6.000 muertos deja la guerra contra el narco en México en 2008

por Pedro Fernández Barbadillo, 23 de enero de 2009

¿Qué lugar es más peligroso: Bagdad o Ciudad Juárez?, ¿la capital de un país donde se enfrentan facciones políticas y religiosas, que es campo de batalla de terroristas internacionales y donde se hallan desplegadas docenas de miles de soldados extranjeros o bien una ciudad fronteriza mexicana a la que solían acudir miles de turistas de Estados Unidos para divertirse? Pues en algunas circunstancias, es más peligroso pasear por Ciudad Juárez, donde se cometen cuatro homicidios diarios[1] -sólo con armas ligeras y blancas, sin recurso a los explosivos-, que por Bagdad. El año pasado en México fueron asesinados 535 policías, mientras que en Irak el número de militares norteamericanos muertos se quedó en 314[2]. Aunque se sumasen los caídos en Afganistán, que fueron 151, las bajas militares totales de Estados Unidos, 465, seguirían por debajo de los uniformados mexicanos muertos en su propia patria. Cabría pensar que los cárteles de la droga mexicanos disponen de más capacidad de destrucción que las bandas terroristas iraquíes y afganas.
 
En diciembre de 2006, a las pocas semanas de ser investido presidente de la República de México, después de un intento por parte del candidato de izquierdas Andrés Manuel López Obrador -respaldado por el PSOE- de tomar el poder en las calles, Felipe Calderón declaró la guerra al narcotráfico y desplegó a varios miles de militares y de policías federales en los estados más violentos del país[3]. La expresión guerra no es exagerada en absoluto. Los narcos emplean un armamento superior en calidad al de la mayoría de los cuerpos policiales locales, tienen hasta submarinos, avionetas y helicópteros y han llegado a usar proyectiles tierra-aire contra las aeronaves del Ejército. En dos años completos de guerra, las bajas registradas son enormes: en 2007, se registraron 2.773 muertos y en 2008, más del doble, 5.661 muertos; en 2006, los ejecutados fueron 2.221.
 
Aunque la violencia abarca todo el país, dos de cada tres asesinatos cometidos en 2008 se produjeron en tres estados: Chihuahua (2.052), Sinaloa (958) y Baja California (725). Otros cinco estados superan el centenar de ejecutados: Guerrero (468), Sonora (251), estado de México (214), Michoacán (208) y Durango (138). Sólo en un estado no ha habido ningún crimen relacionado con el narco: Baja California Sur[4]. Si se incluyesen todas las muertes violentas, éstas habrán rondado las 14.500 en 2008, cuando en 2007 fueron 11.767.
 
Para comparar, en España, con casi un tercio de la población de México, y en 2007 la fiscalía incoó 1.148 procedimientos penales por todos los homicidios y asesinatos perpetrados[5]. Es decir, en el estado de Sinaloa (2,6 millones de habitantes y 57.000 kilómetros de extensión), sede del cártel homónimo, hay casi el doble de homicidios exclusivamente por causa de la droga de los que se cometen en España por cualquier motivo. En Estados Unidos, con el triple de población, según un informe del FBI, en el año 2007 se registraron 16.929 homicidios y asesinatos[6], 6.000 más que en México en el mismo año.
 
El desglose de las muertes es aterrador. Entre esos 5.661 hay 535 policías, 194 mujeres y 80 menores de edad. Los militares tampoco quedan a salvo de las garras de los narcos: 20 de ellos fueron levantados (secuestrados) y decapitados. La media de víctimas diarias en la guerra contra los narcos ascendió el año pasado a 15. La jornada más violenta fue la del 3 de noviembre, cuando se reportaron 58 homicidios, de los que 19 ocurrieron en Sinaloa y 12 en Durango. La violencia se está convirtiendo en indiscriminada. Un ejemplo de esto último es el atentado realizado el 15 de septiembre en Morelia (Michoacán), durante los festejos de la independencia del país, cuando fueron detonadas dos granadas de fragmentación entre la multitud que se divertía en la plaza principal: ocho muertos y más de 100 heridos. Las maneras de matar que practican los sicarios han llevado a la Procuraduría General de la República a elaborar un catálogo de muertes[7] para clasificar a las víctimas y no sólo buscar a los autores sino entender los mensajes que éstos envían a través de los cadáveres. Se puede morir decapitado, torturado, con mensajes encima del cuerpo, quemado, con los dedos cortados, descuartizado…
 
Aparte de las muertes, el hecho de mayor impacto para la sociedad mexicana ha sido la propagación de la corrupción. El ex fiscal antidroga Noé Ramírez Mandujano fue detenido en noviembre bajo la acusación de pasar información al cártel de Sinaloa[8]. Su primera mordida ascendió a 450.000 dólares, con el compromiso por parte de los narcos de abonarle la misma cantidad mensualmente. ¿Cómo puede uno de los principales cargos del Gobierno mexicano, bien retribuido y protegido, conocedor de los daños que causan las bandas de traficantes a sus compatriotas, convertirse en espía?
 
