Turquía
La principal preocupación turca desde antes de la invasión de Iraq ha sido la situación de los kurdos y, en menor medida de los turcomanos iraquíes y el estatuto de la ciudad de Kirkuk. Los temores turcos se reflejan en la posibilidad de una entidad kurda independiente en el norte de Iraq, lo que llevaría según Ankara, a una desestabilización aun mayor de la región. Hay que señalar que hay tropas turcas en territorio iraquí desde 1997, junto a la frontera turca, enclavadas entre las zonas controladas por el Partido Democrático del Kurdistán y la Unión Patriótica del Kurdistán, para evitar la secesión de un posible Estado kurdo y controlar y perseguir a los militantes del PKK.
La ciudad de Kirkuk, cuya región es muy rica en petróleo, está habitada por tres grupos étnicos principales: kurdos, árabes y turcomanos, siendo la gran mayoría de la población musulmana, tanto chiíta como suní. Kirkuk fue intensamente repoblada con población árabe por Saddam Hussein en su campaña para arabizar la región, pero los kurdos consideran que la ciudad es parte integrante del Kurdistán histórico. Según Ankara, actualmente se esta produciendo el movimiento contrario, ya que se está repoblando la ciudad con kurdos, y la ciudad está rodeada por milicianos kurdos (peshmergas). Turquía ha mostrado su disposición a defender a los turcomanos de las ambiciones kurdas, ya que para Ankara, Kirkuk no debe formar parte de la región kurda, sino que su petróleo debe de estar controlado por el Estado iraquí. El pasado 10 de julio, una delegación turca formada por altos funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores y oficiales militares y de inteligencia realizó una visita al norte de Iraq por invitación de Yalal Talabani del UPK. El jefe de la delegación dejó clara la postura turca al afirmar que Kirkuk es un “mini Iraq”, debido a la complejidad de la composición étnica y confesional de la ciudad. El general Ilker Gasbug advirtió contra “algunos grupos étnicos que están intentando cambiar la situación demográfica de la ciudad” añadiendo que “nuestro temor es que los errores que se cometan en Kirkuk pueden llevar a todo el país hacia una guerra civil”. Turquía aboga por la concesión de un estatuto especial para la ciudad. Según el diario turco Radikal, la posibilidad de llegar a un acuerdo con Talabani está bastante cercana. Turquía está demandando la elaboración de un censo de la ciudad lo antes posible, ante la llegada de gran número de kurdos. Abdul Hamid Bilici, del periódico turco Zaman, cercano al gobierno islamista de Erdogán, afirmó que solo hay una posibilidad de que Turquía intervenga militarmente en el norte del Iraq. “Una de los principios de la política exterior turca es que el petróleo iraquí no debe de ser controlado por ningún grupo étnico en exclusiva, ya que todos los iraquíes deben compartirlo. Cualquier intento por cambiar la situación en Kirkuk se encontrará con una fuerte reacción turca. La ambigüedad sobre el status de Kirkuk podría tener terribles consecuencias que podrían arrastrar a toda la región, incluyendo Turquía a un nuevo conflicto”. La propuesta de Talabani es la de hacer en Kirkuk un estatuto similar al de Bruselas en Bélgica, y según fuentes del ministerio de Asuntos Exteriores iraquí, el líder de la UPK habría aceptado no unir Kirkuk a la región kurda ni a la árabe. La respuesta turca ha sido satisfactoria, ya que se considera que conceder un estatus especial a Kirkuk sería “una cura para los males de la región”.El general Basbug declaró que “por supuesto que esto es una decisión iraquí, pero Kirkuk es muy importante para la seguridad turca”, debida a la abundancia de petróleo en la región y a la existencia de una importante comunidad turcomana. Precisamente el líder de esta comunidad, Faruk Abdurrahman visitó recientemente Ankara, donde se reunió con el primer ministro turco, Recep Tayep Erdogan, quien manifestó su apoyo a los turcomanos, expresando su disconformidad por la escasa representación de estos en el gobierno interino. Igualmente declaró que la formación de un estado federal en Iraq basado en diferencias étnicas o religiosas no es aceptable. De hay las advertencias turcas contra cualquier intento de secesión, “Kirkuk puede ser el Sarajevo de Iraq. Si algo sucede allí, será imposible contener la crisis. La lección de Yugoslavia es que si das la independencia a un país el resto la querrá también.”
