Mientras que George W. Bush hablaba ante el parlamento israelí en Jerusalen, primera parada de su gira por Oriente Medio, cohetes de medio alcance caían sobre suelo israelí lanzados desde la franja de Gaza. Las buenas palabras sobre un acuerdo de paz con los palestinos choca en el día a día con la realidad de vivir bajo las bombas.
Pero no sólo es el proceso de paz el que parece destinado a descarrilar en sus actuales planteamientos. Israel ha querido alcanzar discretamente un acuerdo de paz con Siria en los últimos meses. Siempre y cuando Siria se distanciara de Irán y no se inmiscuyera más en Líbano, las negociaciones podrían salir adelante. Sin embargo no parece que ese haya sido el rumbo adoptado por Damasco.
La nueva demostración de fuerza orquestada por Hizbulá en el Líbano no sólo deja disminuido al gobierno democrático de Siniora, deja claro también que es Hizbolá quien está en disposición de determinar la agenda, a su antojo y según sus intereses.
La única institución capaz de frenar sus aspiraciones, el ejército libanés, ha optado por colocarse en el papel de mediador, no en el de brazo armado del gobierno legítimo. Hizbolá ha estado rearmándose desde la guerra de 2006 e Israel debe tomar buena nota de lo acontecido en ese país durante esta semana.
Con todo, una nueva campaña militar israelí contra Hizbolá no parece estar encima de la mesa en estos momentos. Aunque las fuerzas armadas israelíes hayan sacado las lecciones necesarias para evitar los errores de hace dos años, el gobierno de Olmert no está nada inclinado a autorizar el uso de la fuerza en su frontera norte.
Pero al mismo tiempo no puede permitirse que Irán rodee a Israel por el norte y por el sur. Ni será capaz de pedir más sacrificios a las poblaciones vecinas a Gaza, como Sderot, donde se tiene que convivir con los continuos ataques de los cohetes palestinos. Es más probable que de plantearse Olmert una acción militar, sea sobre Gaza si Hamas no acata el alto el fuego del que tanto habla.