Hemos de felicitarnos todos por la rápida aparición en España de este libro, publicado en Dinamarca por sus autores, el matrimonio Jespersen-Pittelkow, en febrero de este año y diligentemente traducido al español por la Editorial Gota a Gota de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES).
[1] Nada mejor para comenzar el nuevo curso académico y político, máxime si consideramos que será preciso seguir alimentando un debate bien informado en momentos en los que iniciativas buenistas como la Alianza de Civilizaciones siguen avanzando - en abril de 2009 el Presidente José Luis Rodríguez Zapatero y su homólogo turco, Recip Tayyip Erdogan, copresidirán en Estambul el Segundo Foro de la Alianza - y cuando los islamismos radicales siguen haciendo sus incisivas campañas mediáticas y terroristas por doquier.
El libro no tiene desperdicio y se lee de un tirón y con mucho gusto. Sus autores son personas con enorme experiencia y nadie puede acusarles de oportunismo o de trayectorias radicales y xenófobas. Karen Jespersen es Ministra de Bienestar e Igualdad del actual Gobierno liberal y fue Ministra de Integración y Asuntos Sociales (1993-2000) y luego del Interior (2000-2001) en gobiernos socialdemócratas. Su marido, Ralf Pittelkow, fue asesor del Primer Ministro socialdemócrata Poul Nyrup Rasmussen, es analista político en diversos medios de radio y televisión y columnista en el vilipendiado Jyllands-Posten, el diario que publicó las caricaturas del Profeta Mahoma en 2005. Este es el segundo volumen que ha publicado con su esposa y ambos tienen en su haber una extensa bibliografía por separado.
El libro constituye un refrescante recorrido por la experiencia vivida antes y después de que la tormenta estallara en la plácida Dinamarca en torno a cuestiones como hasta dónde debe de llegar la libertad de expresión y del debate sobre cómo perciben estas cuestiones los musulmanes asentados - insertados muchos más que integrados - en suelo europeo. Recordando ahora que representantes de todas las religiones y muchos creyentes de a pie de estas criticaran en su momento el que se ridiculizara en alguna de dichas caricaturas al propio Mahoma - como dentro del Islam, suní y shií, muchos criticaron en su momento aberraciones como la película “La última tentación de Cristo” - lo que aquí se analiza y hacia donde debemos de llevar todos el debate es hacia la crucial cuestión que los autores definen en una lapidaria frase: “En los últimos decenios, se hace cada vez más evidente que la nueva forma de amenaza totalitaria a la que debemos enfrentarnos es el islamismo” (página 12).
El conflicto de las caricaturas permitió a daneses y a otros descubrir la verdadera faz del islamismo, más o menos radicalizado pero ideología en cualquier caso, que dibuja un mundo aparte (halal o permitido y puro frente al resto que es haram, prohibido o impuro) y que trabaja para lograr que las reglas de ese mundo se impongan más pronto que tarde al resto. Como tal ideología es hostil a la libertad, antidemocrática y antihumanista y esta premisa debe de ser conocida por quienes ahora y en el futuro se sienten a dialogar y/o a negociar con islamistas. Nuestra defensa firme de la libertad y nuestra capacidad para no ceder ante las pretensiones totalitarias de los islamistas nos será útil a nosotros, aquí en Occidente, pero será también muy útil a aquellos musulmanes que han sufrido y sufren a diario la persecución y represión ejercida por los islamistas en su propia piel y a los que, insisten los autores, en ningún caso deberíamos de defraudar.
Estas aseveraciones, unidas al agudo análisis que estos hacen del creciente ascenso del islamismo entre nosotros, son más necesarias que nunca en momentos como los actuales, cuando tantos despistados - involuntarios algunos y voluntarios y, por ello, malintencionados otros - apuestan por los islamistas como la “verdadera y única alternativa de poder en el mundo árabo-musulmán”. Los que creen que Hamás es mejor que la “corrupta nomenclatura palestina de los tunecinos”; los que ven a Hizbollah como una fuerza social y política respetable en lugar de ver el instrumento armado, terrorista y narcotraficante que es; los que consideran que Argelia debería de estar gobernada por el Frente Islámico de Salvación (FIS) obviando tanto el infierno terrorista que ha sufrido este país como la creciente penetración de los islamistas en sus élites de poder hoy; y los que defienden, en suma, que nuestros verdaderos interlocutores, los de nuestros diplomáticos, empresarios y ONGs deberían ser los líderes islamistas en lugar de los “déspotas” que gobiernan el mundo islámico desde Mauritania hasta Pakistán, deberían, todos ellos, leer este libro. La terapia sería sin duda muy útil, al menos para aquellos que aún albergan un mínimo de sensatez y sentido común.
Tampoco está de más repasar, y los autores lo hacen con brillantez, cómo gobernantes de países árabo-musulmanes y figuras religiosas de estos, incluyendo a imames de Dinamarca y a otras figuras religiosas próximas al islamismo militante en todo el orbe islámico, manipularon los hechos para, con ello, agitar a las turbas en este nuevo frente de batalla: algo útil para aquellos de cara a seguir domesticando a sus súbditos, que no ciudadanos, y útil para estos para extender su mensaje totalitario. Cuando tantos y tantos occidentales abominan irresponsablemente de las libertades que disfrutan y critican a sus gobernantes acusándoles de ingerencias neoimperialistas y de conspiraciones sin fin bueno es que vean quiénes en verdad practican el despotismo y tergiversan la realidad a su antojo.
Un alegato pues contra el buenismo y contra lo políticamente correcto, algo extremadamente necesario en los tiempos que corren.