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Gees.org Análisis “La Fuerza del Cambio”. El verdadero programa político del PSOE para esta legislatura
“La Fuerza del Cambio”. El verdadero programa político del PSOE para esta legislatura

“La Fuerza del Cambio”. El verdadero programa político del PSOE para esta legislatura

por María Ángeles Muñoz, 19 de Septiembre de 2008

La intervención de Rodríguez Zapatero en calidad de Secretario General en el acto de clausura del 37 Congreso Federal del PSOE -el pasado 6 de julio en Madrid- concentraba todas las claves del lema de este congreso que se van a desencadenar a lo largo de este curso: “la fuerza del cambio”.
 
Efectivamente dicho Congreso abría paso al despeje de un amplio programa de iniciativas políticas que constituyen el auténtico proyecto socialista para la actual legislatura. Tanto el documento marco del 37 Congreso, como las líneas básicas de las enmiendas presentadas, así como el contenido del discurso de Zapatero mantienen una misma línea de pensamiento y acción. Dicha línea dibuja una nueva etapa política en la acción de gobierno, más radical aún que la correspondiente a la comprendida en el periodo anterior de 2004-2008.
 
Un elemento a destacar fue sido el inesperado carácter revelador del Congreso. A tan sólo cuatro meses de las pasadas elecciones del 9 de marzo, los documentos base del Congreso dibujaban una clara intencionalidad transformadora a nivel social por parte de los dirigentes del Partido que distaba mucho de los contenidos esbozados en el programa electoral de las pasadas generales. Este hecho no es casual y demuestra dos puntos importantes:
 
Primero, que el Partido Socialista pensaba en los meses anteriores al 9 de marzo que la agresividad de los proyectos legislativos que deseaba desarrollar podía arrebatarle las elecciones dado lo ajustado en las principales encuestas de intención de voto.
 
Segundo, que en la antesala electoral se planificó metódicamente una estrategia de comunicación orientada a ganar las elecciones que ocultaba y mostraba muy atenuadas las verdaderas intenciones para la presente etapa política. En este mismo paso se reservó el diseño de las políticas de la legislatura para el Congreso Federal posterior a las elecciones generales.
 
Si nos detenemos en el discurso de clausura de Zapatero, hallamos los pilares de este núcleo programático, pero además quedan reflejadas ciertas identificaciones y “convicciones” que merece la pena mencionar. Comenzamos por desgranar el apartado de identificaciones. Zapatero afirmaba refiriéndose al conjunto de los agregados que:
 
·                    “Somos la España que confía en sí misma. Representamos la España que confía en sí misma”.
·                    “Hemos tratado de la España real. De la España que vivimos hoy y de la España que queremos vivir mañana”.
·                    “Nos recordáis que encontramos nuestra propia justificación como socialistas cuando logramos ensanchar los derechos y libertades de todos los ciudadanos”.
·                    “Nos recordáis que una de nuestras razones de ser, a lo largo de toda nuestra historia, ha sido la de defender la dignidad de todos los seres humanos”.
 
La lectura de estos postulados nos lleva a detectar el fenómeno que acompaña a la figura del Presidente de Gobierno, y es que éste se acompaña de un halo de “mesianismo político” que no encuentra comparación en la reciente historia de nuestra democracia. Efectivamente, Rodríguez Zapatero se siente investido de una misión de transformación social y política de España que identifica con lo que llama “la España real” y que se proyecta hacia el futuro. La política social es el pilar de esta transformación, el polo en el que el partido socialista y sus dirigentes han concentrado todo el trabajo.
 
Dicho trabajo se articula en torno a algunos grandes temas que se acompañan de acciones concretas. Esta iniciativa se concentra fundamentalmente en torno a lo que Zapatero identifica como “extensión de derechos y ciudadanía”: aborto, eutanasia, libertad religiosa y regulación de la laicidad y aconfesionalidad del Estado como puntas de lanza y reforma del poder judicial y extensión del derecho a voto para inmigrantes residentes de cara a elecciones municipales en otro apartado político sujeto al “cambio”.
 
Zapatero introduce el primer bloque de cambio social bajo la bandera de la defensa de una dignidad humana mal entendida y supeditada a la voluntad según el caso. Dice así:
 
·                    “Os agradezco que nos hayamos atrevido a reflexionar en voz alta que no es posible, nunca, nunca, incriminar a la mujer que se siente en la necesidad de interrumpir un embarazo. Que nos hayamos atrevido a decir en alto que no consentimos que se humille a una mujer o se persiga a una mujer porque ejercieron su derecho a interrumpir un embarazo no deseado conforme a las leyes”.
·                    “Lo hemos hecho, en efecto, con el derecho a tener una muerte digna. Sin sufrimiento innecesario. Sin el sufrimiento que, con todo el respeto a la vida, se pueda evitar”.
 
