordenando a Saddam cumplirla o atenerse a las consecuencias habría sido desafiada con éxito, la mayor fábrica de armas químicas del Tercer Mundo, en Libia, estaría aún funcionando a pleno rendimiento junto con una planta de armamento nuclear avanzado (ambas hoy cerradas). ¿Y qué estarían haciendo las fuerzas del terror - los Zarqawis y los Zawahiris - en vísperas de otro apaciguamiento carente de significado por parte de la comunidad mundial?. Esa es, por supuesto, la cuestión que Saletan y Kerry - y los que están de acuerdo con ellos - no pueden contestar.
 
Para ser justos, han pinchado en hueso. En el primer debate presidencial, Kerry dijo que la guerra de Iraq fue “una desviación” de la guerra contra el terror (aunque no explicó cómo podría cazarse a Zarqawi, que tiene su base en Iraq, mediante una guerra en Afganistán). En cuanto a Iraq, “habríamos obtenido sanciones. Habríamos tenido inspectores de la ONU. Saddam Hussein se habría visto debilitado continuamente”. Pero la única razón por la que hubo inspectores de la ONU en Iraq fue porque la administración Bush colocó a 200.000 tropas a lo largo de la frontera iraquí, dispuestas a ajustar las cuentas y a forzar a Saddam a dejarles entrar. ¿Alguien se imagina en serio que podríamos haber mantenido a 200.000 soldados norteamericanos en el desierto indefinidamente mientras Saddam Hussein jugaba al mismo juego del gato y el ratón con los inspectores al que llevaba jugando desde 1991?. ¿O que podría haber sido debilitado por nuestro fracaso en actuar en un plazo límite que el Consejo de Seguridad hubiera aprobado unánimemente?. ¿Puede alguien creerse en serio que las sanciones eran un medio factible de debilitar a Saddam Hussein, cuando él había sido capaz de hacer que la ONU apoyase un programa 'petróleo por alimentos' de 50 billones de dólares que socavaba el efecto de las sanciones, al tiempo que le permitía hacerse ilegalmente con el 20% del programa entero para fines personales, incluyendo el soborno de políticos franceses, rusos y alemanes para que protegieran sus mortales activos?.
 
¿Fue la guerra de Iraq una desviación?. El Senador Kerry piensa que deberíamos haber puesto todas nuestras tropas del juego en un esfuerzo por cazar a Osama bin Laden. Pero bin Laden probablemente esté muerto, y tres cuartas partes de su cúpula ha sido decapitada. Bin Laden no se ha manifestado desde su presunta fuga de las cavernas de Tora Bora. No ha sido capaz de preparar un ataque dentro de Estados Unidos en tres años. La amenaza más reciente de al-Qaeda llega a nombre de al-Zawahiri, su segundo de abordo. El terrorista más importante y destructivo vivo hoy es Abu Musab al-Zarqawi. Y está en Iraq.
 
Sí, hoy estamos más seguros por las guerras libradas por la administración Bush de lo que lo estaríamos si nuestras tropas se hubieran quedado en casa o solamente en Afganistán. Es cierto, como los opositores al presidente señalan, que hay muchas mutilaciones en Iraq, y que hay un montón de amenazas en el mundo. Pero las mutilaciones son el desorden de las fuerzas terroristas, que es bueno, y la guerra en sí misma es el único lenguaje que entienden. El imán Chi'í Muqtada al-Sadr intenta hoy deponer sus armas y convertirse en candidato a las próximas elecciones. Esa es la victoria que buscamos. Ese es el poder persuasivo de la fuerza militar, y el argumento en favor de mantener rumbo, y mantener a este presidente en el cargo.