Acaloradas palabras sobre el calentamiento global (I)

por Jeff Jacoby, 30 de agosto de 2007

(Publicado en The Boston Globe, 15 de agosto de 2007)

Presentando la noticia de portada del número de Newsweek del 13 de agosto sobre 'el revisionismo' del calentamiento global, el editor Jon Meacham saca a colación un vergonzoso error del pasado de su revista: una noticia de abril de 1975 acerca del enfriamiento global y la inminente edad de hielo que los científicos estaban prediciendo entonces. Meacham reconoce que 'aquellos que dudan de que los gases de efecto invernadero estén causando un cambio climático significativo vienen señalando el artículo de Newsweek de 1975 como ejemplo de lo equivocados que periodistas y científicos pueden estar'. Pero en lugar de reconocer que los escépticos pueden tener razón, Meacham minimiza la importancia.
 
'Acerca del enfriamiento global', escribe, 'nunca ha habido nada que se aproxime ni remotamente al actual consenso científico de que el mundo se está calentando a causa de las emisiones de gases de efecto invernadero”.
 
 ¿De veras? Newsweek adoptaba un discurso diferente en 1975. Entonces, la revista informaba de que los científicos eran 'casi unánimes' en la creencia de que el inminente evento cósmico significaría el declive en la producción alimentaria, advirtiendo algunos que 'las hambrunas resultantes serán catastróficas'. Además, rezaba, 'las pruebas en apoyo a estas predicciones' -- todo desde temporadas de siembra más cortas hasta incrementos en el grosor de la nieve norteamericana pasando por episodios de tornados que rompían records -- habían 'comenzado a acumularse de manera tan masiva que los meteorólogos son apremiados a mantener el tipo”.
 
Pero Meacham, sin citar nada de esto, simplemente deja a un lado la noticia de 1975 como 'alarmista' y 'desacreditada'. Hoy asegura a sus lectores que las ansiedades de Newsweek en materia de cambio climático descansan 'en los cimientos científicos más sólidos”.
 
¿Sí? ¿Entonces por qué el tono de la noticia de portada de Sharon Begley -- 9 páginas en las que cualquiera escéptico hacia la afirmación de que la actividad humana esté provocando el calentamiento global es retratado como un lacayo comprado y pagado por las industrias del carbón y el petróleo -- tan estridente y censurador? ¿Por qué el implacable etiquetado de aquellos que señalan la debilidad de los modelos del calentamiento global como 'revisionistas' o agentes de 'la maquinaria negacionista', o engañosos practicantes del 'revisionismo'? ¿No sería más eficaz responder a los que dudan, algunos de los cuales son científicos del clima altamente reputados en su propio campo, con datos y argumentos científicos en lugar de insinuaciones deshonrosas de engaño y venalidades? ¿Creen realmente Newsweek y Begley que todo el mundo que disiente del apocalíptico vaticinio del calentamiento global lo hace de mala fe?
 
El calentamiento global antropogénico es una hipótesis científica, no artículo de dogma religioso o ideológico. El escepticismo y la duda son enteramente apropiados en el reino de la ciencia, en el cual la verdad está determinada por las pruebas, la experimentación y la observación, no mediante el consenso o la revelación divina. Aún así, en lo que respecta al calentamiento global, la disidencia es tratada como herejía -- como una creencia perniciosa cuyo exponente debe ser avergonzado, evitado o censurado.
 
Newsweek no es en absoluto el único practicante. En el concierto de Live Earth en New Jersey el mes pasado, Robert F. Kennedy Jr. denunciaba a los escépticos del cambio climático como 'bufones corporativos' de los 'villanos' enemigos de América y la raza humana. 'Esto es traición', gritaba, 'y necesitamos comenzar a tratarlos ya como traidores”.
 
Algunos ecologistas y comentaristas han sugerido que 'la negación' del calentamiento global sea convertido en violación de la ley, en gran medida igual que la negación del Holocausto lo es en algunos países. Otros han propuesto que los disidentes del cambio climático sean procesados en juicios de estilo Nüremberg. Heidi Cullen, del Weather Channel, ha sugerido que los meteorólogos sean privados de su título de la Meteorological Society si se atreven a cuestionar las predicciones del catastrófico calentamiento global.
 
Hace unas semanas, Marlo Lewis, del Competitive Enterprise Institute, publicaba un artículo oponiéndose a los límites por ley a las emisiones de dióxido de carbono, argumentando que el Congreso no debía imponer límites hasta que exista la tecnología para producir energía que no dependa del dióxido de carbono. En respuesta al razonable artículo de Lewis, el presidente del Consejo Americano de Energías Renovables, Michael Eckhart, difundía una amenaza:
 
“Sigue esta advertencia mía, Marlo. Es mi intención destruir tu carrera como un embustero. Si redactas un editorial más contra el cambio climático, lanzaré una campaña contra tu integridad profesional. Te llamaré embustero y charlatán ante la comunidad de Harvard de la que tú y yo somos miembros. Te señalaré como un hombre que ha sido comprado por la América corporativa”.
 
Este es el fanatismo y la intolerancia del auto de fe. El último lugar al que pertenece es el debate político público. El interesante y complejo fenómeno del cambio climático está aún siendo desentrañado, y en igual medida que aquellos decididos a convertirlo en una cruzada del bien contra el mal insisten en lo contrario, el tema del calentamiento global no es un libro cerrado. Difamar como traidores, lacayos o enemigos de la humanidad a aquellos que rompen 'el consenso científico' puede ser emocionalmente satisfactorio y hasta profesionalmente lucrativo. También es indefendible e hiperbólica tiranía. Que los matones estén haciendo lo correcto seguro no es un argumento en su defensa.
 
Como el juez del Tribunal Supremo Louis Brandeis escribió hace tiempo, 'Los mayores peligros para la libertad están al acecho en la usurpación insidiosa por parte de hombres bienintencionados con devoción entusiasta, pero sin conocimiento”.