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Las cuentas pendientes de Irak
Colaboraciones nº 2397   |  15 de Septiembre de 2008
 
Dicen que el mundo se ha vuelto demasiado complicado para respuestas sencillas. Se equivocan. Ronald Reagan
 
Los soldados de Estados Unidos podrán comenzar a volver a casa a mediados de 2009, culminando el regreso en el 2011. Un acuerdo con el gobierno democrático de Irak así lo permitirá. La historia de la pacificación de Irak a lo largo del último año y medio se ha hurtado al público dada la escasa e interesada información que se ha divulgado en la prensa. No obstante, una vez cumplida su misión, los Estados Unidos y, especialmente, el pueblo iraquí, deberían hacer sus cuentas con ese Occidente que apostó por su aniquilación.
 
El mayor responsable militar americano en Irak, el general David Petraeus, será relevado de sus funciones a mediados de septiembre para hacerse cargo del mando que comprende la totalidad de Oriente Próximo. Su número dos, el general Raymond Odierno, ocupará su puesto en Irak. El pasado mes de abril, tras su segunda comparecencia en el Congreso americano para explicar el progreso de la estrategia de incremento de tropas, ordenada por el presidente Bush en enero de 2007, apareció en un popular programa de entrevistas de la televisión. Preguntado por el periodista acerca de qué hubiera hecho si le hubiera tocado tomar la decisión de atacar Irak en 2003, con el conocimiento retrospectivo de todo lo que se sabe ahora, decidió no eludir la respuesta. Conocido por su laconismo y su expresión técnica de los asuntos, por su cuidada voluntad por poner las cosas tal como son evitando cualquier acusación de parcialidad, nada le hubiera resultado más sencillo que decir que no considera cuestiones hipotéticas y que, como militar, se limita a cumplir órdenes. Sin embargo, no dejó terminar al locutor y contestó que era necesario vencer, y que tanto hacerlo como no hacerlo implicaba enormes consecuencias para los intereses estratégicos de los Estados Unidos y el mundo.
 
-         ¿Cree usted entonces que es posible vencer?
-         Sí, de no ser así, no haríamos (el general Odierno, el embajador Crocker y él mismo)  lo que hacemos ni estaríamos en los puestos en los que estamos.
 
Unos meses después los niveles de violencia de Irak son los más bajos desde el inicio de la guerra, Las estadísticas recolectadas por las autoridades listan todos los ataques (delincuencia común incluida) que se producen día tras día, a lo largo y ancho de todo el país. No solamente las cifras han sufrido una tendencia constante a la baja, sino que, en términos absolutos no son muy impresionantes ni siquiera para cualquier otro país.
 
La corta historia de cómo se ha logrado esto es simple. A partir de la decisión del presidente Bush de incrementar las tropas destinadas a Irak, y la subsiguiente elección de Petraeus, los nombramientos trataron de buscar a los mejores para cada puesto.
Generalmente se trataba de militares con largas trayectorias no sólo en combate sino en estudios, buscando a los famosos best and brightest, que resulta que quizá no fueron aquellos a quienes un profesor de Harvard se dirigía durante la guerra del Vietnam como la generación mejor informada de americanos, la más inteligente y la más idealista – y que se trajeron de vuelta a sus soldados para que en toda Indochina empezara un genocidio de dos millones de personas en cuatro años – sino estos militares de graduación creciente en función de sus méritos y no de su cercanía al poder.
 
Se hizo mayor hincapié en la actividad anti-terrorista mediante la implantación de un manual implacablemente detallado al respecto. Se aprovecharon los sentimientos contrarios a Al-Qaeda de las tribus sunitas de la provincia de Anbar y, por fin, se atacó, con la inestimable ayuda del ejército iraquí formado y entrenado a lo largo de estos años, a las milicias chiíes, que fueron derrotadas o están en proceso de transformación en movimientos políticos o sociales más o menos admisibles.
 
