El alejamiento de Estados Unidos por el nuevo Gobierno ha afectado a la cuestión del Sáhara Occidental. Nuestra política exterior hasta el momento de la toma de posesión del nuevo presidente había conseguido un alto grado de coherencia. Por eso, si se pretende seguir manteniendo ésta, la alteración de un capítulo de la política exterior afectará al resto.
El nuevo presidente del Gobierno propuso un “gran acuerdo” sobre el Sáhara para dentro de “seis meses”. Esta propuesta, que he argumentado como convergente con las pretensiones marroquíes (
Sáhara: “nuevo talante”, viejos propósitos y doctrina vigente) significativamente ha coincidido con el rechazo de Marruecos al “plan Baker II”
después de haber sido avalado por el Consejo de Seguridad en su resolución 1541 (que se suma al rechazo expresado
antes de que el Consejo lo avalase en su resolución 1495). Las declaraciones del presidente del Gobierno han suscitado enorme inquietud. Así, el ministro delegado saharaui para Europa, Mohammed Sidati, ha denunciado sin nombrarle la iniciativa del Presidente del Gobierno español Rodríguez Zapatero. Según este alto representante saharaui estas declaraciones no pueden ser percibidas más que como "un alineamiento anunciado del lado de las tesis del ocupante marroquí". Sidati ha afirmado igualmente que las iniciativas y todos los esfuerzos con vistas a resolver el conflicto del Sáhara Occidental deben irremediablemente reforzar las actuaciones de la comunidad internacional, y por lo tanto comprometerse en el seno de Naciones Unidas y no fuera de éstas" (despacho de la agencia oficial de noticias de la RASD, SPS, de 1 de mayo de 2004).
La resolución 1541, desde el punto de vista del Derecho, es sumamente negativa para Marruecos porque le cierra la puerta, más aún si cabe, a sus pretensiones. La situación no es nueva. Una situación similar se produjo en 1975 después de que el Tribunal Internacional de Justicia desestimase las tesis de Marruecos. Igual que entonces nos encontramos ante una derrota jurídica de Marruecos (la resolución 1541 cierra cualquier posibilidad a las pretensiones anexionistas marroquíes en la ONU). Como entonces se quiere conseguir un acuerdo político fuera del marco de la ONU y sin contar con el pueblo saharaui. Y como en aquella fecha, el Gobierno español emite confusas declaraciones, incluyendo algunas de apoyo a la ONU y al derecho de autodeterminación de los saharauis para tranquilizar a éstos, pero al mismo tiempo que actúa en un sentido opuesto promoviendo la entrega del territorio a Marruecos.
Ahora bien, aunque hay similitudes entre la actual situación y la de 2004, también existen significativas diferencias. Si en 1975 el acuerdo era tripartito (España, Marruecos, Mauritania) ahora se trata de un “gran acuerdo” cuatripartito (España, Francia, Marruecos, Argelia). Además, a diferencia de 1975, en 2004 uno de los socios (Argelia) ha rehúsado entrar en la operación y la ha revelado al público. Contrariamente a lo sucedido en 1975, el Frente Polisario se halla mejor organizado, tiene cuadros mejor formados y con mucha más información que la que tenía en 1975. Y, finalmente, mientras el acuerdo “tripartito” de 1975 se hizo con el apoyo de USA el nuevo acuerdo “cuatripartito” de 2004 se pretende hacer, precisamente, contra USA.
