(Publicado en el Diario Palentino, el 11 de julio de 2004)
El Gobierno español ha decidido multiplicar casi por diez la presencia de tropas españolas en suelo afgano, pasando de los pocos más de cien soldados actualmente en la misión a una cifra que superará los mil efectivos. El Parlamento ha respaldado ampliamente este incremento porque la oposición del Partido Popular considera que Afganistán es hoy uno de los lugares del mundo en el que el triunfo de la libertad es más determinante en nuestra lucha contra el terror. Sin embargo, el Gobierno ha enviado nuestras tropas más por conveniencia, para tratar de limpiar su imagen de desertor tras nuestra precipitada retirada de Iraq, que por verdadera convicción. La decisión ha sido además políticamente camuflada.
En primer lugar, esta decisión ha sido ocultada deliberadamente a la opinión pública hasta después de la celebración de las Elecciones Europeas. Es más, durante la campaña electoral el Gobierno no sólo ocultó la decisión, sino que negó incluso que llegara a producirse. El PSOE tenía miedo de que el anuncio del envío de tropas a Afganistán arruinara su campaña electoral, que tuvo precisamente en la retirada de Iraq su principal reclamo. El Gobierno socialista ha ocultado así durante meses información a la opinión pública, y en reiteradas ocasiones al Parlamento, por mera conveniencia electoral.
En segundo lugar, el Gobierno trata de camuflar los números. España pasará de unos 140 efectivos en Afganistán a tener más de mil. El Gobierno pretende hacernos creer que simplemente doblará, pasando de 500 a mil. Para ello el gobierno fuerza la geografía hasta considerar que Afganistán es una isla en el Índico y descuenta los efectivos de la fragata española allí situada como tropas en suelo afgano. El Gobierno pretende así camuflar la entidad de su decisión porque no quiere que los españoles piensen que las tropas que retiró de Iraq con tan alto coste para nuestros intereses y nuestra credibilidad internacional serán ahora reenviadas a Afganistán para tratar de tapar sus vergüenzas. Pero el aumento es tan notable que nos sitúan ante una misión no sólo cuantitativa, sin cualitativamente distinta.
El Gobierno trata también de camuflar la naturaleza misma de la misión. El Presidente defendió la pasada semana en el Congreso el énfasis humanitario y asistencial de la operación que desarrollarán nuestras tropas. Pero la verdad es que nuestros soldados no van únicamente con una misión humanitaria ni es esa la esencia de la tarea que tiene encomendad allí la OTAN. Nuestros ejércitos irán a Afganistán a defender la libertad y a luchar contra el terrorismo. Esta es una tarea esencial para la defensa de nuestra propia democracia y para poder garantizar la seguridad de los españoles.
Hay a su vez un intento de camuflar el mandato de la misión. El intento de ocultación es doble. Por un lado, se pretende hacer creer a los españoles que la misión en Afganistán cuenta con el respaldo de Naciones Unidas, mientras que en Iraq ese mandato no existe. La verdad es que las resoluciones aprobadas para el Consejo de Seguridad dan igual cobertura de legalidad internacional a una y otra operación. En segundo término, se pretende vender la operación en Afganistán como una misión europea, cuando en realidad se trata de una operación de la OTAN con un importante liderazgo de Estados Unidos. El despliegue coyuntural del Cuartel General del Eurocuerpo es algo que responde a una política de rotaciones de las estructuras de mando sobre el terreno, pero no modifica el marco en el que se desarrolla la misión.
Por último, el Gobierno pretende camuflar también los riesgos. El Presidente considera que esta es una misión de bajo riesgo comparada con Iraq. Es una presunción falsa. En Afganistán, además de al terrorismo de Al Qaeda habrá que enfrentarse a los restos del régimen talibán, a los señores de la guerra y a las poderosas redes del narcotráfico. Por otro lado, a los terroristas les parece tan ofensiva y provocadora nuestra presencia en Afganistán con la OTAN como lo era nuestra presencia en Iraq con la Coalición. Nuestros soldados van a asumir un gran riesgo y la opinión pública debe saberlo y debe convencerse de que es un riesgo necesario. Ocultar esa realidad sólo producirá desafección en el futuro.