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EE.UU, eligiendo presidente
En letra impresa nº 990   |  12 de Junio de 2008
 
(Publicado en Expansión, 12 de junio de 2008)
 
Ya sabemos que cada tiene sus preferencias. Rodríguez Zapatero lo tiene claro: él quiere que Barack Obama sea el próximo presidente americano y le encantaría poder llegar a sentarse en el Despacho Oval. No en vano es uno de los pocos aliados de América que no lo ha hecho. Tal vez hubiera sido mejor que no hubiera expresado sus deseos, puesto que cada vez que lo ha hecho, ha salido trasquilado. Le pasó con Kerry, le pasó con Schröder y le volvió a pasar con Segolene Royal. Candidato que escogía, candidato que perdía.
 
En Washington, no obstante, lo que diga el actual presidente español sobre sus elecciones no pasa del chascarrillo. Tienen otros actores en la cabeza. Y es que en estas presidenciales del 4 de noviembre es más que posible que no sólo juegue el pueblo americano. Me explico: es bien sabido que el senador McCain no es visto con buenos ojos por los ayatolas iraníes. Su posición firme contra el programa nuclear iraní les provoca pesadillas. Pero también saben los fanáticos en Teherán, que la elección de McCain dependerá y mucho de cómo vayan las cosas en Irak. Si todo va a mejor, Obama tendría menores posibilidades. Y, por último, los Jamemis y Ahmadinejads saben que tienen en sus manos que Irak empeore, aunque sea temporalmente. Les basta con incrementar las entregas de armas, el entrenamiento de terroristas y la presencia de sus agentes y empezar a matar de nuevo a suníies y americanos. En el lado demócrata, a Obama también le pueden ir las cosas mal. No es querido ni por Al Qaeda ni por los jihadistas, quienes no perdonan que su padre renegase de su religión y se convirtiera, a sus ojos, en apóstata. Y también saben que un atentado en suelo americano, antes de las elecciones, pondría su capacidad de liderazgo en cuestión. Frente a sus ofertas de diálogo, es lógico pensar que el pueblo norteamericano se aferrase a alguien con la voluntad de contraatacar. ¿Dos escenarios teóricos? Puede. ¿Plausibles? También. Y es que en un mundo global, no sólo el electorado nacional es el que decide. Nosotros deberíamos saberlo por experiencia propia tras el 11-M. Ahora, que no llegue a pasar ni lo uno ni lo otro no será gracias a los candidatos, sino al presidente saliente y las políticas que ha venido aplicando. En Irak y contra el terrorismo islámico. McCain puede decir que ha contribuido en parte a su éxito, cosa que Barack Obama no puede esgrimir.
 
No es necesario que Moratinos pida disculpas por la injerencia de los socialistas españoles en asuntos domésticos americanos. El apoyo a Obama ha pasado desapercibido para todos. Aunque si yo fuera Obama, conociendo el gafe de Rodríguez Zapatero para con los demás, estaría temblando y haría todo lo posible para que no se volviera a producir. Claro, que si se rompe su hechizo y no gana en noviembre, al menos ya sabe a quien echarle la culpa.


 

 

 


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