Si así se comporta un profesional con todas sus necesidades y ambiciones cubiertas, ¿qué cabe esperar de los mexicanos que no llegan a fin de mes? La mitad de los miembros de las fuerzas policiales, que hasta ahora combatían en solitario a los cárteles, son “no recomendables”. El porcentaje lo ha dado el propio presidente Calderón[9]. En su respuesta a unas preguntas parlamentarias, el presidente afirmó que el 49,4% de los 56.065 policías municipales y estatales, así como de nuevo ingreso a la Policía Federal Preventiva, evaluados a lo largo de 2008, resultaron “no recomendables”. En total se examinaron a 26.165 personas pertenecientes a la seguridad pública municipal, de los cuales el 61,5% resultaron como no recomendables. Del programa de nuevo ingreso en la Policía Federal Preventiva, de 11.276 evaluaciones integrales, el 51,3% quedaron marcadas como “no recomendables”. Las administraciones con mayor porcentaje de policías considerados inadecuados son Zacatecas (70,7%), Coahuila (69%) y San Luis de Potosí (64,7%). Una semana después de estas declaraciones de Calderón, la fiscalía del estado de Chiapas anunció la destitución de 75 agentes de policías, 22 jefes de grupos y dos comandantes de la Policía Ministerial[10] porque no habían pasado varias pruebas de control denominadas “de confianza” y toxicológicos, entre ellas un interrogatorio con el detector de mentiras[11]. En 2008 se detuvo a más de 750 narcopolicías en 16 estados, en su mayoría vinculados con el narcotráfico[12]. El detenido de mayor categoría fue el jefe de la Policía Federal Preventiva Víctor Gerardo Garay Cadena. Y el mayor asesinato colectivo del año, el de 24 hombres hallados con el tiro de gracia en un paraje de La Marquesa (estado de México), de los que se sospecha cavaron un narcotúnel y recibieron ese pago para guardar el secreto, se cometió con la complicidad con el entonces director de la Policía de Huixquilucan.
 
Aunque el régimen del PRI -derrotado en la Presidencia en 2000- y la Constitución se caracterizan por su anticatolicismo, el clero solía ser respetado por las gentes humildes y hasta los delincuentes. Ahora, sin embargo, las denuncias por sacerdotes y obispos[13] del crimen y el narcotráfico les acarrean ataques. En el estado de Oaxaca un párroco fue apaleado por haber reprendido a los narcos en sus sermones[14]. A fin de suprimir las molestas exigencias cristianas de arrepentimiento, devolución de lo robado y enmienda, en México han comenzado aflorar cultos cercanos a la santería, como los del ladrón Jesús Malverde[15] y la Santa Muerte[16]. “La adoración hacía Jesús Malverde, al igual que la de la Santa Muerte estuvo originalmente vinculada con actividades ilícitas, principalmente narcotráfico”[17]. Sus fieles no sólo les piden protección para cometer delitos y quedar impunes, sino que causen el daño a sus enemigos. Unos intercesores muy adecuados y cómodos para los narcos y los sicarios.
 
Un pacto entre el Estado y los narcos
 
Tal como funciona el mecanismo intelectual de muchos universitarios, políticos y periodistas de culpar al agredido o a la víctima las reacciones a la agresión o al delito (recuérdense el antológico titular de El País al día siguiente de los atentados del 11-S en Estados Unidos “El mundo en vilo a la espera de las represalias de Bush”[18] y las campañas de insultos contra Francisco Alcaraz y la Asociación de Víctimas del Terrorismo), hay que subrayar una y otra vez que la potencia de los cárteles de la droga no ha surgido en los últimos años, ni mucho menos como reacción a la campaña de Calderón, sino que proviene de la inoperancia de los Gobiernos del PRI y de los pactos de éstos con los narcotraficantes. Por eso reproducimos el testimonio del doctor Jorge Chabat, profesor del Centro de Investigación y Docencia Económicas de México[19]:
 
Si bien la producción y el tráfico de marihuana y heroína existen en México desde principios del siglo XX, el problema adquirió dimensiones preocupantes a partir de mediados de la década de los 80, cuando la cocaína proveniente de Colombia empezó a inundar el mercado estadounidense y para llegar a su destino utilizó las rutas y los servicios de los marihuaneros mexicanos.
 
