Grupo de Estudios Estratégicos RSS
Portada > Colaboraciones > Política de Estado





Buscar artículos publicados por el GEES
Buscar BuscarEspanol - Ingles
Política de Estado
Colaboraciones nº 94   |  21 de Junio de 2004
 
Las memorias de Madeleine Albright, recientemente editadas en español, contienen una primera lección que no puede dejar de producir una desesperanzada melancolía a quienes hemos asistido al reciente cambio de gobierno en España. Están realizadas desde la praxis que los americanos califican de “bipartisan”, para la que tal vez no tengamos mejor traducción al español que la solemne expresión de “política de Estado”, aunque esa misma solemnidad sea un indicio de lo poco habitual de esos comportamientos entre nosotros. La nota que la señora Albright deja a su sucesor –“Estimado Colin”- en la que se remite a la continuidad del trabajo con cuantos habían sido sus antecesores, “todos los cuales sintieron que representar a Estados Unidos era el mayor de los honores”, no parece que sea moneda habitual por estas latitudes.
 
Ese mismo carácter no partidista tienen sus reflexiones preliminares dedicadas a España, que han sido escritas después del 11-M, en las que no aparece ninguna alusión al cambio de gobierno que se perfilaría tres días después. Son palabras, no lo olvidemos, de un alto cargo de la administración norteamericana anterior pero que, en temas de terrorismo, no se distancian de lo que dicen los gobernantes actuales. Albright cree que la preocupación central de un gobernante, ante cualquier acto terrorista, debe ser  la de comprometerse seriamente para que los criminales no logren sus objetivos, que es lo contrario a perderse en buscar razones que, a la larga, terminan por difuminar la responsabilidad de los verdaderos culpables. El 11-M, al igual que el 11-S americano, fue un atentado “intencionado, malvado, abominable y monstruoso” que exigía una respuesta firme, como la que el gobierno americano dio hace tres años, y a la que el Gobierno español prestó su ayuda de una forma decidida.
 
Albright lo reconoce así y subraya el valor de la política de colaboración española anterior, con iniciativas de paz que alcanzaron un punto culminante en la conferencia de Madrid de 1997. Desde esos años, ha reconocido en la política exterior española una voluntad de liderazgo que ha tenido un costo en vidas –la Secretaria de Estado recuerda el accidente de aviación en Turquía- pero que era la consecuencia de una actuación coherente  en defensa de unos principios. “En el mundo de hoy –afirma, refiriéndose a la política española- el liderazgo tiene un precio”.
 
Es obvio que todo eso se ha esfumado al día de hoy aunque no hayan faltado proclamaciones de protagonismo un tanto sonrojantes, que han llegado hasta provocar protestas diplomáticas formales de nuestro antiguo aliado. Las alineaciones diplomáticas se han visto alteradas de forma brusca y, por lo que parece, sin contrapartidas dignas de valor. No ha habido voluntad de dar una mínima continuidad a nuestra política exterior y, por el contrario, se ha puesto el énfasis en la imagen de ruptura y de cambio radical de rumbo, proclamándolo a los cuatro vientos, sin la prudencia y reserva que cabe desear en la orientación de la política exterior
 
Y, lo que es peor, se ha dilapidado descaradamente el capital acumulado en la política exterior de los últimos años, con el único afán de dirimir las diferencias en los asuntos internos. Algo que debería ya estar excluido de los recursos a utilizar por un gobernante responsable.

Octavio Ruiz-Manjón es Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad Complutense de Madrid.

 


© 2003-2008 GEES - Grupo de Estudios Estratégicos
Aviso legal | Mapa Web | Lista de correo | Contactar