Así que, si, por una parte esos a quienes el especialista Angelo Codevilla identificaba como:
 
aquellos sunitas a los que decidimos llamar Al-Qaeda,
 
dudando de cualquier posibilidad de claridad en un entorno tan confuso, eran expulsados mediante la combinación de operaciones militares y reconciliación con el resto de la población; por otra, la seguridad en los barrios de Bagdad se ponía en manos de patrullas americanas decididas a detener la violencia etno-sectaria. Una vez lograda una tendencia positiva en estas misiones, la actuación contra las milicias chiíes, especialmente la controlada por Al-Sadr, fue coordinada con el gobierno iraquí de tal manera que la parte del león de las operaciones fue encomendada a las propias fuerzas armadas iraquíes, formadas en su mayoría por chiíes.
 
No obstante, en los meses que precedieron a la decisión de Bush de aumentar las tropas en Irak – que ha sido el elemento del cambio estratégico que más se ha destacado de la dirección de las operaciones realizada por el presidente en enero de 2007 – el ambiente político en Washington no era propicio a esta actitud – y menos aún en el resto de Occidente.
 
Acababa de presentarse el informe del Iraq Study Group cuya cabeza visible era el anterior secretario de estado de Bush padre – James Baker – y sus recomendaciones coincidían aproximadamente con el consenso progresista-realista alcanzado – con independencia de la situación – desde el mismo inicio de las hostilidades y aun antes. Se trataba de retirar las tropas cuanto antes, haciendo el menor estrépito. La recepción, tanto en las capitales europeas, como en los medios occidentales de estas medidas no pudo ser más favorable. Hasta el punto de que, viendo la dificultad de la situación generada en Irak tras el ataque a la mezquita de Samarra en febrero de 2006, la propia secretaria de estado Rice no era precisamente favorable a un incremento de soldados.
 
Desde hacía cierto tiempo ya un grupo de estudiosos de la guerra surgidos de entre las filas de los odiados neoconservadores – considerados responsables intelectuales de la guerra, y que habían sido identificados como una cábala judía que había secuestrado la voluntad del presidente Bush, tan realista y comedido antes del 11 de septiembre – volvían a la carga prometiendo – en los términos de sus críticos – echar más leña al fuego de unas circunstancias atrozmente asimilables a una guerra civil o a la anarquía total.
 
Haciendo esa historia más corta de lo que realmente es, hacia diciembre de 2006 Frederick Kagan, hermano del analista y escritor Robert Kagan, presentaba desde el American Enterprise Institute un plan – que puede ser proyectado como cualquier otro plan de empresa o de gerencia según lo que consideran adecuado los usos contemporáneos – denominado: Elegir la victoria: un plan para el éxito en Irak.
 
Fuera atendiendo a esa propuesta o a los artículos que periódicamente se publicaban en la revista de los neoconservadores – y en casi ningún otro sitio – The Weekly Standard, o bien, escuchando la teoría genérica de Norman Podhoretz que consideraba que perder el ánimo en Irak equivalía a echar por tierra una estrategia global correcta contra el islamofascismo, o bien fuera porque Bush no era tan bobo después de todo y había llegado a la misma conclusión escuchando a los generales en el terreno como no cesaba de repetir por aquella época aún influido por la conducción exitosa de las operaciones exclusivamente militares bajo el ministro Rumsfeld, el presidente anunció el cambio de planes el 10 de enero de 2007 ante los telespectadores americanos.
 
Lo que el presidente dijo en aquél momento fue lo siguiente:
 
Las consecuencias de un fracaso son claras: los extremistas islámicos radicales crecerían en fuerza y obtendrían nuevos refuerzos. Estarían en una mejor posición para derrocar a gobiernos moderados (en el Oriente Medio), crear caos en la región y usar los rendimientos del petróleo para financiar sus ambiciones. Irán quedaría envalentonado en su intento de lograr armas nucleares. Nuestros enemigos se encontrarían con un puerto franco desde el que planear ataques contra el pueblo americano.
 
