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Acción de apaciguar
En letra impresa nº 976   |  28 de Mayo de 2008
 
(Publicado en La Razón, 27 de mayo de 2008)
 
Apaciguamiento es en política una mala palabra desde que ingleses y franceses consintieron a Hitler en Munich, en 1938, que descoyuntara la jovencísima Checoeslovaquia, para que se tranquilizara un poco. “Paz para nuestro tiempo” dijo Chamberlaine. ¡Y al diablo con los checoeslovacos! debería haber añadido. Aguzar el apetito de Hitler fue lo que consiguieron. Al año siguiente se merendó Polonia y se acabó las paz y el tiempo. Dijo Churchill que un apaciguador es alguien que alimenta un cocodrilo esperando que lo coma el último. Más trágicamente dijo: aceptasteis la vergüenza para evitar la guerra y ahora tenemos ambas.
 
Bush, al parlamento israelí le acaba de decir que “algunos parecen creer que deberíamos negociar con terroristas y radicales… esto es el falso consuelo del apaciguamiento”. Obama se ha sentido aludido y los demócratas todos juntos en reunión. La prioridad internacional de Obama es visitar al club Zapatero en cuanto ponga los pies en la Casa Blanca. Fidel, Hugo, Ahmadinejad, “sin condiciones”. No ha citado al presidente del Club, el cual guarda estricto silencio, quizás para no gafarlo, que algo debe haber aprendido de sus aciagos apoyos. Y hasta los Obama pueden recordar, o pueden recordarles, la sentada ante la bandera y las exhortaciones a los aliados a seguir el ejemplo de deserción ante el enemigo.
 
Sin embargo apaciguar no tiene nada de malo y mucho de indispensable. Lo hacemos a diario con personas y situaciones. El problema es bailarles el agua llenos de canguelo, concediéndoles lo inaceptable, a quienes no están dispuestos a ceder en nada y se lo van a tomar como una evidente prueba de debilidad. Tóo er mundo no e güeno y hay gente así, individual y colectivamente. No se cura a los locos con razonamientos ni a los criminales con prédicas.

 


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