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Pacifismo y presupuesto de Defensa
En letra impresa nº 304   |  30 de Noviembre de 2004
 
(Publicado en Expansión, el 29 de noviembre de 2004)
 

El presupuesto de defensa para 2005 ha generado una gran decepción. Muchos militares e industriales del sector creían que el peso político del actual ministro, José Bono, se traduciría en un aumento de los recursos para los ejércitos el próximo año. Es más, la solemne declaración del Presidente del Gobierno en el Portaaeronaves Príncipe de Asturias, anunciando que las Fuerzas Armadas tendrán “los medios que necesita nuestra defensa” había acrecentado la expectativa. Sin embargo, un análisis de los presupuestos aprobados por el Congreso desmiente las palabras del Presidente.
 
El Gobierno aprobó en primera instancia un presupuesto de defensa que suponía un crecimiento del 4,2 por ciento. No era para tirar cohetes, especialmente cuando el conjunto del gasto crecía el 6,2 por ciento, pero hay que reconocer que crecía al mismo ritmo que lo hizo el año anterior con un Gobierno popular. Ese aumento era más de lo que muchos esperábamos de un Gobierno socialista que había hecho del pacifismo radial una de sus banderas electorales.
 
El problema es que el propio Grupo Socialista recortó el presupuesto de defensa en 37,5 millones de euros para poder pagar sus enjuagues políticos de última hora con ERC e Izquierda Unida. La cantidad no es cuantitativamente muy elevada, pero cambia radicalmente la percepción. El crecimiento del gasto en defensa se reduce con esta enmienda a un 3,6 por ciento, que en términos reales es prácticamente una congelación. Con dos agravantes, primero que en un presupuesto claramente expansivo, la Defensa queda marginada de ese crecimiento del gasto público. Segundo, que el panorama estratégico se ha obscurecido sustancialmente tras el 11-M. El Gobierno, sin embargo, ha hecho un presupuesto como si nada hubiera cambiado en el mundo ni en España en el último año en materia de seguridad.
 
Las retribuciones de personal del Departamento, con un aumento del 1,5%, disminuyen de hecho en términos reales con este presupuesto. Sorprende esta minoración cuando todos reconocemos que la escasez de soldados y marineros en nuestras Fuerzas Armadas es el principal problema de la Defensa. Como mantengamos la tendencia actual, podemos terminar construyendo unas fragatas carísimas y ultramodernas que tengan que permanecer en puerto porque no hay dotaciones de marineros para operarlas. La opción del Gobierno ha sido reducir las dotaciones de personal de tropa y marinería en cuatro mil efectivos respecto al año anterior. Creo que las reducciones de personal tienen un límite y ese límite está sobrepasado. Pero el Gobierno socialista parece rendirse en materia de reclutamiento.
 
Mejorar la captación de soldados no depende sólo de las retribuciones, pero el salario es sin duda un factor determinante. Con este presupuesto no hay margen para subidas retributivas que no sólo propicien una mayor afluencia de tropa, sino que mejoren la motivación de unos mandos muy necesitados de reconocimiento y aliento. El principal compromiso electoral del PSOE en materia de Defensa, un pomposo Plan de Calidad de Vida, tampoco tiene reflejo presupuestario en 2005.
 
El aumento del capítulo 2, de gastos corrientes y servicios, ha sido la principal conquista exhibida por el Ministerio de Defensa. Sin embargo, este incremento tiene truco. De los 89 millones de aumento, descontada la enmienda del Congreso, 65 corresponden a transferencias del capítulo 1 al capítulo 2. Es decir, el crecimiento de los gastos de funcionamiento tiene mucho más de artificio contable que de realidad.
 
Es más, si descontamos los 17 millones de aumento para operaciones de paz, que al tratarse de un crédito ampliable son irrelevantes, nos encontramos con que los gastos corrientes lejos de aumentar disminuirán un 2 por ciento en términos reales para el próximo año. La cosa empeora aún más si tenemos en consideración que mientras el capítulo 2 crece en el programa de Administración y Servicios Generales un 14 por ciento, lo hace tan sólo en un 4 por ciento en el programa de gastos operativos. Esto significa más dinero para los burócratas y menos para las unidades de combate.
 
Las inversiones crecen, una vez descontadas las enmiendas del Congreso, un 3,7 por ciento, muy por debajo del incremento del 5,3 por ciento que tuvieron con el último presupuesto de Aznar. El problema es que con una factura acumulada de 25 mil millones de euros para los próximos años sólo en los grandes programas en marcha, el nivel de inversión actual es manifiestamente insuficiente. El Gobierno actual ha contribuido a agrandar la bola añadiendo un nuevo proyecto, un segundo buque de apoyo logístico, al tiempo que congela la cuantía global de este programa. En todo caso, el Gobierno parece infinitamente más preocupado por salvarse del incendio que él mismo ha organizado en los astilleros que por las necesidades reales de nuestros ejércitos.
 
Las consecuencias de esta insuficiencia son dobles. Por un lado, programas menores, pero esenciales para la operatividad de las Fuerzas Armadas, como el sistema CIS del Ejército de Tierra o los vehículos de transporte sufren fuertes recortes. La segunda es que estamos tan hipotecados en la modernización, necesaria en todo caso, de los sistemas de armas del Siglo XX (carros, buques y aviones) que no queda margen para desarrollar los del siglo XXI (vehículos no tripulados, armas inteligentes o el desarrollo de la “Network Centric Warfare”, por poner algunos ejemplos)
 
En definitiva, el Gobierno socialista reduce aún más el esfuerzo en defensa español, situándolo en un muy escaso 0,83% de su PIB, el gasto más bajo de los aliados europeos, y lo hace además condicionado por unos socios parlamentarios que no creen ni en España ni menos aún en la necesidad de su Defensa. Lo único que podemos reconocer a este presupuesto es una gran coherencia entre el discurso radicalmente pacifista del Presidente del Gobierno y la realidad de las cifras consignadas para el Ministerio de Defensa para el próximo año.        

 
 


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