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Una guerra, muchos frentes. Los ataques contra Rusia son ataques contra nosotros, también
Colaboraciones nº 142   |  20 de Septiembre de 2004
 
(Publicado en Weekly Standard volumen 010, edición 02 ,
el 20 de septiembre del 2004)
 
Mientras los políticos norteamericanos señalan y cuestionan las cualificaciones de uno y otro para liderar la guerra contra el terror, mientras europeos y norteamericanos se lanzan recriminaciones mutuas sobre la guerra de Iraq, los terroristas han estado actuando. Los islamistas radicales han golpeado España, forzando un cambio de gobierno allí. Han atacado a ciudadanos de muchos de los países que apoyaban los esfuerzos norteamericanos por crear un Iraq democrático. Han capturado a rehenes franceses para forzar a Francia a derogar una de sus leyes. Y han asesinado a más de 500 rusos en una semana y media, exigiendo el reconocimiento por parte de Rusia de la secesión de Chechenia. No debería haber duda alguna a cualquier lado del Atlántico de que el mundo occidental está envuelto en una guerra a muerte, o de que los ataques contra uno son ataques contra todos. Ni tampoco debiera haber duda alguna de que solamente el tipo de respuesta poderosa y agresiva que la administración Bush ha iniciado tiene alguna esperanza de éxito en este conflicto.
 
El pueblo ruso ha sido vapuleado por una serie de ataques que se acercan a la escala y al horror del 11 de Septiembre -- la mitad de los 330 muertos conocidos en el ultraje de Beslán eran alumnos, que fueron obligados a pasar hambre y fueron privados de agua durante más de dos días antes de ser asesinados. Y los rusos han notado que Norteamérica no ha sufrido otro ataque terrorista desde el 11 de Septiembre. Como un policía ruso observó austeramente tras la tragedia, según The New York Times, "En los Estados Unidos, después del 11 de Septiembre, no hubo más ataques. Aquí no han hecho nada. Nos golpean por todos lados".
 
El presidente ruso, Vladimir Putin, ha reconocido más o menos que su estrategia de centrarse en los aspectos políticos del problema de Chechenia ha fracasado, y que su país está de nuevo en guerra. Elogió implícitamente la respuesta norteamericana al 11 de Septiembre bajo dirección de Bush, destacando, "Los sucesos de otros países prueban que los terroristas se topan con el revulsivo más efectivo cuando enfrentan no sólo el poder del estado, sino a una sociedad civil también organizada y unida". Pareció reconocer, finalmente, que el agresivo antiamericanismo previo de Rusia podría haber sido inmerecido: "Hemos de admitir que fracasamos al no reconocer la complejidad y el peligro de los procesos en marcha en nuestro país y en el mundo en su totalidad". Rusia ha pagado un precio horrible por estos fracasos.
 
Los horribles ataques contra Rusia son ataques contra nosotros, también. Rusia es un estado joven, no del todo estable, cuya creciente democracia está en peligro constante. Es probable que los ataques de la magnitud que acabamos de atestiguar conduzcan a una erosión adicional tanto de la estabilidad como de la democracia. Puede que también mueva a los rusos a represalias que excedan los límites aceptables si Putin carga contra los chechenos al calor de sus emociones y miedos. Tal respuesta excesiva puede, a su vez, ayudar a llenar las filas de las organizaciones radicales islamistas. Igual que los rusos deben reconocer que sus diferencias con nosotros son triviales comparadas con los peligros comunes a los que hacemos frente, debemos reconocer que su lucha antiterrorista es indivisible de la nuestra.
 
Hasta los franceses han tenido que considerar que sus esfuerzos por distanciarse de las políticas de Norteamérica en Oriente Medio no han producido el resultado esperado. La captura de rehenes franceses y la declaración de guerra a Francia de Zarqawi en respuesta a la prohibición francesa del velo islámico en las escuelas públicas acentúan el hecho de que la oposición a las políticas norteamericanas no es suficiente para garantizar la seguridad en esta guerra ideológica. Cualquiera que sea el resultado de la ley del velo, el mundo debe saber que los islamistas radicales no están respondiendo simplemente a los ataques contra musulmanes en Oriente Medio. Creen que tienen el derecho de censurar y oponerse por medio de la violencia viciosa, incluso por medios pacíficos, a lo que los estados democráticos de Occidente adoptan en sus propios territorios. Los franceses fueren inteligentes al rehusar derogar su ley en respuesta a tal amenaza, y fueron afortunados esta vez por haber desactivado la crisis sin pérdida de vidas. Pueden no ser tan afortunados la próxima vez.
 
Sobretodo, estos acontecimientos recientes deben recordar tanto a norteamericanos como a europeos que los ataques radicales islamistas no resultan pura y simplemente de la agresión norteamericana. Incluso estados como Rusia o Francia, que se han opuesto categóricamente a las acciones de Estados Unidos en Oriente Medio, han sido objetivo y víctima debido a sus propias políticas. Las tentativas de desviar a los terroristas no han funcionado. El compromiso político no ha funcionado. La diplomacia no ha funcionado. Hasta ahora, lo único que ha funcionado han sido los esfuerzos agresivos de arrancar y destruir a las organizaciones terroristas en Afganistán e Iraq, y las medidas agresivas para asegurar nuestra patria. Los norteamericanos deben ser cautos en felicitarse, porque puede llegar otro ataque mañana y nuestras defensas nunca estarán completas al 100 por cien. Ni podemos afirmar tampoco que hemos adoptado el mejor enfoque posible a nuestras guerras y diplomacia durante los últimos años.
 
Pero los acontecimientos de las últimas semanas han demostrado claramente que los acercamientos y las críticas simplistas que llegan del bando de Kerry tienen muchas menos probabilidades de tener éxito que la estrategia más compleja y sofisticada que la administración Bush busca. El programa adecuado no es, como dice Kerry, "internacionalizar" la coalición de Iraq, ser cauto y defensivo en el uso de nuestro poder, para asegurarse de que nos movemos al paso de otros estados que, absolutamente equivocados, no se sienten tan amenazados como nosotros. La estrategia correcta es atacar a los terroristas donde viven y se entrenan, para ejercer presión sobre sus patrocinadores a fin de que dejen de  apoyarles, acumular nuestras defensas en el país y en el exterior, y estar dispuesto a luchar para prevenir ataques contra nuestra patria. Esta es la esencia de la estrategia de Bush en la guerra contra el terror, apoyada por la determinación única del presidente de proteger la seguridad de los norteamericanos. Es la única estrategia, como los sucesos han demostrado, que tiene alguna esperanza de éxito.
 

Frederick W. Kagan es historiador militar y co-autor de While America Sleeps.   
 


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