Primero la retahíla de curaciones salutíferas. Nada es todavía definitivo, nada es irreversible, hay muchos graves obstáculos que superar que podrían dar al traste con todo. Sí, pero va mucho mejor y la mejoría se acentúa no ya de estación en estación, sino de mes en mes. En el pasado mes de marzo, el general en jefe en Bagdad, Petreus, declarando ante las comisiones del Congreso de los Estados Unidos no se atrevió a más reducciones de fuerza de las que ya estaban en curso y equivalían al aumento de un año antes. Ahora dice que estudiará este verano la posibilidad de rebajar todavía más en otoño. Y no se dedica al electoralismo, sino a ganar, lo mismo que su jefe en la Casa Blanca, George W. Bush. Los demócratas están perplejos y no saben cómo tratar el tema en la campaña electoral. Barack Obama o Hillary Clinton han buscado compensar su aferramiento a la ritual retirada de fuerzas militares de Irak con pronunciamientos sobre Pakistán o Irán que dejan el tema mesopotámico en pelea de niños.
Las métricas del número de ataques o de muertos de militares americanos o locales, o de los civiles, verdadero objeto de la vesania de sus salvadores islamistas, no son perfectas como índice, pero lo cierto es que han retrocedido a los del verano del 03, cuando todo empezaba. Y lo más alentador es que algunos de los grandes éxitos recientes los han conseguido la fuerzas locales, con toda la ayuda norteamericana que se quiera, pero por iniciativa gubernamental. Crear un ejército de la nada lleva años, muchos años, pero podemos pensar que en un par más estarán casi a punto, con una ayuda de no más de 30.000 soldados estadounidenses como instructores, apoyo logístico en parte, aéreo mucho más e inteligencia en estrecha colaboración mutua. Nada seguro, pero nada mal.