Ello alimentó de manera feroz el crecimiento de las bandas del narcotráfico mexicanas que, a mediados de los años 90, llegaron a ocupar el vacío dejado por los carteles colombianos desmantelados.
 
El fortalecimiento de los cárteles mexicanos trajo un incremento en los dos efectos colaterales del narco: corrupción y violencia.
 
Los traficantes comenzaron a ejercer la violencia que necesitaban para operar como negocio ilegal: ajustes de cuentas, mantenimiento de la disciplina dentro de la organización criminal, y ejecuciones contra aquellos narcos que invadían los territorios o rutas ajenos.
 
Dos factores fueron clave en el mantenimiento de esta violencia funcional: la existencia de un mediador dentro del mundo del narco - papel que muchos atribuyen a Amado Carrillo, el jefe del cártel de Juárez- y una política de tolerancia del gobierno mexicano el cual, a fin de evitar que la violencia amenazara la estabilidad, permitió operar a los narcos con algunas reglas implícitas.
 
Estos dos elementos, a su vez, abrieron el camino para el desarrollo de una amplia corrupción que afectó a todas las fuerzas encargadas de su combate, incluido el ejército.
 
Esta narcocorrupción encajaba muy bien con un sistema político autoritario, para el cual el Estado de derecho no era una prioridad y cuyo funcionamiento dependía en buena medida de una corrupción instalada también en otros aspectos de la vida social.
 
En este sentido, sería un error decir que la corrupción llegó a México con el narcotráfico, pero sí se puede afirmar que la potenció y le dio una dimensión que no había tenido en el pasado.
 
Esta corrupción se insertó en una cultura de la ilegalidad prevaleciente en la población que persiste hasta la actualidad.
 
Con la llegada del gobierno de Vicente Fox [en 2000], la política de tolerancia hacia el narco cambió, y se dieron arrestos de varios capos de la droga.
 
Estos procedimientos provocaron una disminución relativa de la corrupción a nivel del gobierno federal, pero también incrementaron los niveles de violencia, al generar desequilibrios entre las bandas del narco.
 
A su vez, ello dio pie a una guerra entre carteles, como la que libró el de Sinaloa contra el cartel del Golfo, desde 2005.
 
Se calcula que el narcotráfico mexicano mueve en torno a 25.000 millones de dólares, una inmensa cantidad de dinero que permite comprar voluntades y armas.
 
Implicación de Estados Unidos: Bush y Obama
 
Aunque el consumo interno de droga se ha doblado, el destino mayoritario y más rentable de la heroína y la cocaína mexicanas es Estados Unidos. De la misma forma que los Gobiernos norteamericanos combatieron a los cárteles de la droga colombianos, ahora lo hacen a sus sucesores[20]. Las consecuencias de este crimen organizado no se limitan exclusivamente a los daños de salud en parte de la juventud, sino que se extienden a la política, la seguridad y la economía. Un Estado no puede consentir la aparición de zonas oscuras en su territorio. Y los cárteles mexicanos son un foco de inestabilidad, pues corrompen a funcionarios y políticos y pueden colaborar con terroristas yihadistas para introducir armas de destrucción masiva y bacteriológicas.
 
La primera consecuencia es la expansión de los narcos mexicanos en Estados Unidos. Las fuerzas policiales de este país han detectado la presencia de los cuatro principales cárteles en 195 ciudades de Estados Unidos[21] y su presencia en todos los estados salvo Montana y Vermont[22]. Otra, no menor, es la repercusión en la emigración mexicana a Estados Unidos. Para escapar de la violencia y la inseguridad, varios miles de mexicanos están pasando a Estados Unidos y hasta solicitan asilo político, como ya han hecho no menos de tres jefes policiales[23]. Un abogado de El Paso especializado en derecho migratorio declaró que había aumentado el número de personas que huían de Ciudad Juárez hasta superar el éxodo de militantes políticos vivido en los años 80[24]. Además, se empiezan a registrar incidentes cada vez más violentos en la frontera en los que los sicarios disparan a patrulleros estadounidenses para asustarles y apartarles de las zonas de acarreo de droga y, también se empieza a detener funcionarios de seguridad corrompidos.
 
