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El exilio y los emigrantes cubanos en Miami
Por GEES
Apuntes nº 32   |  14 de Agosto de 2004
 
En los últimos días, los medios de comunicación de nuestro país han informado acerca de las recientes medidas adoptadas por el gobierno norteamericano al respecto de las visitas a Cuba por parte de sus ciudadanos y residentes legales. En ellos aparecen unos cubanos enfurecidos y ultrajados clamando contra Bush y su administración, acusándole de separar a las familias cubanas y negándole el derecho a tomar este tipo de medidas. Los comentarios de los narradores españoles hablan de error de cálculo por parte de su gobierno, o incluso de estar éste preso de la influencia de los sectores más ultramontanos del exilio cubano. Televisión Española anunciaba, con emoción apenas disimulada, que esta nueva situación podía hacerle perder el voto de los cubanos de Miami y, por tanto, arriesgarse a perder el crucial estado de Florida, gobernado por el hermano del presidente -Jeff Bush-  y que fue determinante en el resultado de las anteriores elecciones.
 
La realidad, como suele ocurrir en estos casos, es bastante más compleja. Las distintas generaciones de cubanos en el exilio tienen actitudes distintas con respecto a las políticas idóneas para tratar con la dictadura castrista. También influye de manera decisiva el momento en el que estos tuvieron que exilarse y las razones por la que lo hicieron. Todas estas variables influyen de forma decisiva en la actitud de los cubano-americanos, por lo que a pesar del esperanzado vaticinio de la prensa española, es muy improbable que esta comunidad vote como un bloque o que rechace estas medidas.
 
La primera generación del exilio cubano corresponde a los que salieron en los primeros años inmediatamente después de la toma del poder por parte de Castro. Compuesta en su mayoría por empresarios, profesionales liberales y personas afines al ideario liberal, se refugiaron en gran parte en los EE.UU. Por la obvia cercanía geográfica a su tierra natal, la mayor concentración se produjo en Miami, capital del exilio cubano. Su nivel de integración en la sociedad americana fue muy notable, organizándose en poco tiempo como grupo de presión y alcanzando elevadas cotas de prosperidad. Esta generación, conforma la mayoría de la postura denominada “histórica” por sus afines e “intransigente” por sus opositores. Son los que apoyan las medidas más duras contra el régimen, están más organizados y tienen la mayor influencia sobre las posiciones de Washington, al haber adoptado la nacionalidad americana y poder votar en estos comicios. Además, siguiendo la tendencia general estadounidense por la que los ciudadanos de más edad son más propensos a votar, serán éstos los que más participen en las elecciones que enfrentarán a Bush y a Kerry.
 
La segunda generación del exilio está formada por los hijos del exilio histórico, muchos de ellos nacidos en Cuba, pero criados en los EE.UU. Están completamente integrados en la cultura y sociedad americana. Tanto es así, que sólo una parte minoritaria de ellos está involucrada de manera activa en actividades anti-castristas y su interés por los asuntos cubanos es menos intenso. Con todo, aunque sus posturas son más moderadas y pragmáticas, en general su oposición al régimen castrista es total y el apoyo al embargo es mayoritario.
 
Por último existe una tercera generación de cubano-americanos, caracterizados por el hecho de que muy posiblemente no hayan estado nunca en Cuba y porque a pesar de ser conscientes de su herencia cultural, se sienten más americanos que cubanos. De todos lo mencionados éstos son los menos interesados en un eventual retorno a la isla, puesto que tienen sus vidas absolutamente orientadas hacia los EE.UU. No suelen estar interesados en la vida política cubana y contemplan un eventual retorno como algo bastante improbable. No obstante, su voto suele ir en el mismo sentido que el de sus mayores.
 
En paralelo, a lo largo de los más de cuarenta años de duración de la dictadura de Castro, se ha ido produciendo una emigración (que no exilio) de índole no estrictamente política hacia los EE.UU. Ya fuera como un goteo de desesperados que se arriesgaban en balsas o la recurrentes crisis de refugiados en embajadas, existe una emigración movida por la desesperación económica más que por las diferencias ideológicas, que ha terminado recalando en Miami y que con el tiempo ha ido aumentando en tamaño. Éstos tienen posturas distintas con respecto a la política a seguir para con la dictadura. Un ejemplo paradigmático de la actitud del régimen con respecto a estos emigrantes de la desesperación es su actuación durante la crisis de la embajada de Perú durante el año 1980. Habiéndose refugiado alrededor de diez mil personas en dicha sede diplomática, Castro les permitió embarcar con diversos destinos, incluyendo los EE.UU, desde el puerto del Mariel. Aprovechando la coyuntura, embarcó junto a los que trataban de escapar a delincuentes provenientes de cárceles comunes y de psiquiátricos, con el doble propósito de librarse de elementos indeseables y de crearle problemas a los EE.UU. Sin duda, Fidel logró su objetivo. A día de hoy, ser llamado “marielito” es un grave insulto en la comunidad cubano-americana  a pesar de que la mayoría de ellos se han integrado satisfactoriamente en el país anfitrión.
 