Irán
Irán puede haber sido el país más beneficiado en la región por la invasión de Iraq por parte de la coalición liderada por los EE UU. En primer lugar por la eliminación de un importante enemigo regional como era el Iraq de Saddam Hussein, y en segundo lugar por la posibilidad de ampliar su influencia en el país vecino, que cuenta con una mayoría chiíta. Como contrapartida Irán no ve con agrado la presencia de más tropas estadounidenses en sus fronteras, como ha sucedido anteriormente en Afganistán y los países de Asia Central, pero esto se ha visto compensado por la situación de inestabilidad de Iraq y las dificultades encontradas por los EE UU en el país vecino. Irán cree por esto que EE UU tardará bastante tiempo en aventurarse en otra incursión similar en la región. Como indican Edward Wong y Nazila Fathi en el New York Times “Irán se encuentra en la mejor posición en décadas para influir en el futuro político de Iraq”.
La posición oficial iraní respecto a Iraq durante el último año y medio ha sido de prudencia y respetuosa con los movimientos habidos en el país vecino (Irán fue de los primeros países en reconocer al gobierno provisional iraquí y en abrir una sede diplomática en Bagdad). Tras el reciente traspaso de poderes, el gobierno iraní daba “la bienvenida a cualquier acción encaminada a devolver la soberanía a la mayoría del pueblo Iraquí y a finalizar la situación de ocupación de nuestro vecino. Confiamos en que esto [el traspaso] sea un paso en esta dirección y que conduzca a un gobierno basado en la opinión del pueblo iraquí”. Irán está interesado en el fracaso de EE UU en su política iraquí, pero tampoco quiere que el país se vea envuelto en el caos total, sino que apuesta por un gobierno encabezado por la mayoría chiíta, con lo que se asegurarían unas mejores relaciones. Esto se ve claramente en las declaraciones realizadas tras la última reunión en conferencia de la CIO entre el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Kamal Jarrazi y su homólogo iraquí Hoshya Zebari. Jarrazi destacó los valores comunes islámicos que ambos países comparten, valores que considera que garantizan una buena relación. “El gobierno interino iraquí debería establecer buenas relaciones con sus vecinos”, afirmó el ministro iraní. Por parte iraquí se habló de una pronta visita del primer ministro Allawi a Irán.
Los movimientos iraníes no se han limitado a sus lazos tradicionales con los chiítas iraquíes, ya que Irán ha realizado importantes acuerdos con los kurdos. Yalal Talibani, jefe de la Unión Patriótica del Kurdistán, intentó realizar acuerdos de cooperación con Arabia Saudí, pero sólo obtuvo de ésta la construcción de algunas mezquitas en el Kurdistán, mientras que Irán reconstruyó la ciudad de Halabja (donde se llevó a cabo la campaña de limpieza étnica dirigida por Alí el Químico, en la que murieron 5000 personas), y financió la construcción de hospitales, escuelas, y proyectos civiles en el Kurdistán, al mismo tiempo que ayudaba y financiaba la reconstrucción del ejercito kurdo y las fuerzas de seguridad kurda.
En cuanto a los principales actores chiítas, hay que tener en cuenta que el Consejo Supremo para la Revolución Islámica en Iraq (CSRII) fue creado en el exilio en Irán, y como su nombre indica, su principal objetivo es bastante cercano a la creación de un régimen similar al iraní. Este partido estaba liderado por el carismático ayatolá exiliado en Irán, Mohamed Bakr al-Hakim, que fue asesinado en un atentado en Nayaf en octubre del año pasado. Su puesto fue ocupado por su hermano Abdelaziz, que no tiene el peso del difunto Mohamed Bakr. Pese a su nombre, este partido ha mantenido relaciones con los EE UU y apoyó al gobierno provisional, lo que hizo que la facción más conservadora dentro del clero iraní se alejase de él. Las brigadas Badr vinculadas a este partido, ahora llamadas organización Badr tras la prohibición de las milicias, cuentas con 10 000 miembros armados.
El ayatolá Sistani nacido en Irán, representa un problema para la línea dura dentro del gobierno iraní, ya que es la figura más respetada dentro del chiísmo iraquí, y hasta el momento se ha mostrado contrario a la instauración de un régimen similar al iraní en Iraq, apoyando una separación entre poder religioso y secular, y declarándose partidario de una democracia que respete los principios religiosos del Islam y que tenga en cuenta que ésta es la religión mayoritaria del país.