Los dos años de la guerra contra el narcotráfico que está librando Calderón han coincidido con la presidencia en Estados Unidos de George Bush y éste se ha esforzado por establecer una colaboración entre ambos Gobiernos. Bush y sus ministros y directores de agencias federales persuadieron a los legisladores de superar sus recelos a entregar fondos, equipos tecnológicos y armamento a un país notoriamente corrupto. Así, el presidente estadounidense anunció en 2007 el Plan Mérida, dotado con 1.400 millones de dólares para México y las repúblicas de Centroamérica con la finalidad de mejorar la efectividad de sus fuerzas de seguridad y sus tribunales contra los narcotraficantes. En junio pasado, el Congreso estadounidense aprobó la primera entrega de 465 millones de dólares del plan[25].
 
Otro de los objetivos comunes es la reducción del tráfico de armas mediante el plan Armas Cruzadas, que se comenzó a aplicar a mediados de 2008. Según los funcionarios mexicanos, en torno al 80% de las armas usadas por los narcos proviene de Estados Unidos[26]. Los narcos cruzan la frontera de sur a norte con droga y regresan con armas y dólares. Un guardia de seguridad fue detenido por haber comprado a lo largo de cuatro meses de 2003 152 armas de fuego en una armería de Mesquite; los agentes de la Agencia Federal de Armas y Drogas pudieron probar que una de ellas se usó en México para asesinar a dos policías federales; así se consiguió una condena para el comprador.
 
El nuevo presidente de Estados Unidos, Barack Obama, hereda este problema que muchas personalidades de su país consideran una de las mayores amenazas contra la seguridad. Por ejemplo, el general retirado Barry McCaffrey, zar antidroga de la Administración de Hill Clinton, ha comparado la situación de México con la de Irak y ha advertido de que la derrota del Gobierno mexicano en la guerra contra los narcos desencadenaría una oleada imparable de millones de personas que huirían a Estados Unidos[27]. Bush ha recalcado a Obama la importancia de la colaboración con México. El periódico Washington Post publicó el 2 de enero, pocos días antes de la investidura presidencial, que Obama ha fijado como directriz para su Gobierno la lucha contra la delincuencia internacional y los cárteles de la droga, por lo que “apoya el mantenimiento y la expansión del Plan Mérida”[28]. El Legislativo que aprobó el año pasado el primer envío de fondos del Plan Mérida cuenta con mayoría demócrata, el mismo partido al que pertenece Obama.
 
¿Quién va a ganar?
 
El analista en temas de seguridad Jorge Fernández Menéndez explica de la siguiente manera la violencia de los narcos[29]:
 
Alguien puede pensar que la ola de violencia, en especial los recientes asesinatos de jefes de la policía, indican que el Estado está perdiendo la guerra contra el narcotráfico. Es lo contrario: la escalada de la violencia se genera porque las organizaciones criminales están, a pesar de que aún son fuertes, resquebrajándose. El narcotráfico está cada vez más en manos de sicarios que de los tradicionales gestores del negocio. Y esto se debe a que los grupos sienten mucho la presión de las fuerzas del Estado, a pesar de que aún pueden contraatacar.
 
Y el historiador Enrique Krauze añade[30]:
 
Ésta no es una guerra en la que se pueda vencer rápido. Quizá no se logre ganar nunca si no hay un cambio [de política]. Creo que [Calderón] ha obrado bien. El hecho de que [los miembros de los cárteles] estén matándose tanto entre ellos se debe a que están sintiendo el dolor. Uno de nuestros grandes escritores, Gabriel Zaid, ha propuesto que nos centremos en las cárceles. Algunas son como las oficinas centrales de la delincuencia. Hay que controlar las prisiones. Últimamente, el presidente Calderón se ha centrado en rastrear el dinero y seguir la pista a policías y políticos importantes. No hay un único enfoque. (…) [La guerra durará] Diez, quizá veinte años. Uribe dijo que habrá muchos, muchos muertos hasta que aprendamos [cómo afrontar el problema]. Desde 1920, México ha sido un país pacífico. Hemos evitado o esquivado todas las guerras en el mundo. Todos los países tienen sus guerras; algunas son religiosas, étnicas, civiles o nacionalistas. Ésta es la que el destino tenía reservada para nosotros.
 
Hemos insistido en otros análisis en que en México se está reproduciendo el modelo de la Colombia de los años 80: cárteles poderosísimos que controlaban comarcas y ciudades y tenían sus propios oficiales, jueces y diputados. Durante años, pareció que Colombia se había convertido en un narco-Estado. Sin embargo, el presidente Álvaro Uribe, ayudado por Estados Unidos (y en una medida menor pero considerable por el Gobierno de Aznar) y con la resolución de gran parte de la población, ha conseguido derrotar a varios cárteles y ahogar a las FARC. En la actualidad, Colombia es una país mucho más seguro que en los mandatos de Ernesto Samper y Andrés Pastrana, que recibe inversiones extranjeras y reduce la pobreza. Algunos municipios e incluso algún estado puede haber caído ya bajo el dominio de los narcos, pero el Estado federal no lo ha hecho y ha decidido contraatacar. México no puede ceder a los narcos.
 
