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Las tres heridas de España
En letra impresa nº 284   |  10 de Octubre de 2004
 
(Publicado en el Diario Palentino, el 10 de octubre de 2004)
 
Nuestra transición democrática permitió superar las grandes heridas históricas que habían conducido al enfrentamiento de las dos españas. La división entre izquierdas y derechas, entre centralistas y separatistas, entre católicos y anticlericales, entre monárquicos y republicanos. Así, nuestra Constitución se erigió como un punto de encuentro para un proyecto común basado en los principios de la libertad, la prosperidad, la tolerancia y la justicia.
 
El Gobierno socialista parece querer ahora volver a dividir España porque considera que eso puede resultarle rentable en términos electorales. Para ello ha reabierto tres frentes que parecían superados tras 25 años de convivencia democrática: el modelo de Estado, los valores morales y la polarización izquierda-derecha.
 
La primera decisión de este Gobierno, tras la vergonzante retirada de Irak, fue reabrir el debate sobre el modelo territorial. Es un debate que en última instancia pasa por redefinir lo que es España. El Gobierno ha reconducido así lo que era un problema de Partido, la coexistencia de modelos de Estado contradictorios dentro del PSOE, en un problema nacional. Los socialistas pretenden así que los españoles les resolvamos lo que ellos no son capaces de arreglar internamente.
 
El Gobierno no ha dudado además un instante en poner en riesgo el futuro de España como Nación con tal de alcanzar y mantenerse en el poder. Para ello están dispuestos a ceder a cualquier exigencia de sus socios independentistas. El proceso así planteado puede llevar a un grave enfrentamiento entre la gran mayoría social que sigue apostando por un proyecto común de España y las minorías nacionalistas que aspiran a la segregación de sus respectivos territorios. No existe en el Gobierno ni la valentía, ni la fortaleza, ni el liderazgo para plantear un nuevo proyecto capaz de generar mayor consenso o apoyo que el definido por la Constitución. Por el contrario, al Gobierno le interesa callar cobardemente mientras las voces se alzan expresando cada vez posiciones más enfrentadas.
 
Lo segundo que el Gobierno quiere desgarrar es la conciencia moral de la sociedad española. Primero fue el anuncio de liberar el aborto. Después el falso debate de la eutanasia. Ahora el matrimonio homosexual y la posibilidad de que las parejas de gays y lesbianas adopten niños.
 
Todos estos proyectos, que van en contra los principios morales más básicos de la mayoría católica que persiste en nuestro país, han generado la lógica reacción de la jerarquía eclesial. A ello ha respondido el Gobierno eliminando la religión como asignatura obligatoria e insinuando una revisión de la financiación de la Iglesia.
 
Estamos por tanto en una nueva dinámica de enfrentamiento cuyas consecuencias pueden resultar nefastas para la convivencia. El trecho entre un enfrentamiento dialéctico con la jerarquía y una movilización de la gran base católica, que a pesar de la crisis religiosa subsiste en nuestro país, es más corto de lo que el Gobierno calcula. Es seguro que esa movilización generará a su vez una reacción anticlerical alentada desde el propio poder. Todo ello puede hacer renacer un conflicto felizmente superado en las últimas décadas.
 
Por último, el enfrentamiento izquierda-derecha viene promovido por el interés del Gobierno socialista de aniquilar política y moralmente los ocho años de Gobierno del PP. Ese intento sólo puede provocar una derechización del centro, que al Gobierno puede convenirle a corto plazo, y la práctica de un sectarismo implacable desde la izquierda en el poder. Esta radicalización y este sectarismo puede dejar huérfanos a una gran mayoría de españoles que habían hecho del centro su seña de identidad.
 
Me gustaría terminar estas líneas con un mensaje de optimismo. Sin embargo, no creo en la capacidad de este Gobierno para ahuyentar los fantasmas que el mismo está reviviendo. Mi esperanza es que la sabiduría y la madurez democrática de la sociedad española, una vez superado el golpe emocional que supuso el 11-M, convierta en transitorio este Gobierno de forma que estas heridas no sean más que rasguños fácilmente curables en el futuro.


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