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España al revés
En letra impresa nº 978   |  29 de Mayo de 2008
 

(Publicado en Expansión, 29 de mayo de 2008)

España no tiene suerte: casi nunca está en sincronía con nuestro entorno. Mientras que en Europa triunfa la derecha, aquí el gobierno es de izquierdas y radical; mientras que muchos gobernantes en el mundo se queman con su responsabilidad (véase Gordon Brown o el propio Sarkozy), aquí quien es permanentemente puesto en cuestión es el líder de la oposición y el presidente de gobierno, se va de rositas de todos los líos en los que nos mete, desde Cuba a ETA. El PP tiene un grave problema si no, no se puede entender que en aras de la unidad se llame a sus militantes a que se vayan a otros partidos, que el portavoz oficial esté perdido en sus silencios mientras que sus funciones son asumidas por otras personas, que en aras de la pluralidad, se critique a cuantos se muestran críticos con la actual dirección o que como elemento de cambio se retome el concepto de “centro reformista”  a la vez que se le pide abiertamente a su padre, José María Aznar, por lo demás, presidente de honor del partido, que se calle. Demasiadas contradicciones en muy escaso lapso de tiempo. También se dice que el PP no tiene un problema de valores, sino de estrategia. Pero cuando las decisiones sobre políticas concretas contradicen una y otra vez los principios con los que había venido trabajando el centro derecha español, lo que hay es una fuerte crisis de identidad. Llámesele como se quiera.
 
España tenía un problema agudo: un PSOE que había dejado de ser un partido nacional y que apostaba por un modelo confederal para su funcionamiento y, por ende, para la propia España. Ahora da la impresión de que, motivados por unas lecciones erróneas sobre el resultado electoral, algunos dirigentes populares en Madrid y en las autonomías pretenden seguir la senda de los socialistas y recrear, bajo las permanentes siglas del PP, una CEDA post-moderna. Tenemos pruebas más que suficientes para saber que cuando uno se acerca a los nacionalismos, acaba haciéndose nacionalista. Y también que distinguir entre nacionalistas radicales y moderados sólo porque unos pegan tiros en la nuca y colocan coches bombas y los otros no, es un suicidio político y nacional.
 
Sí hay un problema de valores en el centro-derecha español. Cuando se menciona el llamado centro-reformista o el liberalismo, lo que se indica son actitudes, a saber, moderación, pragmatismo, simpatía, pero no ideas programáticas. Con esfuerzo se llega a concretar en la esfera económica la bajada de impuestos comos seña elemental de diferenciación entre ese centro y la izquierda. Yo creo que ha llegado el momento de intentar definir mejor la identidad de los liberales y conservadores del PP, no de difuminar aún más sus señas básicas o volverlas irreconocibles. Cuando uno pierde su ideología ha perdido también sus ideales. Y sin ideales, la política sólo es lucha mezquina de poder. Si el centro reformista tuvo su sentido en los primeros 90, hoy es un slogan vacío.


 

 


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