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Blackwater
Reseñas nº 130   |  12 de Mayo de 2008
 

(Del libro Blackwater. El auge del ejército mercenario más poderoso del mundo, de Jeremy Scahill. Ediciones Paidós Ibérica S.A. Barcelona, 2008)

En el marco de un verdadero proceso de acoso y derribo reflejado en la pronta traducción al español de aquellas obras que critican desde diversos ángulos a George W. Bush y, ya pronto, al legado de su Presidencia, aparece ahora esta obra del periodista Jeremy Scahill. Desde una aproximación mesiánica que ya se presagia en la dedicatoria que el autor hace de su obra - en la que homenajea “a los periodistas independientes y no ‘incrustados’ en unidad militar alguna y a los trabajadores de los medios árabes” que nos permiten, según él, librarnos de que sean los “ricos y los poderosos” los que escriban la historia - podemos hacer un viaje al mundo de las maldades en el que neocons, cristianos ultraconservadores o “neocruzados”, desechos de la dictadura chilena o del régimen del ‘apartheid’ surafricano forman piña para masacrar a la población civil iraquí. No debemos de olvidar que en paralelo a la publicación en España se produce también la aparición en mercados editoriales importantes como Argentina y Méjico, dando pues a este mensaje una proyección global.
 
A diferencia de una obra previa, más académica y menos tendenciosa que esta, publicada en 2003 por el analista del “think tank” de Washington DC Brookings Institution Peter Singer (Corporate Warriors: The Rise of the Privatized Military Industry Ithaca, Carnell University Press), Scahill se ajusta al objeto de estudio del título, es decir a Blackwater, perdiéndose de vista en su obra la importante panoplia de empresas similares a esta y con resultados más brillantes y obviando algo tan importante como es el explicar el porqué de la proliferación de estas compañías hoy. Esto demuestra que lo que se trataba era de mostrar a un público que ya abomina de partida del mundo de los mercenarios que esta “privatización” de la guerra que denuncia es contraproducente ‘per se’ y, que además, es propia de Bush y de sus secuaces, entre ellos y en especial Donald Rumsfeld y Dick Cheney. Huelga por supuesto referirse, aunque se hace en algún pasaje del libro porque la aproximación cronológica lo hacía inevitable, al florecimiento de estas compañías bajo la presidencia de Bill Clinton, a la proliferación de las mismas en el mundo ya global de los años noventa en el que poco tenían que ver con aquellas redes de “perros de la guerra” que tan tristemente famosas se hicieron durante la Guerra Fría y las luchas anticoloniales de los años sesenta y setenta y, finalmente aunque no por ello menos importante, a que dichas compañías florecen precisamente para suplir las carencias y los límites que los sectores pacifistas y antimilitaristas - de los que el autor no debe de estar precisamente muy alejado - imponen a esos ejércitos nacionales que sí son responsables ante la ley, ante los medios de comunicación y ante las opiniones públicas. Recuerden por ejemplo cómo estas compañías proliferaron en los años noventa para suplir las carencias de las fuerzas de paz que entonces se desplegaban sin medios humanos, sin apoyo logístico suficiente y sin mandatos serios en escenarios como Ruanda o los Balcanes y que hoy, lamentablemente, se siguen verificando en otros escenarios, algunos muy distintos como Afganistán pero donde se reproducen las mismas necesidades y otros, también dantescos como Darfur, donde ni siquiera se logra incrementar el despliegue y ello a pesar el insoportable coste en vidas humanas que se siguen perdiendo. Pero claro, de esto nada se dice en el libro.[1]
 
El inventario de acciones de Blackwater no permite precisamente entrever que sea un dechado de virtudes y de bien hacer en términos de prudencia exquisita y de respeto a los no combatientes. Hay indudablemente páginas oscuras en el hacer de algunos de los hombres de Blackwater, especialmente en Irak donde la naturaleza de la guerra ha posibilitado un uso amplísimo de sus efectivos y donde el tipo de campo de batalla ha dado pie a algunas tropelías. Precisamente algunas de ellas están recogidas por quien esto escribe en un artículo reciente.[2] Como quiera que el escenario iraquí es el privilegiado a lo largo de las páginas de este libro es buen momento para rememorar escenas como el papel de los hombres de Blackwater en las azoteas de Nayaf en abril de 2004, enfrentándose a los milicianos del Ejército del Mahdi en una zona de Irak en la que entonces había presencia militar española; el linchamiento de cuatro de sus empleados en Faluya el mes anterior; o la misión de protección a Paul Bremer. Permite en suma reproducir momentos intensos y recientes del campo de batalla iraquí, muchos de ellos grabados en vídeo y disponibles en Internet y cuya interpretación podemos contrastar con diversas fuentes. El autor utiliza muchas notas a lo largo de los diecinueve apartados más que capítulos que componen la obra, y en ellas se recogen algunos libros y documentos pero sobre todo se citan muchos artículos periodísticos. Impera pues la aproximación de un periodista, visualizando escenarios buscados donde un protagonista que de partida se considera abyecto se muestra tal cual, aprovechando de paso para demonizar toda actividad que podamos inventariar en cualquier rincón del mundo que pueda ser achacada a los conocidos como soldados corporativos - léase empleados de las compañías privadas de seguridad -, independientemente de que algunos de ellos vistan la ropa de faena de un mecánico de todoterrenos o de carros de combate o la bata blanca de un médico o de un experto forense.
 
Concluyendo ya, queda claro que para quien desee acrecentar su ira hacia los EEUU y su Gobierno este libro es idóneo. Por el contrario, para quien desee estar bien informado y hacerse un criterio equilibrado sobre un tema tan rico en matices pero sobre el que existen tantos prejuicios como es el de la privatización de la seguridad y de la defensa en determinados escenarios puede leer este libro, por supuesto, pero deberá contrastar necesariamente lo que en él se dice con otras fuentes.


 

 
 
Carlos Echeverría Jesús (Madrid, 26 de marzo de 1963) es Profesor de Relaciones Internacionales de la UNED y responsable de la Sección Observatorio del Islam de la revista mensual War Heat Internacional. Ha trabajado en diversas organizaciones internacionales (UEO, UE y OTAN) y entre 2003 y 2004 fue Coordinador en España del Proyecto "Undestanding Terrorism" financiado por el Departamento de Defensa de los EEUU a través del Institute for Defense Analysis (IDA). Como Analista del Grupo asume la dirección del área de Terrorismo Yihadista Salafista.
 
 
Nota


[1]Sobre las dos caras de las modernas compañías de mercenarios véase nuestra monografía ECHEVERRÍA JESÚS, C.: Las operaciones de paz en África. Problemas y perspectivas Madrid, Cuadernos del Centro de Información y de Documentación Africanas (CIDAF), Vol. XIV, nº 4, julio-agosto 2000, pp. 13-14.
[2]“El despliegue de compañías militares privadas en escenarios de combate del mundo árabomusulmán” Ejército nº 805, mayo 2008.


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