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Curro en Salsa Rosa
Por GEES
Apuntes nº 33   |  29 de Noviembre de 2004
 
Las declaraciones del Ministro de Asuntos Exteriores acusando al ex Presidente Aznar de apoyar el intento de golpe de estado en Venezuela el 11 de abril de 2002 hubieran provocado en cualquier país serio el ostracismo político de quien las realizó, de no haberlas rectificado de inmediato. Está por demostrar que la España de ZP siga siendo un país serio. Viendo los noticiarios de  la televisión pública española hay quien opina que España empieza a parecerse a marchas forzadas a la Venezuela de Chávez  o a la Cuba de Castro. Las palabras de Moratinos eran sin duda más propias de Aló, Presidente o de un editorial del Granma que de un programa de debate político en la televisión pública de la séptima economía occidental.
 
La Vicepresidenta Primera del Gobierno se ha encargado de formalizar el apoyo del gobierno a Moratinos, indicando que es un Ministro de Asuntos Exteriores “excepcional”. Estamos absolutamente de acuerdo. Excepcional es, según el diccionario, lo que se aparta de lo ordinario, o que ocurre rara vez. Moratinos es, por fortuna, excepcional como Ministro de Asuntos Exteriores en la historia de nuestra democracia y en los países de nuestro entorno.
 
Pero el exabrupto de Moratinos debería preocupar a quienes se toman en serio nuestra democracia. Este episodio, si al final no pasa nada, introducirá en los usos políticos del gobierno de ZP la práctica de la telebasura. Puede que este tipo de programas sean el referente intelectual más importante de algunos ministros. Si se va a hacer campaña a favor de la Constitución Europea en el programa Gran Hermano no nos debe extrañar que Moratinos dirija la política exterior de España como si actuara en Salsa Rosa: vociferante, maleducado y utilizando la injuria y la calumnia como herramientas para adquirir cinco minutos de notoriedad.
 
Pero de todo se puede aprender. El observador desapasionado puede contemplar algunas realidades tras el exceso verbal de Moratinos.
 
En primer lugar, la debilidad  del Ministro dentro del Gobierno y del PSOE. Moratinos es un recién llegado al socialismo. Eso le hace sentirse inseguro entre sus propios compañeros. Él sabe que debe su puesto más a las malas relaciones de ZP con Solana, un personaje con peso dentro del partido y con prestigio internacional, que a sus propios méritos. Esa inseguridad le hace radicalizar y exagerar sus posiciones, poniendo de manifiesto su falta de pericia política y de profesionalidad diplomática. Muchos en el PSOE empiezan a temer las consecuencias de los desaguisados del ministro. En esa clave deben interpretarse algunos recados que el grupo Prisa ha difundido estos últimos días, en los que se aboga claramente por un regreso de Solana a la política nacional.
 
En segundo lugar, la debilidad del Gobierno, al que en los últimos días parece que se le complican las cosas. Las palabras de Moratinos han pretendido lanzar una cortina de humo ante realidades que el Gobierno preferiría que no se vieran. El debate nacional está más agrio que nunca gracias al continuo chantaje de los independentista de ERC y a la consiguiente claudicación del gobierno. La fragilidad de la coalición parlamentaria ha cosechado dos sonoros fracasos en pocos días. Y la comparecencia de Aznar en la Comisión del 11M es temida porque recordará a los ciudadanos las circunstancias que permitieron el cambio electoral y la manipulación de la tragedia. Moratinos se ha prestado a ser la herramienta para  ocultar esas miserias, provocando un revuelo mediático con sus declaraciones insidiosas.
 
En tercer lugar, la falta de una política Exterior seria y coherente, en especial hacia Iberoamérica. Si la política exterior de una país consiste en defender sus intereses nacionales es casi imposible que este Gobierno tenga una si el propio ZP certifica en el Senado que no cree en España. En lo que se refiere a Iberoamérica, ZP y Moratinos, en vez de apoyar las instituciones democráticas, el fortalecimiento institucional, la economía de mercado y la inserción internacional de la región, han optado por la alianza con Castro y Chávez. Es decir, han decidido hacer el juego a la última dictadura comunista de Occidente y apoyar el populismo antiliberal de un aprendiz de tirano.
 
Suponemos que el Ministro de Asuntos Exteriores hará lo contrario de lo que lea en este comentario, si es que tenemos tal honor. Por eso nuestra conclusión es clara: ¡Curro, quédate!


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