(Publicado en ABC, 23 de mayo de 2008)
Este miércoles el Gobierno israelí admitía estar negociando indirectamente con Siria un tratado de paz. Obviando la paradoja de que este anuncio coincide con los momentos más bajos del primer ministro Olmert, carente de apoyo popular y bajo una investigación por corrupción que puede acabar con él, ¿Cuáles son los incentivos para que Siria sellara sinceramente la paz con Israel?
Hace menos de un mes, había movilizado su Ejército en las proximidades del Golán, forzando una reacción similar de las fuerzas israelíes; y hace apenas medio año, Israel tuvo que destruir una instalación nuclear clandestina con sus bombarderos y ayer mismo Damasco negaba la entrada a dos inspectores de la OIEA en unas instalaciones en las que podría seguir trabajando con componentes atómicos. ¿De qué paz estaríamos hablando?
Siria sabe que Olmert es un dirigente débil y el hecho de que las conversaciones comenzaran justo tras la debacle de la guerra del Líbano de 2006 podría llevar a pensar que Basher el Assad quiere sacar beneficio de esa debilidad. Pero los sirios también saben que precisamente por esa falta de apoyo, la cesión de los Altos del Golán no le va a ser fácil a Olmert. También saben que, en términos estratégicos, poco tiene que oponer frente al ejército y la aviación israelíes.
El caramelo sirio tendría que ser muy grande para tentar a Israel. El tratado de paz es importante, pero la seguridad del Estado judío está hoy más amenazada por movimientos no estatales que por sus estados vecinos. El Líbano es una creciente preocupación y ahí Damasco sí puede prometer una mayor estabilidad si volviese a intervenir en la zona. Ahora bien, actuar contra Hizbolá le exigiría a Siria romper con Irán. ¿Se lo puede permitir? Los expertos no se ponen de acuerdo al respecto.
Si Siria es seria, que empiece cerrando las oficinas que Hamás tiene en Damasco, corte su ayuda a la guerrilla en Irak y condene los asesinatos de sus opositores en el Líbano. De otra manera, cualquier tratado sería papel mojado.