La legalización de las drogas, que de vez en cuando se plantea como medio para acabar con el crimen organizado y sus consecuencias, sería ineficaz en todo caso. Los narcos mexicanos mantendrían su armamento, sus sicarios -que no saben hacer otra cosa que matar-, sus montañas de dinero y sus planes para dominar el Estado. A los enemigos de la sociedad, sean terroristas, narcotraficantes o corruptos, hay de derrotarlos sin reservas; de lo contrario, ellos destruirán la Administración y pudrirán las almas. Bien lo sabemos los españoles por la degradación moral de los pueblos de Ondárroa[31], Azpeitia[32] o Etxarri-Aranaz[33].

 
 
Notas


[1] http://afp.google.com/article/ALeqM5h2Ek8PrLxLUuqDdBiJlrNnf5nuOw.
[2] http://ar.news.yahoo.com/s/ap/090101/internacionales/amn_gen_eeuu_soldados_muertos.
[3] http://www.gees.org/articulo/3451/59#_ednref1 y http://www.gees.org/articulo/5070/59.
[4] http://impreso.milenio.com/media/2009/01/02/mex-politicatab-00-G.jpg.
[5] http://www.elpais.com/articulo/internacional/delincuencia/Espana/crecio/2007/elpepuint/20080929elpepuint_8/Tes.
[6] http://www.fbi.gov/ucr/cius2007/data/table_01.html.
[7] http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=405786.
[8] http://www.eluniversal.com.mx/notas/557157.html.
[9] http://www.eluniversal.com.mx/notas/558852.html.
[10] http://www.elperiodicodemexico.com/nota.php?id=209824.
[11] http://www.eluniversal.com.mx/notas/527880.html.
[12] http://narcotraficoenmexico.blogspot.com/2009/01/detenidos-752-narcopolicas-en-el-2008.html.
[13] http://www.zenit.org/article-26308?l=spanish.
[14] http://www.elmanana.com.mx/notas.asp?id=99114.
[15] http://www.sinaloa.contralinea.com.mx/archivo/2007/junio/htm/malverde.htm y http://www.lanacion.cl/prontus_noticias_v2/site/artic/20080724/pags/20080724192455.html.
[16] http://www.oem.com.mx/elsoldesinaloa/notas/n796426.htm y http://www.uaq.mx/fcps/tribuna/332/soc11.htm.
[17] http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=243626.
[18] http://www.poynterextra.org/extra/PDF/ElPaisW.pdf y http://www.libertaddigital.com/ilustracion_liberal/articulo.php/217.
[19] http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/specials/2008/narcomexico/newsid_7619000/7619338.stm.
[20] http://www.eluniversal.com.mx/notas/566957.html.
[21] Véase el Informe sobre la Amenaza de las Drogas 2009 elaborado por el Centro Nacional de Información sobre Drogas: http://www.usdoj.gov/ndic/pubs31/31379/index.htm.
[22] Aquí se pueden ver las ciudades de Estados Unidos y la presencia de los cárteles en varios mapas: http://www.usdoj.gov/ndic/pubs27/27986/appenda.htm.
[23] http://www.eluniversal.com.mx/notas/506659.html.
[24] http://www.munhispano.com/index.php?nid=42&sid=3579952.
 
[25] http://lta.reuters.com/article/topNews/idLTASIE50701320090108.
[26] http://www.dallasnews.com/sharedcontent/dws/news/texassouthwest/stories/DN-borderguns_11tex.ART.State.Edition2.45f0c71.html.
[27] http://www.elpasotimes.com/news/ci_11402473.
[28] http://www.washingtontimes.com/news/2009/jan/02/obama-faces-mexican-drug-war/.
[29] http://www.elpais.com/articulo/internacional/guerra/Mexico/puede/perder/elpepuint/20080523elpepiint_6/Tes
[30] http://www.fp-es.org/es-mexico-un-narcoestado.
[31] http://www.abc.es/hemeroteca/historico-11-08-2007/abc/Nacional/el-pleno-de-ondarroa-termina-refugiado-en-un-despacho-al-asaltar-anv-el-ayuntamiento_164344884121.html.
[32] http://www.elmundo.es/elmundo/2008/12/04/espana/1228361420.html.
[33] http://www.elpais.com/articulo/espana/Testigo/asesinato/padre/elpepunac/20040126elpepinac_13/Tes.