13 Rue del Percebe

por Rafael L. Bardají, 21 de febrero de 2021

Que me perdone el maestro Ibáñez, pero me da que la política actual española poco tiene que envidiar en surrealismo a su ya mítico inmueble, desde las cloacas al ático. Por ejemplo, el nuevo PP de Casado se pega un espectacular batacazo en las elecciones catalanas y la única declaración institucional por boca de su presidente es que el novísimo PP abandona su sede en Génova 13 para romper amarras con el pasado. No sé quien habrá sido el genio y figura de querer tapar un rotundo y merecido fracaso con tamaña cortina de humo. Desde luego no su portavoz, el alcalde Almeida quien, al igual que Casado aquel infame día del 1 de octubre de 2017, no ha dicho ni mu. De Casado sabemos que, entonces, en Moncloa ni estaba ni se le esperaba; de Almeida aún no sabemos nada, aunque rumores circulan todos.

 

En cualquier caso, no deja de ser sorprendente que la culpa se le atribuya ahora a cuatro paredes. Como si las personas que las habitan no tengan la más mínima importancia. Dice mucho de cómo entiende la política el joven líder del PP: mucho esqueleto, pero nada de alma. Que, en realidad, es lo que es el PP. También ha dicho que el PP no va a hablar nunca de Bárcenas, pero ese deseo sólo puede ser producto de la desesperación. Es Bárcenas el que habla del PP. Un PP en el que buena parte de la actual directiva militaba y ocupa responsabilidades importantes, por mucho que quieran ahora renegar de ellas.  Y es que, en verdad, el supuesto nuevo PP se parece mucho al viejo PP: nada de caras nuevas, sólo menos caras viejas. 

 

Yo no soy quien vaya a hacer sangre de este anuncio de cambio de sede. El humor y sarcasmo español ya han dado buena cuenta de ello (aunque no me puedo resistir a eso de que el PP busca nueva sede en la zona de Abascal). Pero me preocupa y mucho ese tic tan arraigado entre los políticos españoles de que las responsabilidades son siempre de los otros, quienes cometen los errores. Máxime cuando la culpa se achaca al inmueble. Casado y su nuevo viejo PP de siempre yerra de tiro. Si creía que su asalto al centro central le iba a dar resultado disparando continuamente contra Vox, ya tiene sobradas razones para replanteárselo. Pero no lo hará. Porque el fracaso, según ha dicho, es de la sede, no de quien mueve los hilos y la estrategia de su partido.

 

En lo único en que estoy de acuerdo con el actual dirigente del PP es su comparación del partido con un barco. Aunque para mi gusto no ha acabado de darse cuenta del nombre del navío en el que está. No es un buque cualquiera, ya lo he dicho aquí en anteriores ocasiones: Lleva escrito en su casco Titanic, esa nave insumergible que se hundió sin llegar a acabar su primera singladura.

 

Todo esto sería solamente un chiste si no estuviera España inmersa en un proceso revolucionario cuya salida es incierta. Cierto que los independentistas catalanes sólo son una cuarta parte del electorado. Pero si ese 25% controla y domina las instituciones su capacidad para hacer minar a España va mucho más allá de su número. Igualmente, poco importa que Podemos sea el tercer partido y vaya cada vez a menos. Desde el poder su capacidad para hacer el mal es mucho mayor que el limitado apoyo social que tiene.

 

Y, gracias a Dios -algo que no comprenden los populares de las 13 Rue del Percebe- algo similar pasa con Vox. Su significado y relevancia va mucho más allá de sus 52 diputados. Es la claridad moral, no la tibieza, titubeos y arrepentimientos, fingidos o no, lo que cuenta hoy. Es la valentía para disputar el espacio que se ha dejado ocupar a la izquierda, no la resignación, lo que vale. Nada de eso encuentra quien mire al PP, sean sus paredes o sus personas. El PP ya ha dejado en el rincón de los olvidos a sus líderes históricos, a sus gaviotas, a sus colores, a sus ideas y a su renovación interminable.  Ha repudiado a sus amigos y ha renunciado a batallar a sus adversarios. Se ha quedado en una organización habitada por fantasmas. Y, ahora, para más inri, homeless.