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La minoría negra
En letra impresa nº 1035   |  8 de Septiembre de 2008
 

(Publicado en Suplemento de las Letras de ABC, 7 de septiembre de 2008)

Estados Unidos es una nación de colonos  que llegaron a esa tierra en busca de una oportunidad. Desde el siglo XVIII hasta nuestros días ha sido “tierra de promisión”. Arribaron de todas partes aportando sus propias culturas. El grado y la velocidad de integración son asombrosos. Incluso la comunidad musulmana, problemática en otros lares, muestra en EE.UU. un formidable dinamismo. Hay algunas excepciones, la más importante es la comunidad negra.
 
Los negros se encuentran entre los que ya estaban allí cuando se produjo la Revolución. Sin embargo, no sería justo calificarles de fundadores. Tampoco de colonos. No llegaron en busca de una oportunidad sino que llegaban porque la habían perdido al caer en manos de traficantes de esclavos. Este hecho marcó su historia y su relación con el resto de norteamericanos.
 
La población negra recuperó poco a poco su libertad, pero esta situación de origen marcaría su integración. Estaban allí, pero partían de una situación de inferioridad. Carecían de las ganas de triunfar y/o de la formación cultural de otras minorías. Estaban exactamente en las antípodas de la comunidad judía, que llegó en distintas oleadas, a menudo con escasos recursos, pero siempre preocupados por su formación cultural y dispuestos a triunfar.
 
La clave para entender por qué todavía hoy esta comunidad tiene un nivel cultural y de renta  inferior a la media quizás la podemos encontrar en las opciones tomadas en los años sesenta y setenta. La Great Society animada por el presidente Lyndon B. Johnson deparó resultados distintos a los propuestos. Quería facilitar la integración y superar la desigualdad, sin embargo  lo que logró  fue desincentivar a muchos jóvenes que descubrían que era posible sobrevivir con la ayuda del Estado. Donde más falta hacían los valores, más se diluían. Una experiencia, por otra parte, que recuerda lo que está ocurriendo ahora en algunos estados europeos con la comunidad musulmana. Los errores entonces cometidos fueron rectificados durante los gobiernos Reagan, lo que en parte explica el éxito de otros procesos de integración.
 
Un segundo problema fue el racismo. Toda sociedad es racista. Posiblemente todo individuo lo es. Es un instinto animal que tiene que ver con la cohesión de los grupos: familia, aldea, nación, cultura… En EE.UU. hay racismo, pero no sólo blanco. Hay racismo chino… y hay un racismo negro. Como resultado de esa historia distinta y peor surgió una actitud que reivindica el derecho a ser distinto, a rechazar el modelo de American Way of Life. En parte es la reacción de quien se siente vencido y ajeno.
 
Hoy hay negros al frente de universidades, corporaciones industriales o financieras con presupuestos superiores a los de muchos estados. Los dos últimos secretarios de Estado han sido negros. Están en los medios de comunicación como presentadores o brillantes columnistas. Los encontramos entre las figuras de las ciencias y las artes. Están en todas partes y tan integrados como cualquier otro norteamericano, pero en términos porcentuales su presencia es menor.
 
La elección de Barack Obama como candidato demócrata a la Presidencia replantea inevitablemente los términos del debate ¿Es Obama negro? ¿Es un político negro o un negro en política? Muchos norteamericanos querrían tener respuestas a estas preguntas. Obama no es un negro norteamericano. Su madre era una mujer blanca de Kansas, doctora en Antropología. Su padre un keniata doctor en Economía por Harvard. Tras la prematura desaparición y muerte de sus padres fue recogido por sus abuelos maternos, que lo criaron como un niño blanco más. Se licenció en Ciencias Políticas por Columbia y en Derecho por Harvard. Nada que ver con la experiencia de un joven negro común.
 
Obama tuvo mucho cuidado de no confundirse con los políticos negros habituales, racistas y siempre dispuestos a defender la concesión de más y más ayudas. Habla de valores y de mérito, de ahí que despierte tanto interés entre votantes conservadores tradicionales. Pero, al mismo tiempo y de forma periódica, hace guiños al sector tradicional negro, logrando movilizaciones de voto en el sur que hacen presagiar un vuelco electoral en estados tradicionalmente republicanos. Obama es y no es. Le acompañan miembros de la elite política e intelectual junto con radicales de toda condición. Vive y participa de las contradicciones de una comunidad que no acaba de asumir la responsabilidad de vivir en libertad. Pero, sólo ellos pueden determinar su futuro.


 

 


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