A Al Qaeda le salió el tiro por la culata

por James Phillips, 21 de diciembre de 2005

A veces, los atentados terroristas tienen un efecto bumerán.
 
Por ejemplo, el gobierno talibán de Afganistán apoyó a Osama bin Laden hasta los atentados del 11-S. Tras la desgracia sufrida en esos ataques, el ejército americano rápidamente derrocó a los talibanes con la ayuda de muchos afganos hartos de su mano dura.
 
El 9 de Noviembre, los jordanos estaban indignados con la penúltima atrocidad de Al Qaeda. Ese día, la red terrorista de Abu Musab al-Zarqaui - Al Qaeda en Irak - atentó contra tres hoteles en Amán, Jordania, asesinando a 57 personas. Por haber atacado indiscriminadamente a hermanos musulmanes, puede que Al Qaeda haya perdido el brillo de su imagen, atenuando el atractivo del extremismo entre jóvenes musulmanes, al menos en Jordania.
 
La organización de Zarqaui tiene raíces en Jordania, pero reclutó a 4 suicidas iraquíes - incluyendo a una pareja de esposos - para ejecutar los ataques, quizá para conservar a sus miembros jordanos y usarlos en futuros ataques dentro del país. La esposa fracasó en su intento de hacer explotar la bomba y poco después fue capturada.
 
Los errores operacionales de los atentados también estuvieron acompañados de errores de cálculo en el terreno político. Muchos jordanos han respaldado desde hace tiempo los atentados suicidas contra Israel, Estados Unidos y las fuerzas de la Coalición en Irak. Zarqaui era un héroe local para los militantes islámicos jordanos. Incluso jordanos que no compartían su ideología radical se sentían impresionados por sus ataques tan llamativos en Irak.
 
Pero los atentados en Amán, en los que docenas de hombres, mujeres y niños jordanos fueron masacrados cuando celebraban una boda, han indignado a jordanos de toda condición. La mayoría palestina en Jordania, que son los que podrían haber reaccionado con alegría enfermiza por el mal ajeno debido al ataque, cuyo blanco era el gobierno del Rey Abdulá (y que se sienten ofendidos desde el Tratado de Paz de 1994 con Israel) estaban en shock por la muerte de tantos palestinos que también murieron en el atentado. Durante varios días después del atentado, los jordanos salieron a las calles para participar en grandes manifestaciones gritando “Quémate en el infierno, Zarqaui”.
 
El haber hecho de los jordanos musulmanes un blanco deliberado consternó incluso a los partidiarios de Al Qaeda en Irak. Un familiar de los suicidas se quejaba a un periodista del Washington Post diciendo: “Estábamos escandalizados cuando vimos en televisión la cifra de civiles asesinados en la operación porque pensábamos que los muertos serían americanos y judíos, pero vemos con pesar que eran musulmanes”.
 
Varias webs islámicas radicales que normalmente celebran los ataques terroristas de Al Qaeda están ahora plagadas de críticas por la matanza indiscriminada de musulmanes inocentes. Esta crítica hace que resuene el suave reproche por las brutales tácticas de Zarqaui que encontramos en la carta de Julio de 2005 escrita a Zarqaui por Ayman al-Zawahiri, el principal lugarteniente de Bin Laden. Zawahiri advirtió a Zarqaui que el apoyo popular es importante para lograr los objetivos a largo plazo de Al Qaeda y que más de la mitad de esta batalla se libra en el campo de batalla de los medios de comunicación”.
 
Vemos claramente que Zarqaui ha menospreciado el consejo de Zawahiri. Al igual que muchos de los “árabes afganos” que volvieron de la yihad en Afganistán a principios de los 90 y que trataron de importar, sin mucho éxito, la yihad para sus propios países, el entusiasmo sanguinario de Zarqaui, cuando se inflinge sobre hermanos musulmanes, mina el atractivo de su ideología revolucionaria. Por errores de fanatismo similares, se desató una reacción popular contraria en Egipto y Algeria en los años 90 que llevó a la derrota de los movimientos islámicos radicales.
 
No es la primera vez que Zarqaui ha tratado de atacar lugares en su país natal. Creció en un suburbio de la ciudad jordana de Zarqa con el nombre de Ahmad Fadhil Nazzar Khalaylah, de allí tomó el nombre de guerra, Zarqaui: “El hombre de Zarqa”.  Estuvo involucrado en el fallido intento del llamado “Atentado del milenio” en 1999 que tenía como objetivo al mismo hotel Radisson de este atentado .
 
En Octubre de 2002, el grupo de Zarqaui asesinó al diplomático americano Laurence Foley en Amán. En Abril de 2004, las autoridades jordanas evitaron el atentado que Zarqaui tenía planificado contra el cuartel general de los Servicios Secretos de Jordania y otros edificios. Según se informa, ese ataque habría incluído el uso de agentes químicos venenosos, una de las especialidades de Zarqaui.
 
En 2001, huyó a Afganistan a través de Irán, aparentemente en cooperación con el gobierno iraní, montó operaciones en Irak, se sospecha que con el apoyo del régimen de Sadam Hussein. En 2004, Zarqaui fusionó su grupo con el de Bin Laden y fue nombrado el líder de Al Qaeda en Irak. Aunque todavía tiene diferencias ideológicas con Bin Laden - incluyendo una feroz hostilidad hacia los chiítas que le ha llevado a atentar contra mezquitas chiítas en Irak - Zarqaui, ante los ojos de muchos extremistas islámicos suníes, ahora figura como el segundo al mando después de Bin Laden.
 
Zarqaui ha desarrollado una sólida red entre musulmanes árabes que viven en Europa, especialmente en Alemania, Gran Bretaña, Italia, Francia y España. Esta red podría estar involucrada en los atentados de Casablanca, Marruecos, en Mayo de 2003 y en los atentados de Noviembre de 2003 en Estambul, Turquía. Los seguidores de Zarqaui, muchos de los cuales ostentan pasaportes de la Unión Europea, representan una amenaza creciente para Estados Unidos.
 
Si pudiese establecer un refugio en Irak, la rama de Al Qaeda, dirigida por Zarqaui, sería una amenaza aún mucho mayor. Por eso es tan importante ayudar al gobierno iraquí a derrotar a los terroristas que amenazan a ese gobierno, a sus vecinos e incluso a Estados Unidos.
 
El único resquicio de esperanza que nos queda en medio del panorama desolador que dejó el atentado de Al Qaeda del 9 de Noviembre es que los jordanos y posiblemente  unos cuantos musulmanes más hayan tomado conciencia sobre la necesidad urgente de derrotar a Al Qaeda.

 
 
 
James Phillips es investigador especializado en estudios de Oriente Medio del Instituto Kathryn and Shelby Cullom Davis para Estudios Internacionales de la Fundación Heritage.
 
©2005 The Heritage Foundation
 
GEES agradece a la Fundación Heritage y al Sr. Brookes el permiso para publicar este artículo.