(Publicado en El Imparcial, 17 de julio de 2008)
Israel inició una guerra contra las milicias de Hezboláh en Líbano, tras sufrir ataques en puntos fronterizos y el secuestro de dos de sus soldados. La guerra acabó con una histórica derrota. Las Fuerzas Armadas israelíes provocaron enormes daños a las unidades chiítas, pero no lograron derrotarlas. Para estas milicias el demostrar que estaban en condiciones de soportar la ofensiva de uno de los ejércitos más preparados del mundo fue un enorme éxito, sin duda una victoria política, y así fue interpretado en el conjunto del Islam. Ahora, pasado el tiempo y gracias a las labores de mediación de la inteligencia alemana, los cuerpos de los dos soldados israelíes secuestrados vuelven a su tierra, pero a cambio de la entrega de los restos de casi doscientos libaneses y, sobre todo, de la liberación de cinco presos, alguno de los cuales es responsable de atentados terroristas especialmente repugnantes. Tan desigual trato pone aún más en evidencia el triunfo de Hezboláh, que se celebra en estos momentos en distintas partes del mundo musulmán.
Durante décadas los árabes intentaron acabar con la existencia del estado de Israel mediante una derrota militar, pero sólo cosecharon fracasos. Luego practicaron el terrorismo y sólo lograron desprestigiar la causa nacional palestina, con la excepción de sectores de la izquierda europea que están dispuestos a justificar eso y mucho más. Ahora disponen de milicias muy bien entrenadas, gracias al trabajo realizado por la Guardia Revolucionaria iraní, y de misiles que les permiten “golpear” al enemigo sin tener que penetrar en su territorio. Han encontrado la forma de sortear el “muro” que Israel levantó para poner fin a los atentados suicidas. A estas nuevas capacidades se suma una nueva táctica: el secuestro. Han podido comprobar que Israel, y en general Occidente, es particularmente vulnerable a este tipo de acción y están dispuestos a avanzar en esta línea en cualquier punto geográfico que les convenga. Así lo ha anunciado uno de los dirigentes de Hamás, tras el éxito de tan desigual trato: si queremos liberar a nuestros hombres todo lo que tenemos que hacer es secuestrar israelíes.
Israel fue el marco en el que se desarrollaron los primeros estudios sobre el terrorismo y de sus trabajos y conclusiones hemos aprendido todos. No deja de ser paradójico que su gobierno abandone tan fácilmente sus principios mientras que otros gobiernos, como el colombiano del presidente Uribe, apliquen con indudable éxito lo que los académicos israelíes nos han enseñado.
No son tiempos fáciles los que hoy vive Israel con un Primer Ministro acusado de corrupción, un Gobierno responsable de haber perdido una guerra contra unas milicias, la popularidad del Ejecutivo por los suelos y una mayoría parlamentaria que se mantiene unida por el solo hecho de que en caso de haber elecciones verían reducida drásticamente su representación. En estas condiciones Israel tiene que hacer frente a la descomposición de la sociedad palestina, la emergencia en su entorno del islamismo, unas negociaciones con Siria que se le escapan por su trascendencia, la crisis del Líbano y la amenaza nuclear iraní. A pesar de todo ello, a pesar de la humillación de ver salir de sus cárceles a terroristas que son recibidos como héroes al otro lado de la frontera, la sociedad israelí tiene que seguir adelante avanzando hacia una situación cada vez más incierta.