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Gees.org Opinión ¡Viva la eurocracia!
¡Viva la eurocracia!

¡Viva la eurocracia!

por Rafael L. Bardají, 17 de Noviembre de 2011

 

(Publicado en Expansión, 17 de noviembre de 2011)

En estos últimos días, el llamado ‘grupo de Fráncfort’, suerte de comité anticrisis formado precipitada y opacamente por funcionarios no electos, ha logrado descabezar dos líderes de países miembros, democráticamente elegidos y sustituirlos por tecnócratas de su agrado.

Tanto Papadimos como Monti son ex-funcionarios de la UE y del BCE más conocidos por su academicismo que por sus compromisos políticos. De hecho, a Monti hubo que nombrarlo a marcha forzada senador vitalicio para que pudiera ocupar su nuevo puesto al frente de Italia.

La crisis lo puede todo, pero es difícil de entender cómo los demócratas de toda la vida aceptan este secuestro de la política sin rechistar. ¿Dónde ha quedado todo eso de la soberanía popular? ¿Y la soberanía nacional? Porque aquí en España nos hemos librado gracias a que estaban convocadas las elecciones, porque de no haber sido así, Bruselas habría cambiado a Zapatero por Abel Matutes o Almunia, o un gris funcionario español.

Durante años se ha hablado del déficit democrático de la UE. Para paliarlo se optó por el peor camino: crear una asamblea, más tarde autodenominada Parlamento Europeo, de proporciones y presupuesto elefantiásico. Pero la UE no es un estado democrático y las esperanzas de los europarlamentarios, se acaba de comprobar, son más un mito que una realidad. Eso sí, un mito insaciable que pagamos todos a un precio carísimo.

La verdad es que cuanta más Europa, menos democracia. Y cuanta más tecnocracia, menos política. Lo que se está decidiendo hoy no son simples medidas para salvarnos de la bancarrota económica. Nos afectará durante muchos años o décadas y tiene que ver tanto con las finanzas como con la gobernabilidad, con el sistema por el que queremos regir nuestras vidas. ¿Queremos? Es un buen eufemismo.

Alguien está decidiendo en alguna parte, llámese Berlín o Bruselas, por nosotros y sin consultarnos. No es un castigo por nuestro mal comportamiento económico, despilfarro e inmovilismo. Es la imposición de un modelo al filo de la crisis y amparado por ella. Y eso, se diga lo que se diga, no es democrático. Y es que, insisto, con todas sus supuestas virtudes de eficiencia, la tecnocracia es siempre elitista, rezumando un fuerte tufillo a despotismo ilustrado: todo para el pueblo pero sin el pueblo. O sea, nosotros. Y si, además, esa supuesta elite está deslocalizada y allende nuestras fronteras, también será antiespañola.

De acuerdo, vuelven la tecnócratas. Pero que conste que ninguno de ellos ha dado muestras en estos últimos años de entender lo que se nos venía encima. Se han equivocado tanto que han dignificado la profesión del hombre del tiempo. ¿Por qué tendríamos que creer que se han vuelto sabios de repente? La democracia exige buenos políticos. Y la crisis aún mejores, no más funcionarios.

 



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