Por último, se ha producido otra “ola” de emigración, vinculada al fin de la ayuda soviética a Cuba y al comienzo de auténticas penalidades para la población, observable en los últimos diez o quince años. De todos los grupos mencionados, es en éstos en los que se encuentra un menor compromiso político y una mayor indiferencia hacia las cuestiones de principios que tienen que ver con el embargo, las restricciones para viajar, etc. Son éstos los que más se beneficiaban de los viajes a Cuba y los más afectados por las medidas. Aunque son residentes legales en los EE.UU. (concedido de manera automática si se alega condición de perseguido político), no son en su mayoría ciudadanos de este país, por lo que no pueden votar y, por ende, no pueden afectar el resultado de las elecciones. Por ello, aunque sus exabruptos resulten ruidosos y visibles, su impacto en las elecciones venideras no se espera que sea muy significativo.
 
Es principalmente a éstos, y no a los anteriormente descritos, a los que se ha podido ver en los aeropuertos y en las calles de Miami, protestando por las medidas del gobierno de EE.UU. Es fácil de comprender el porqué de su actitud. Tienen familia en la isla y quieren cuidar de ellos y mantener el contacto, pero además no existe un antagonismo marcado con el régimen. De hecho, en ocasiones, declaran abiertamente no estar interesados en política. El exilio, aunque no tiene una postura unánime, mantiene desde hace mucho tiempo la posición de que darle un sólo centavo a la isla es dárselo a Castro, por lo tanto alargándole la vida a la dictadura. Además de la obvia controversia por esta actitud con respecto a las visitas a la isla y al régimen, las diferencias de extracción social y cultural entre el exilio y los emigrantes provocan tensiones en el seno de la comunidad.
 
Este porcentaje de emigrantes no es homogéneo en sus valores y posturas. No todos han llegado a estar tan bien integrados en la sociedad americana como los de primera hora. Además, como señalan los miembros del exilio histórico, su falta de compromiso político hace que se comporten de manera que en ocasiones puede resultar beneficiosa para Castro. Como ejemplo se suele citar el hecho de que buena parte de estos cubanos viaja con frecuencia a la isla para visitar a sus familiares, llevarles dinero, ropa y medicinas, etc. Lo que no se suele mencionar, sin embargo, es que el régimen de la isla les cobra toda una serie de impuestos arbitrarios que van a parar directamente a las arcas del régimen. Con el final del sostén soviético, el régimen se habría adaptado para exprimir al máximo los ingresos provenientes del turismo y de los exiliados. De ahí la medida del gobierno norteamericano.
 
Aunque no ha sido determinante, también es digno de mencionar la aparición de formas de vida asociadas a la peculiar situación que existía entre la isla y los EE.UU. Por ejemplo, los llamados “mulas”, personas que se especializaban en llevar todo tipo de efectos a familiares y amigos de residentes en los EE.UU. por un precio, claro. Toda una plétora de servicios asociados a los viajes a Cuba surgió de la nada. Desde operadoras de viajes hasta tiendas de maletas, pasando por agencias que tramitaban la petición del visado para viajar. Incluso hace su aparición la picaresca en aquellos refugiados que huyen de la isla y consiguen el permiso de residencia alegando condición de perseguido político. Como no tenían medios de sustento obtienen ayuda económica de los EE.UU., el llamado “welfare”. Una vez logrado y transcurrido un año, se trasladaban otra vez a Cuba por periodos de meses, viviendo de los dólares americanos. Obviamente esta ayuda no es una fortuna en los EE.UU., pero en Cuba les permitía vivir muy por encima de sus anteriores posibilidades.
 
Por supuesto, no todos los emigrantes de última hora corresponden a este perfil. La mayoría de ellos son personas honradas que lo único que desean es vivir en libertad. Sin embargo sería de una inocencia imperdonable ignorar los rasgos particulares de este último grupo. No abandonaron la isla por estar en descuerdo con sus principios sino porque la condiciones de vida no eran las que ellos deseaban. Esto hace que sus posturas políticas con respecto al régimen y a la eventual transición sean mucho más tibias y no les importe en demasía mantenerle la respiración asistida al régimen de Castro.
 
A pesar de las acusaciones vertidas por este último conjunto de cubanos contra la administración americana, lo cierto es que el único responsable del éxodo y de la consiguiente ruptura de la familia cubana es Fidel Castro y su dictadura. Resulta tragicómico que los medios  y la izquierda política española (que se dicen democráticos y claman al cielo cuando de otros dictadores sanguinarios se trata) mantengan una amistosa ambigüedad para con el tirano. La prensa española debería informarse mejor acerca de las particularidades de los cubanos-americanos antes de publicar análisis incompletos y sesgados, que inducen a sus lectores a formarse opiniones basadas en una situación deseada por los editores pero no real... afortunadamente.


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