Estos eran los males evitados a los que se refería Petraeus – fiel conocedor de su misión – más de un año más tarde, presentando resultados prometedores a los representantes de la soberanía nacional. El presidente, advertido precisamente por los militares de las previsibles consecuencias iniciales del incremento de tropas, observaba:
 
Esta nueva estrategia no traerá resultados inmediatos en el cese de los ataques de terroristas suicidas, en el uso de explosivos improvisados o en los crímenes. Nuestros enemigos en Irak harán todo lo posible para llenar nuestros aparatos de televisión con imágenes de muerte y sufrimiento. Sin embargo, con el transcurso del tiempo podemos esperar ver a las tropas iraquíes persiguiendo a los asesinos, menores actos de violencia extrema y un aumento de la confianza y la cooperación por parte de los residentes de Bagdad. Cuando esto suceda, la vida cotidiana mejorará. Los iraquíes ganarán confianza en sus autoridades y el gobierno contará con el espacio necesario para progresar en otros asuntos críticos. La mayor parte de los iraquíes chiíes o sunitas quieren vivir en paz, y reducir la violencia en Bagdad hará posible la reconciliación.
 
No es innecesario recordar que sólo unos meses antes el especialista en política exterior de los Demócratas, el Senador Joseph Biden – hoy candidato a la vicepresidencia – propugnaba la creación de tres estados en Irak sobre las líneas etno-sectarias de kurdos, sunitas y chiíes.
 
Poniendo el asunto en el contexto apropiado, Bush añadía:
 
El desafío que se plantea en el conjunto de Oriente Medio es más que un conflicto militar. Es la batalla ideológica decisiva de nuestro tiempo. En un lado están aquellos que creen en la libertad y la moderación. En el otro están los extremistas que matan a los inocentes, y han declarado su intención de destruir nuestro modo de vida. A largo plazo, el modo más realista de proteger al pueblo americano es proporcionar una alternativa esperanzadora a la odiosa ideología del enemigo, promocionando la libertad a lo largo y ancho de una región problemática. Es el interés de los Estados Unidos permanecer al lado de las mujeres y hombres valientes que ponen en riesgo sus vidas para reclamar la libertad y ayudarlos en su trabajo por crear sociedades justas y esperanzadas en todo Oriente Medio.
 
Refiriéndose al momento presente, cuando los editorialistas de los diarios que entonces hacían de profetas de la catástrofe desde sus cómodos despachos y  con cuya actitud mezquina se habían convertido en una soñada quinta columna para los criminales, apenas la celebran y casi parecen deplorarla, Bush advertía:
 
La victoria no será como aquellas que conocieron nuestros padres o nuestros abuelos. No habrá ceremonia de rendición sobre el puente de un buque. Pero la victoria en Irak traerá algo nuevo al mundo árabe: una democracia que funciona, que protege su territorio, mantiene el estado de derecho, respeta las libertades fundamentales, y responde a su pueblo. Un Irak democrático no será perfecto. Pero será un país que lucha contra los terroristas en lugar de darles cobijo, y ayudará a alcanzar un futuro de paz y seguridad para nuestros hijos y nietos.
 
Concluía:
 
Compatriotas: el año que tenemos por delante exigirá más paciencia, sacrificio, y decisión. Puede ser tentador pensar que América puede dejar a un lado las cargas que conlleva la libertad. Pero son los tiempos de prueba los que demuestran el carácter de una nación. A través de los tiempos los americanos siempre han desafiado a los pesimistas y comprobado la recompensa de su fe en la libertad. Ahora América está embarcada en un nuevo combate que marcará el curso del nuevo siglo. Podemos prevalecer, y lo haremos.
 
Vamos hacia delante confiando que el Autor de la Libertad nos guiará en estos tiempos de prueba. Gracias y buenas noches.
 
De este modo cancillerías y medios obtuvieron una segunda oportunidad para apoyar el plan de liberación de un pueblo que transitaba desde la tiranía por un periodo de violencia y confrontación. Sin embargo, es evidente que muchos no merecían esa segunda posibilidad para ponerse del lado de la libertad y el valor y que preferían la oscuridad y la cobardía en la que tan a gusto parecían sentirse.
 
