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Crónica napolitana
Reseñas nº 33   |  31 de Mayo de 2004
 
(Del libro Nápoles 1944  de Norman Lewis, Madrid.
Publicado en ABC, 31 de mayo de 2004)

A lo largo de los siglos hemos conocido distintos tipos de viajeros, que nos han aportado formas de ver diferentes y enriquecedoras. En nuestros días es común el especialista en el género, la firma prestigiosa que prepara con tiempo sus viajes, se documenta, conoce la historia de los lugares que va a visitar y sabe en cada momento lo que debe preguntar. Hay en estos autores un equilibrio entre erudición y espontaneidad, que nos permite conocer en la distancia mundos tan lejanos como apasionantes. Pero no todos responden a este modelo.
 
Otro de los tipos característicos es el espía, a quien hoy llamamos agente de inteligencia. Nos referimos a aquella persona que por motivos profesionales es enviada a un lugar más o menos remoto para lograr determinada información y que aprovecha su experiencia para, pasado un tiempo prudencial, compartir sus vivencias con los lectores. Los españoles disponemos de algunos buenos retratos realizados por espías británicos, como son los casos de Alexander Jardine, para los años de la Monarquía Ilustrada de Carlos III y del breve reinado de Carlos IV o de Robert Semple, para la Guerra de la Independencia.
 
El espía viajero no siempre hace gala de una prosa brillante, ni de referencias literarias o históricas en su narración. No es el fin último de su viaje el mostrar desde la erudición una determinada sociedad en su perspectiva temporal. Su objetivo y por ende su mirada es más práctica, a veces funcional. Por ello, su texto sencillamente tratará de transmitir una experiencia que considera interesante para una persona ilustrada con ansias de conocer otros pueblos.
 
Norman Lewis responde a este modelo, pero con algunas matizaciones. Es, por encima de todo, un vitalista. Un hombre que ama la vida y que dispone de una energía desbordante, de la que dio buena prueba a lo largo de los más de noventa años que vivió, en los que tuvo tiempo de  contraer tres matrimonios, dominar seis lenguas, realizar multitud de viajes y redactar un buen número de libros, entre los que destacan dos sobre España. Lewis es, sin lugar a dudas, uno de los escritores de este género más atractivos de la segunda mitad del siglo XX en el Reino Unido, tanto por su obra como por su vida.
 
De origen humilde, no pudo entrar en la Universidad por falta de recursos. Sin embargo, su facilidad para los negocios le llevó a desarrollar una provechosa actividad comercial, origen de un patrimonio que le permitió desde una temprana edad iniciarse en lo que se convertiría en la pasión de su vida: los viajes. Al comenzar la II Guerra Mundial fue movilizado y seleccionado, por su facilidad para los idiomas, para trabajar en el servicio de inteligencia. A lo largo del conflicto fue enviado a distintos países, entre los que se encontraba Italia. Trabajó en distintos enclaves napolitanos, viviendo en primera línea el efecto del desplome del régimen fascista en aquella sociedad, así como la llegada de las fuerzas aliadas y los primeros pasos dados para restablecer el principio de autoridad y la formación de un nuevo estado.
 
Su Nápoles, 1944, toma la forma de un Diario. En 1978 Lewis volvió a las notas que había tomado para redactar los informes a sus superiores y a partir de ellas elaboró este excelente libro de sorprendente actualidad. No hay presunción literaria ni apenas erudición, sino vida a raudales. Lewis entra de lleno en la sociedad napolitana y nos describe con un humor contenido y un gusto por lo surreal a unas gentes que viven momentos durísimos desde  una mentalidad aún antigua y ahogada por una historia de autoritarismo e injusticia.
 
Las guerras se parecen unas a otras hasta límites sorprendentes. Siguiendo la descripción que Lewis nos hace de aquellas ciudades y pueblos nos encontramos en algunos momentos recreando escenas ya leídas de lo que fue nuestra Guerra Civil y, en otros, ante las páginas de un periódico de hoy día siguiendo los sucesos en Irak. Su relato sorprende en muchos casos por lo ya conocido, por la insistencia con la que determinadas situaciones se repiten a lo largo de la historia y en países distintos.


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