De este planteamiento se desprende un argumento principal, y es que la vida humana queda vinculada a decisiones autónomas, deja de ser un valor superior sujeto al derecho tal y como la legislación nacional e internacional regula desde la Carta de Derechos Humanos de la ONU hasta la misma Constitución Española. La vida humana en las fases más vulnerables de su desarrollo queda sujeta al valor que ahora se le asigne siempre relativo a decisiones externas. El salto cualitativo de este “cambio” sustancial es el reconocimiento de la prevalencia del “poder de decisión” bajo el tinte de la ética de los “nuevos derechos” por encima de los límites que los valores fundamentales establecen.
 
La iniciativa presentada en el Congreso a estos efectos en relación al aborto, por ejemplo, dice textualmente que “apoyaremos la creación de un grupo de expertos y expertas que revisen el funcionamiento de esta ley y hagan una nueva propuesta para mejorar nuestra legislación, recogiendo las experiencias más innovadoras de las leyes europeas de indicaciones y plazos”. Según la enmienda aprobada en Comisión, los socialistas dicen que su objetivo es 'garantizar el derecho a la salud sexual y reproductiva de toda la población y muy especialmente de las mujeres, incluyendo el derecho al control de la maternidad, a través de una adecuada información y uso universalizado de métodos anticonceptivos, con la finalidad de reducir el número de embarazos no deseados”. Una ley de plazos es la respuesta que el PSOE plantea para el tema.
Zapatero da muestras más que suficientes de esta intencionalidad transformadora con la afirmación, entre otras, del deseo de “ abordar con carácter general la regulación de los cuidados paliativos y del testamento vital e impedir que se persiga a quien trate de evitar el sufrimiento a los demás”.
 
Otro apartado que será abordado por el desarrollo legislativo de la presente legislatura es el correspondiente a la “libertad religiosa”. Zapatero afirmaba en su discurso final haber tratado de derechos también bajo la discusión sobre el alcance de “la libertad religiosa; sobre el reconocimiento y la protección a los millones de españoles católicos; sobre la tutela de los españoles no católicos; sobre las consecuencias obligadas de la previsión constitucional sobre el carácter laico del Estado”.
 
Según el PSOE “es necesaria una nueva ley que contemple en toda su amplitud esa realidad plural para regular sin discriminaciones los derechos de la ciudadanía en el ejercicio de sus libertades de conciencia, de asociación, de expresión, etc. en lo que afecta a la pertenencia a comunidades religiosas”. Y eso significa que los católicos en España tendrán la misma relevancia que los musulmanes: “La Iglesia católica, cuya singularidad histórica, cultural y sociológica en España reconoce el Partido Socialista, debe ser consciente de que el inciso final del art. 16.3 de la Constitución Española no otorga prevalencia de derechos y no es razón para privilegios ni puede significar limitación alguna de la aconfesionalidad del Estado”. Esa reforma pasa por la desaparición progresiva de símbolos y liturgias religiosas en los espacios públicos y en los actos oficiales del Estado y por revisar la financiación de la Iglesia católica. Para hacer todo ello posible el PSOE se compromete a apoyar la reforma de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa (LOLR 7/1980) porque “es necesaria una nueva ley que contemple en toda su amplitud esa realidad plural para regular sin discriminaciones los derechos de la ciudadanía en el ejercicio de sus libertades de conciencia, de asociación, de expresión, etc. en lo que afecta a la pertenencia a comunidades religiosas”.
 
La “tutoría” del Estado sobre lo religioso y lo moral y el sometimiento de todo lo público a un laicismo dominante nos anticipan consecuentemente a una etapa de intento de sujeción de la Iglesia a los márgenes que dicte el Estado; de equiparación de la religión católica al resto de confesiones religiosas en términos de reconocimiento y posible financiación, y de eliminación progresiva del hecho religioso en los actos públicos y civiles.
 
Estas “novedades” –entre otras- son núcleo visible de lo que representa el lema “La Fuerza del Cambio”. Sin duda merece la pena concentrar la atención en dicha idea motriz porque nos permite aproximarnos al porqué de la iniciativa de Zapatero en estas áreas frente a su inacción e incapacidad de sortear y afrontar, por ejemplo, la actual crisis económica. En su discurso Zapatero comentaba que algunos se habían extrañado de la invocación del Cambio cuando el Partido Socialista ya estaba en el Gobierno. La elección del lema no extraña tanto si se atiende a la intención también expresada de “pensar más que en lo que se hecho hasta ahora, en lo que tenemos que hacer en el futuro”.
 