Si entonces – en el 2003 y tras años de diplomacia y una resolución sobre las diecisiete anteriores advirtiendo de graves consecuencias a Sadam – no habían considerado admisible la intervención militar, tampoco ahora estaban dispuestos a apoyar el plan que podría, a sus ojos, remediar en alguna medida aunque fuera escasa, los males acaecidos. Lo más que hicieron fue dar a Bush por perdido en el ámbito de los seres humanos normales y tenerlo por loco, esperando que de alguna manera que no podían imaginar – quizá por haber atendido sólo superficialmente a la guerra a pesar de haber divulgado tantas imágenes atroces y tanto atentado aislado del contexto – aquella nueva tontería del americano podía salir bien, quizá forzando una retirada pronta debido al previsible incremento de muertes en los primeros meses.
 
El diario español El Mundo, cuya buena fe y mejores intenciones se presumen – aunque ya se sabe qué es lo que llenan – pero que sin embargo resulta significativo por otras razones, entre otras dirigirse a un público ilustrado, ser defensor del estado de derecho y la libertad de expresión, e inequívocamente contrario a toda cooperación con el terrorismo, decía en su editorial del 12 de febrero, Bush contra todos:
 
Ni la presión de la opinión pública estadounidense, ni la oposición de los demócratas -que ya controlan el Congreso y el Senado-, ni la sangría económica que la guerra ha supuesto para las arcas del país (cerca de 450.000 millones de dólares en cuatro años), ni las conclusiones de la comisión Baker -compuesta a partes iguales por demócratas  y republicanos-, ni el goteo incesante de bajas entre los soldados (se han superado los 3.000 muertos, a los que hay que añadir más de 22.000 heridos), ni la opinión de los altos mandos militares, ni presumiblemente -aunque no lo reconocerá públicamente- las reticencias del Gobierno de Irak. Por supuesto que tampoco el desprestigio internacional ante un conflicto que ha derivado en guerra civil y que ha tenido como corolario la esperpéntica ejecución de Sadam Husein, ni la masacre diaria de civiles, que desde el inicio de la guerra suma 652.000 iraquíes muertos, según los últimos informes (nota: menos de 100.000 a día de hoy según el recuento del independiente Iraq Body Count http://www.iraqbodycount.org/database/.Ciertamente circulaba por entonces un supuesto estudio de mortandad hecho por la revista Lancet con datos similares. Las universidades de Oxford y Londres descubrieron que se trataba de un recuento engañoso. Se desveló posteriormente que su financiación estaba parcialmente asegurada por el activista anti Bush George Soros). Nada, absolutamente nada, ha hecho variar a Bush su determinación de enviar nuevas tropas a Irak.
 
Queda claro que la primera conclusión que se desprende es que el presidente de Estados Unidos se ha quedado solo en este órdago. Únicamente le apoya el reducido grupo de neoconservadores que parecía en retirada en su segundo mandato y que, sorprendentemente, vuelve a cobrar protagonismo. (…)
 
La segunda conclusión que cabe extraer es que, con los 21.500 marines que Washington destacará ahora en el país árabe, completará un número de efectivos (unos 150.000) similar al que empleó durante la invasión. Queda claro que la nueva receta de Bush para dar una solución al conflicto es vieja. Más aún por cuanto se insiste en la apuesta militar y se desprecia la vía política, que es sin duda la verdadera clave del problema. Nuestro vaticinio es que el aumento de tropas no va a aportar nada, que seguirá la escalada de violencia y continuará aumentando el número de muertos, y que sólo generará más frustración en Irak, en EEUU y en la comunidad internacional.
 