Por último, Muqtada al-Sadr representa una fracción importante dentro del chiísmo iraquí, especialmente entre los jóvenes urbanos desempleados o con ingresos muy bajos. El modelo de Estado de Sadr es más cercano a la teocracia iraní que el de al-Sistani, teniendo en cuenta que al-Sadr es un ferviente seguidor de Jomeini. Pero el populismo de al-Sadr se ha expresado también en una retórica anti-iraní, por lo que Irán no ha dado su total apoyo al joven clérigo, sino que ha sido utilizado más bien como arma contra al-Sistani. Todo esto teniendo en cuenta que oficialmente Irán no se ha decantado nunca por ninguna facción en particular, y se ha limitado a expresar su deseo de que el país recupere su independencia y pueda decidir libremente su futuro. La agenda iraní respecto a Iraq parece estar dividida entre el pragmatismo que les ha llevado a cooperar con los EE UU en su interés por alcanzar la estabilidad del país y asegurarse un gobierno chiíta cercano a sus tesis, y en mantener la retórica antiimperialista jugando en ocasiones la carta de al-Sadr o similares.
Siria
Las relaciones sirias en las últimas décadas con Iraq han sido, en el plano político, de confrontación. La relación de odio entre los ex presidentes de ambos países, pese a pertenecer al mismo partido, el Baaz, era notoria. Siria fue el único país árabe que se alineó al lado de Irán en la guerra Iraq-Irán, y asimismo se opuso a Iraq tras la invasión de Kuwait. Tras esta guerra, las relaciones empezaron lentamente a mejorar, más en el plano económico que en el político. Siria conseguía petróleo y energías a bajo coste, e Iraq pasó a ser una pieza importante para la debilitada economía siria. La influencia siria en la política interna iraquí no es grande, aunque mantiene buenas relaciones con los chiítas y parte de las tribus suníes tienen vínculos familiares con Siria, pero su papel en la región sí que es importante estratégicamente. Tras comprobar los problemas americanos en Iraq, Siria pudo respirar aliviada, ya que después de la fácil victoria anglo-americana, temió poder ser uno de los próximos objetivos militares del Pentágono. Pese a ello, las relaciones sirio-estado-unidenses se han visto empeoradas por la imposición por parte de los EE UU de la Syrian Accountability Act, aunque Siria se haya mostrado dispuesta a colaborar en la guerra contra Al Qaeda.
El traspaso de poder en Iraq es, desde el punto de vista sirio, claramente insuficiente, ya que no acarrea una recuperación de la soberanía, dada la presencia de tropas extranjeras en suelo iraquí, señalando el hecho de que las tropas iraquíes se encontrarán bajo el mandato de una fuerza multinacional en determinadas misiones. Por todo esto, el traspaso es considerado meramente un “cambio formal” (Al-Thawra, 1 de julio). El objetivo final según este análisis, es aislar a Iraq de su entorno árabe y debilitarle para que no vuelva a representar una amenaza para Israel, aparte de aprovechar sus recursos naturales.
Las relaciones sirias con el nuevo gobierno iraquí se han visto tensadas por las acusaciones del ministro de Asuntos Exteriores Hoshyar Zebari, que acusaba a gobiernos de estados vecinos (aunque sin mencionar ninguno en concreto) de apoyar a grupos terroristas que actúan en Iraq, aunque en general los contactos entre los dos gobiernos se mantienen amistosamente. En cuanto a las relaciones con Turquía, tras varios años de enfrentamiento entre los dos países, han mejorado de forma extraordinaria desde la invasión de Iraq, y especialmente tras la visita del presidente sirio a Turquía en enero de este año. Respecto a Irán, sigue habiendo un alto grado de entendimiento, sobre todo en la cuestión iraquí.
Arabia Saudí
El último gran vecino de Iraq no estuvo nunca preparado para encontrar su sitio en el nuevo Iraq. El gobierno saudí teme una futura alianza entre Irán y un nuevo Iraq dominado por la mayoría chiíta, que minimizará su influencia económica, estratégica y petrolera en la zona, y que lleve a la minoría chiíta del país a reclamar sus derechos. Durante los años noventa, Arabia Saudí rechazó colaborar (o lo hizo de una forma mínima) con la oposición iraquí kurda y chiíta, lo que le coloca actualmente en una situación totalmente marginal. Incluso sus relaciones con los suníes iraquíes árabes nunca fueron buenas, por motivos ideológicos y sectarios. Desde la época hashemí hasta el gobierno baazista, el credo oficial saudí (wahhabi), han considerado a Iraq como un país impío en la práctica, limitándose las ayudas ofrecidas por el reino saudita a limosnas para la construcción de mezquitas o para obras religiosas.