El propio presidente se encarga de explicar en qué consiste este “cambio”:
 
El Cambio va mucho más allá de una mera alternancia en el gobierno. El gobierno para otros es el objetivo pero no para nosotros, afirma; para nosotros –continúa- el gobierno es el instrumento. Acaso para otros el gobierno es la meta; para nosotros es el camino. Somos una fuerza que viene de lejos y somos una fuerza que va aún más lejos. El Cambio del que hablamos es la transformación de nuestra sociedad.
 
Tal concepción nos ayuda a entender el orden de prioridades del Gobierno y los acentos de su iniciativa, absolutamente centrada en la transformación social y política y lejana a resolver los problemas de los ciudadanos o a favorecer un sistema de verdaderas oportunidades para jóvenes y adultos, o de protección del trabajador mediante medidas correctoras de la situación económica, o de planteamientos ambiciosos de posicionamiento en el área exterior o de influencia en la Unión Europea.
 
La orientación de los proyectos del Gobierno está prefijada de antemano y el conjunto diseñado con anterioridad sin importar la celeridad de estos cambios, su correspondencia con la realidad o la demanda social, su sometimiento a procesos serios y rigurosos de debate político, y sin medir su posible impacto en una sociedad que pasa por un progresivo deterioro social, contrastable a través de numerosos indicadores.
 
La firme determinación de este proceso de cambio se ve favorecida por el actual panorama político español, escenario en el que la oposición encabezada por el Partido Popular es incapaz de reaccionar con coherencia política al “tsunami” que tiene ante sí. Esto se debe a dos motivos principales: uno, el auténtico nihilismo o vacío argumental que existe actualmente en el discurso público del partido en torno a estas cuestiones que ya están sobre la mesa y que se van incorporando al calendario político-legislativo; dos, el error de diagnóstico al identificar esta iniciativa con una “cortina de humo” para disimular la crisis. La acción del Gobierno en las áreas mencionadas -como en otras paralelas- no va encaminada a desviar la atención de la opinión pública para restar espacio político a la crisis, sino que se convierte en el instrumento de transformación conforme a unas ideas preconcebidas.
 
El peso de la ideología en todo este planteamiento es absoluto y total, y tal afirmación no es fruto de la interpretación porque el mismo presidente de gobierno lo reconoce abiertamente. No en vano Zapatero instruía a conciencia a sus allegados en el 37 Congreso: “Nosotros, los socialistas, sabemos desde hace mucho tiempo, desde hace más de un siglo, que la mayor potencia de cambio, la fuerza que conduce y arrastra al mundo, la fuerza transformadora más poderosa, es la fuerza de las ideas. Por eso, sabemos que hemos de ser capaces de hacer dos cosas a la vez: transformar el presente desde el gobierno e imaginar el futuro desde las ideas”.
 
Confirmamos por lo tanto que la tarea del Gobierno en la presente legislatura no es otra que transformar la sociedad española desde un ambicioso programa ideológico prefigurado, que rescata y nos recuerda el marco propio de las ideologías totalitarias del siglo XX, diseñadas en laboratorios políticos y filosóficos y aplicadas con contundencia desde ópticas distintas pero todas ellas desconcertantes y aniquiladoras del concepto de “persona”.
 
Rodríguez Zapatero reactiva, con mucho sentido, parte del ser de su partido. Dice: “nosotros somos un partido, no lo olvidéis nunca, de Acción”. Esta es la primera y más nuclear definición de la actual ejecutiva socialista y de sus dirigentes, y en consecuencia, de su proyecto político para los próximos cuatro años. Acción, derechos de ciudadanía, laicidad y cambio son los ejes sobre los que se desplegará todo el programa emergente de este Congreso. La propuesta de la nueva ley del aborto es tan sólo un primer paso contundente y sin rodeos que pone rostro y forma al “cambio” definido. Este complejo y cuidado proyecto precisa de una respuesta política urgente, inteligente y también audaz capaz de presentar una alternativa real de gobierno, de posiciones políticas y de ideas. En este punto se mide la política, en la posibilidad de responder a una opción con otra y de articular líneas políticas alineadas con nuestros principios y valores; la cuestión es si los poseemos y defendemos o carecemos y prescindimos de ellos.

 
 
Mª Ángeles Muñoz (Madrid, 1978) es politóloga por la UCM especializada en Análisis Político y Relaciones Internacionales, con doctorado en Procesos Políticos en la UE y países de la Antigua Unión Soviética (UNED). Ha sido profesora de Sociología en Valencia, donde también ha coordinado formación en Dirección y Comunicación para profesionales a través de la Universidad Politécnica (UPV). Actualmente participa en foros de estudio europeo y realiza análisis político y electoral en diferentes medios.



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