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Los diplomas no harán que los yihadistas desaparezcan, Barack
Colaboraciones nº 2362   |  24 de Julio de 2008
 
En medio de todo el alboroto por la portada satírica de Barack y Michelle Obama en el New Yorker, pasó desapercibido un pasaje verdaderamente “ofensivo y de mal gusto” del artículo de la revista. En el artículo se citan las recomendaciones de Obama para detener la yihad, las mismas que habían publicado previamente un periódico local de Chicago 8 días después del 11-S. Es la autoparodia de un progresismo ciego, sordo y bobo:
 
“Sin embargo, también debemos empeñarnos en la labor más difícil que es entender las razones de semejante locura. La esencia de esta tragedia, me parece, deriva de una ausencia fundamental de empatía por parte de los atacantes: una incapacidad de imaginarse o conectar con la humanidad y el sufrimiento de otros. Una falta de empatía semejante, un aletargamiento tal ante el dolor de un niño o la desesperación de un padre, no es algo innato; y según nos dice la historia, esto no es único de una cultura, religión u origen étnico en particular. Puede expresarse con un tipo especial de violencia y puede ser canalizado por ciertos demagogos o fanáticos en concreto. Muy a menudo, sin embargo, brota a raíz de un ambiente de pobreza e ignorancia, de desamparo y desesperación”.
 
¿Va en serio este hombre? Las legiones asesinas de Osama bin Laden son muy capaces de “imaginar” el “sufrimiento de otros”. Basta con ver el vídeo de una decapitación de al-Qaeda. Búsquelo en Google o en YouTube. Imaginarse el sufrimiento de los infieles está ampliamente cubierto en el primer curso de yihadismo básico.
 
También notará que el tierno instinto de Obama una semana después de los ataques del 11-S fuera diagnosticarlos como “tragedia” nacida de la falta de “empatía” y “entendimiento” – en lugar de lo que en realidad fue: la obra malvada, deliberada y cuidadosamente planificada de la guerra islámica emprendida contra Occidente desde hacía mucho. 
 
En cuanto al continuo desvarío de Obama sobre el “ambiente de pobreza e  ignorancia” que supuestamente engendra terroristas musulmanes, ¿podrán los políticos americanos deshacerse alguna vez de esta figura retórica que se basa en algo irreal? Esta creencia es parte integral de la misma idiotez que llevaron al Departamento de Estado a promocionar tratamientos masculinos de spa para musulmanes para así “construir puentes” con el mundo árabe y al presidente Bush a abrir nuestras escuelas de aviación a más estudiantes saudíes para “mejorar el mutuo entendimiento”.
 
John McCain también se refirió a la educación-como-remedio para el terrorismo islámico en el Consejo de Asuntos Internacionales en Los Ángeles en marzo, cuando declaró: “En esta lucha, las becas serán mucho más importantes que las bombas inteligentes”. Justo lo que nos hacía falta: Más visas de estudiante para la nación infestada de yihadistas que nos mandó la mayor parte de los secuestradores del 11-S.
 
La incisiva réplica a McCain del autor y bloguero de National Review Online Mark Steyn entonces es aplicable ahora a Obama: “Hay bastante evidencia de que los “extremistas” más extremos son aquellos que han estado más en contacto con Occidente y la educación occidental: Desde Osama bin Laden (escuela de verano en Oxford, paseando en batea por el Támesis) y Mohamed Atta (estudiante de planeamiento urbano de la Universidad de Hamburgo) a la London School of Economics del graduado responsable de la decapitación de Daniel Pearl. La idea de que repartiendo becas universitarias a jóvenes saudíes y logrando que se enganchen al café de Starbucks y a las películas persigue-coches hará que desaparezca el asunto es ridículo – e indigno de un candidato presidencial serio”.
 
A Ayman al-Zawahiri no le hizo falta más educación o riqueza para alejarle del imperialismo islámico y ponerse a trabajar en aras de un califato mundial. Él tiene título de médico. Al igual que el pez gordo de Hamás, Abdel al-Rantissi. Siete médicos de clase media alta estuvieron implicados en los atentados de Londres y Glasgow en 2007. El científico Aafia Siddiqui, sospechoso de pertenecer a al-Qaeda y aún buscado por el FBI para ser interrogado, es un pakistaní que estudió microbiología en MIT y que hizo un posgrado en neurología en la Universidad de Brandeis.
 
Y como he informado anteriormente y que debo reiterar para aquellos que no oyen bien en Washington, bajar los estándares académicos en las universidades norteamericanas ayudó al cerebro de al-Qaeda, Khalid Sheik Mohamed a promover la causa yihadista. A principios de los años 80, se matriculó en la pequeña universidad de Chowan en Murfreesboro (Carolina del Norte) la cual había rebajado sus requisitos académicos en inglés para atraer – ejem – a gente rica de Oriente Próximo.
 
En Chowan, Mohamed se hizo amigo de otros estudiantes musulmanes árabes conocidos como los “mulás” por su celo religioso. Luego, Mohamed se cambió a la Universidad Agrícola y Técnica de Carolina del Norte donde se graduó en ingeniería mecánica junto a 30 musulmanes más.
 
Mohamed aplicó su educación occidental para supervisar la trama del primer atentado al World Trade Center en 1993 (6 americanos muertos),  el atentado contra el U.S.S. Cole (17 soldados americanos muertos) y los atentados del 11-S (3.000 muertos). También se le ha vinculado a los atentados contra embajadas en África en 1998 (212 muertos, incluyendo a 12 americanos), la trama para asesinar al Papa, el asesinato del periodista norteamericano Daniel Pearl y el atentado contra una discoteca en Bali que mató a casi 200 turistas, incluyendo a dos norteamericanos más.
 
Quizás Obama, defensor de causas perdidas, piensa que un posgrado en trabajo social habría logrado hacer cambiar de opinión a un Mohamed indigente, desamparado, ignorante y desesperado?

 
 
Michelle Malkin es autora del nuevo libro: “Unhinged: Exposing Liberals Gone Wild”.
 
 
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©2008 Traducido por Miryam Lindberg


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