Por ventura, no pudieron equivocarse más estas previsiones. Irak, no tuvo el apoyo de algunos países relevantes ni de la mayoría de la prensa cuando un tirano seguía en el poder después de cometer no se sabe cuántos crímenes contra sus propios ciudadanos, después de extorsionar a su pueblo con la inestimable ayuda del corrupto plan de la ONU denominado Petróleo por Alimentos, y después de amenazar al mundo con todo tipo de invasiones, guerras y colaboración con grupos terroristas. Transcurrida la insólita decepción por parte de estos internacionalistas realistas, porque, por fin, una resolución de Naciones Unidas había resultado aplicada, podría haberse esperado que había llegado el momento de estar al lado de Irak, por una vez, en lugar de proponer la terrible opción de la retirada en un momento en que las fuerzas del terrorismo y el sectarismo estaban quizá en condiciones de hacerse con el poder. ¿Tanto prefieren muchos la derrota de los americanos?
 
Pero no hubo nada. Nadie reconoció errores ni exageraciones, ni demagogias, ni informaciones interesadas y teledirigidas; en nuestro país con horribles consecuencias internas. Efectivamente Bush se quedó en cierto modo, como decía ingenuamente El Mundo, contra todos, o, más bien, solo. Pero esa soledad permite hoy ver que estaba mejor así que mal acompañado. Aunque es decente apoyar a los más débiles cuando están en los peores momentos, sobre todo cuando de ellos depende la propia libertad.
 
El periódico El País, cuya actitud respecto al tema es sencillamente, en contraposición a su contrincante, inefable, publicaba el 23 de agosto un editorial, Calendario de salida, referido al asunto, y afirmaba:
 
En cualquier caso, hay que admitir que la nueva estrategia militar de aumento de tropas (denominada surge en la jerga del Pentágono) - nota: no, denominada surge porque surge significa aumento - puesta en marcha hace año y medio por la Administración de Bush está surtiendo efecto. La violencia terrorista ha disminuido notablemente en 2008 y ha llegado al nivel más bajo desde 2004. En ello hay que dar también mérito al primer ministro Al Maliki por la firmeza que ha demostrado frente al radicalismo de las milicias chiíes. Esa actitud ha hecho infundir a la población algo más de confianza hacia el Ejército y la policía, cuya imagen está muy desprestigiada.
 
Si el acuerdo se plasma finalmente, el antaño débil Al Maliki puede salir fortalecido para afrontar las elecciones generales y provinciales previstas para el próximo año como firme defensor de la soberanía iraquí.
 
Tal atrición, sutil y leve, es bienvenida, pero insuficiente. Recientemente se publicaban en todos los medios españoles los resultados contables de las ejecuciones presupuestarias en Irak. Todos lo calificaban como de una corrupción extrema y de un horrible hurto al pueblo iraquí. La fuente de los estudios económicos era la oficina americana encargada de la supervisión y su presentación al Congreso. Hoy, cuando los ingresos por petróleo que se desvelan para el país mesopotámico alcanzan cifras estratosféricas, el problema resulta ser el inverso: el exceso de peculio para las capacidades de ejecución del gobierno democrático de Irak. No obstante, tal circunstancia, la de las cuentas, ilustra bien las que tiene pendientes Irak con la prensa occidental, que bien por error bienintencionado, bien por cinismo e intereses electorales mal considerados – cosa, que cada cual sabrá -, nunca dio opción al país de los dos ríos y siempre se puso del lado de sus enemigos.
 
Antonio de Zamora escribió en su día No hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague sobre el mito de Don Juan, personaje que prefiere su instinto a la moralidad y la religiosidad, pero cuyo arrepentimiento le salva. Es más que hora que algunos comiencen a golpearse el pecho lamentando haber preferido el terrorismo a la libertad. Pues según escribiera Zorrilla:
 
…un punto de contrición
da a un alma la salvación
 
¿O acaso hay que resignarse a que prevalezca siempre el instinto?

 
 
Juan F. Carmona Choussat es Licenciado y Doctor en Derecho cum laude por la UCM, Diplomado en Derecho comunitario por el CEU-San Pablo, Administrador civil del Estado, y correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación. Su libro más reciente es "Constituciones: interpretación histórica y sentimiento constitucional", Thomson-Civitas, 2005.


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