Respecto a los sucesivos gobiernos que se han sucedido en Iraq tras la caída de Saddam Husein, la posición oficial saudí ha sido más bien tibia, aunque aceptando a regañadientes el reconocimiento de estos gobiernos como representantes de Iraq, Actualmente las relaciones exteriores no son el tema principal para el gobierno saudí, ya que está envuelto en una lucha contra al Qaeda dentro de la península arábiga que concentra la mayor parte de sus energías. La situación exterior es bastante delicada para la casa Saud, aunque todavía cuenta el apoyo de EE UU, pese a la existencia de voces discrepantes entre los neo-cons. La futura vuelta de Iraq como productor de petróleo de primer orden también representa una amenaza para los intereses saudíes, especialmente si el futuro gobierno iraquí estrechase sus lazos con Irán.
Israel
Finalmente hay que tener en cuenta un país, que aunque no sea vecino de Iraq es fundamental para el desarrollo de la zona y del país. Se ha comentado ampliamente en los últimos días el artículo publicado en el New Yorker por Seymur Hersh, titulado “Plan B”, en el que se habla de las relaciones de Israel con los kurdos. Según este artículo, Israel habría concluido a finales del pasado año que la administración Bush no conseguiría traer la democracia y la estabilidad a Iraq, por lo que tendrían que considerar otras opciones, “estableciendo una presencia importante sobre el terreno en la región semiautónoma del Kurdistán”. Esta presencia serviría para contrarrestar la influencia iraní a través de la mayoría chiíta en el nuevo Iraq. Esta alianza entre kurdos e israelíes ha sido desmentida por ambas partes, y el malestar expresado por Turquía ha provocado que Israel haya hecho público un comunicado negando esta relación. Según Abdul Hamid Bilici, del periódico turco Zaman, “el gobierno turco tiene informaciones alarmantes sobre actividades israelís en el norte de Iraq”. Por su parte, Mahmoud Osman, del Partido Islamista Kurdo y miembro del antiguo gobierno provisional iraquí, considera que estas informaciones parten de los servicios de inteligencia turcos. “Es Turquía la que tiene una alianza estratégica con Israel, a pesar de las recientes declaraciones del primer ministro Erdogan contra Israel. Considero que esta alianza perdurará porque es lo que el ejército turco desea.” Estos movimientos son considerados por los países de la zona como altamente desestabilizadores, ya que Turquía, Siria y en menor medida Irán cuentan con unas importantes minorías kurdas, y teniendo en cuenta que los peshmergas son la única milicia no desarmada en Iraq (alrededor de cuarenta mil hombres). Del lado israelí, se ha negado cualquier tipo de actividad como las descritas en el artículo de Hersch. El primer ministro israelí, Ariel Sharon, reconocía que Israel se había reunido recientemente con los líderes kurdos Barzani y Talaban, pero afirmó que apoyar a los kurdos sería “un asunto delicado en relación con Turquía”, y que “Israel sólo mantiene buenas relaciones con los kurdos”.
Conclusión
Los movimientos diplomáticos se han intensificado enormemente tras el traspaso de poder en Iraq. El presidente sirio, Bashir al-Assad, ha realizado una visita de dos días a Irán, en la que ambos países han mostrado su acuerdo en lo que concierne al futuro de Iraq. Tras esta reunión, el primer ministro iraní Jatami declaró que “esta crisis era previsible (en alusión a los problemas de seguridad de Iraq), y su fuente es la agresión y la ocupación de Iraq por parte de los EE UU. La solución es un final rápido de la ocupación, la instalación de un gobierno que incluya todos los componentes del pueblo iraquí y la cooperación de la comunidad internacional en la reconstrucción del país”. Por su parte Turquía recibirá esta semana la visita del primer ministro sirio, Nayed Otri y del vicepresidente israelí, Ehud Olmert. Igualmente Irán ha enviado una delegación para discutir el tema de la lucha contra el terrorismo. “Irán esta comprometido en una cooperación positiva y constructiva en el campo de la seguridad con nuestra vecina Turquía”, afirmó el jefe de esta delegación. La confluencia de intereses de estos tres países se ha hecho realidad gracias a los acontecimientos sucedidos en Iraq. Los tres países (especialmente Turquía) están interesados en un Iraq unido, por temor a la desestabilización que supondría un Estado kurdo en el norte de Iraq, o un control de los kurdos sobre el petróleo de Kirkuk. Igualmente están interesados en un gobierno estable, especialmente Irán, que vería consolidada su posición en la región con un gobierno dominado por los chiítas en el nuevo Iraq, aunque esto no signifique automáticamente que los intereses de un gobierno chiíta iraquí sean los mismos que los de Irán. Por su parte Israel buscará contrarrestar esta posible alianza de alguna manera, probablemente utilizando la baza kurda, aunque cuidando no ofender a Turquía y pese al peligro de desestabilización aun mayor que puede haber en la región. Lo que parece claro es que Iraq es el tablero de juego donde se está jugando el futuro de la región, a costa de los propios iraquíes.