El intento de llegar a un acuerdo secreto se ha abortado al hacer público su rechazo el ministro argelino de Asuntos Exteriores. El día 3 de mayo de 2004, el ministro español de Asuntos Exteriores hizo un viaje relámpago a Argel para entrevistarse con su colega argelino, Beljadem. En la rueda de prensa conjunta, el ministro español declaró que “Argelia y España tienen posiciones convergentes” sobre el conflicto del Sáhara y que “España obrará, en el marco de Naciones Unidas, para animar el diálogo entre las partes afectadas”. Sin embargo, la sorpresa saltó cuando en la misma rueda de prensa y en presencia del ministro español, su colega argelino Beljadem al ser preguntado por una posible mediación previa francesa en el conflicto manifestó que “incluso si hay una reunión de tanteo sobre la cuestión del Sáhara Occidental entre Francia, España y Marruecos sobre la cuestión del Sáhara Occidental, Argelia no tomará parte en ella”. La razón esgrimida por el ministro Beljadem es que “Argelia no es el tutor de ese país (la RASD)” insistiendo en que el problema “no se plantea entre nuestro país y la República Saharaui, sino entre ésta y Marruecos” (La Tribune, 4-V-2004). Las declaraciones de Beljadem pusieron al desnudo los propósitos del ministro español Moratinos. Su viaje a Argel tenía como misión transmitir la aceptación española de la propuesta francesa de una reunión cuatripartita, sin los saharauis, para decidir sobre el destino del Sáhara Occidental. Esa propuesta, que consideraba a los saharauis como un mero apéndice argelino, era secreta ya que en ningún momento anterior la hicieron pública el presidente español o su ministro de exteriores (ni ningún representante francés o marroquí). Las declaraciones de Beljadem haciendo pública la proposición española de una reunión secreta cuatripartita ilustran su enorme irritación ante la misma. En efecto, la propuesta a Argelia de un acuerdo “cuatripartito” sobre el Sáhara basado en la anexión supone ignorar completamente el problema del Sáhara al asumir como ciertas unas tesis marroquíes que no son sino arma de propaganda. Cuando el presidente español habló de un “gran acuerdo” entre las partes (incluyendo Marruecos y Argelia) que garantizase sus “derechos” daba a entender que Marruecos y Argelia verían reconocidos ciertos “derechos”. En el caso de Marruecos parece que se trataría de un “derecho” de soberanía (no reconocido por la ONU), pero ¿cuál sería el “derecho” de Argelia? La única respuesta creíble es que se trataría de “derechos” económicos. ¿Cuáles? Probablemente, “derechos de paso” hacia el Atlántico ya que según las tesis marroquíes Argelia apoya al Frente Polisario para tener “una salida al Atlantico”. Sin embargo, este planteamiento ignora que Argelia ya tiene salida al mar de sus productos mediante el Mediterráneo y que pretendiese una salida al Atlántico lo haría por Agadir, a través de Marruecos, del mismo modo que actualmente el gasoducto a través del que exporta el gas a Europa cruza por Marruecos. Este planteamiento ignora que las razones del apoyo de Argelia al Frente Polisario son políticas, no económicas y que la anexión del territorio a Marruecos no puede satisfacer en ningún caso a Argelia.
Pero el “gran acuerdo” cuatripartito que secretamente se ha pretendido conseguir escondía algo más. Hasta ahora los Estados Unidos quienes se habían convertido en los árbitros de la región del Magreb. Fue un personaje extraordinariamente influyente y estrechamente ligado al presidente Bush, James Baker, quien diseñó el “plan Baker II”. Y fue Colin Powell quien solucionó la crisis de Perejil. Esta presencia norteamericana suponía un desplazamiento de Francia de la región del Magreb. La propuesta del “gran acuerdo” cuatripartito busca devolver a Francia el papel de árbitro en la región. Al no contar con Mauritania se está intentando marginar a quien es un aliado cada vez más firme de Estados Unidos en la región del Sahel. Al soslayar el marco de la ONU (no reconociendo al Frente Polisario como parte de ese “gran acuerdo” cuatripartito ni su derecho a la autodeterminación) se pretende soslayar el “plan Baker II”. Pero al evitar este plan, lo que se está evitando, en última instancia, es la influencia norteamericana en la región.
Ahora bien, la torpe pretensión de satisfacer a Argelia con “derechos” económicos en el Sáhara (¡a Argelia que es el país más rico de la región!) y de anular la influencia de los Estados Unidos en la región puede tener un efecto contrario al pretendido, a saber, un reforzamiento de la alianza Estados Unidos-Argelia-Frente Polisario-Mauritania. Un alineamiento cada vez más acentuado de Argelia, Mauritania y del Frente Polisario junto a los Estados Unidos, sumados a un creciente enfrentamiento de Francia y España a los USA, pueden suponer que, agotado el plazo dado para la presencia de la MINURSO, ante la obstinación de Rabat, la ONU se retire del territorio y se reinicien las hostilidades. Por una de esas paradojas de la historia, un ansia infinita de paz pudiera degenerar en un grave conflicto a las puertas de España.