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La independencia unilateral de Kosovo dinamiza frentes yihadistas en la región caucásica
En letra impresa nº 963   |  7 de Mayo de 2008
 

(Publicado en War Heat Internacional nº 63, abril de 2008)

La declaración emitida por la Organización de la Conferencia Islámica (OCI), el 18 de febrero, en la que su Secretario General, Ekmaledin Ehsan Oglu, se felicitaba por la proclamación unilateral de la independencia de Kosovo el día anterior afirmando que ésta “consolidará la acción islámica conjunta” no hace sino recoger expresiones previsibles pero que, cuando observamos algunos escenarios del Cáucaso y, en especial, del Transcáucaso ruso, no pueden sino provocarnos honda preocupación. Al efecto dominó si no inmediato sí previsible no muy lejos en el tiempo que tal medida contraria al Derecho Internacional puede tener en territorios secesionistas que afectan a un Estado musulmán en el Cáucaso - y que podría ser la búsqueda de la independencia por parte de los armenios que desde 1988 ocupan el enclave de Nagorno-Karabaj en el corazón de Azerbaiyán - se une especialmente el convulso escenario del Transcáucaso ruso donde la otrora atribulada Chechenia está cediendo el protagonismo en términos de violencia cotidiana a otras repúblicas y territorios como Daguestán e Inghusetia con rápida proyección del expansionismo yihadista hacia las vecinas Osetia del Norte, Kabardino-Balkaria, Karachai-Cherkessia y la más occidental Adiguesia.
 
Incremento del activismo terrorista yihadista en los últimos tiempos
 
En el Cáucaso tanto Azerbaiyán, por el motivo aducido, como Georgia que sufre el secesionismo de Abjazia y de Osetia del Sur y no ha acabado de erradicar las células yihadistas chechenas ocultas en su santuario del desfiladero del Pankisi, han mostrado claramente su hostilidad a la declaración kosovar. Azerbaiyán vivió además a partir del 8 de octubre pasado un juicio contra un grupo de dieciséis islamistas que, encabezados por Said Dabasbeyli, que se hacían llamar el Ejército Septentrional del Mahdi y estaban acusados de intentar derrocar al régimen y de imponer la Sharía, habiendo recibido entrenamiento y financiación de la Fuerza Quods, un ala militar secreta de los Guardianes de la Revolución de Irán. En un “totum rebolutum” que mezclaría a radicales shiíes y suníes el fiscal acusaba a los procesados de facilitar información a sus socios iraníes sobre las Embajadas de los EEUU e Israel en Bakú así como de seguir el modelo organizacional de grupos como Ansar i-Hizbullah o Hizb ut-Tahrir. Aparte de estas detenciones se han producido otras también de presuntos islamistas el pasado año y cabe señalar que el crecimiento de la tensión entre Azerbaiyán y Armenia, con la creación de la Organización de Liberación de Karabaj que propugna la recuperación de este enclave armenio dentro de Azerbaiyán militarmente y con las declaraciones del Presidente azerí, Ilham Aliyev, quien el 4 de febrero afirmara ante el Ministro de Asuntos Exteriores esloveno y Presidente de turno de la Unión Europea (UE) que no se descarta el uso de la fuerza para recuperar la integridad territorial perdida frente a Armenia, obliga cuando menos a tomar en consideración esta realidad. En Georgia, el Presidente Mijail Saakashvili ha aprovechado tanto la cooperación estadounidense, con el “US-Georgia Train and Equip Program” vigente entre 2002 y la primavera de 2004, como rusa, con la creación de un Centro Contraterrorista Ruso-Georgiano y la concesión de facilidades para tropas de montaña y helicópteros de combate rusos en la frontera de Georgia con Karachai-Cherkessia y con Daguestán, respectivamente, sin lograr erradicar la presencia terrorista yihadista en su suelo.
 
La visita realizada el 4 de febrero por el aún Presidente Vladimir Putin a bases militares rusas en Daguestán, Kabardino-Balkaria y Karachai-Cherkessia demuestra la importancia que para el Kremlin tiene la lucha antiterrorista en esta zona de la Federación Rusa y deja entrever los temores de que pueda activarse con un elemento estimulador como es la declaración unilateral de la independencia kosovar. En Moscú preocupa que dicho acto haya despertado el activismo checheno - reflejado en la declaración colgada en Internet del “ministro de asuntos exteriores” de la República de Ichkeria (nombre que los yihadistas dan a Chechenia), Usmán Ferzauli, en la que se felicita por el triunfo de los hermanos kosovares y recuerda la lucha de los chechenos desde hace 14 años contra “la potencia militar más agresiva del mundo” - y que pueda agravar aún más la situación ya de por sí preocupante que se vive en Daguestán o en Ingushetia.
 
El Kremlin teme que la apertura de la “caja de Pandora” representada por la declaración de Kosovo pueda trastocar un proceso de pacificación de Chechenia que muchos medios vienen destacando incluso fuera de la Federación Rusa. Aquí es preciso recordar que el descabezamiento militar del yihadismo checheno se ha dado de forma acelerada en los últimos cinco años, con importantes ofensivas contra estos grupos y con la “chechenización” de la política de la república díscola pero también con la eliminación física de importantes dirigentes yihadistas: la del famoso comandante de origen jordano Jattab, envenenado en 2002 con una carta; la del ex-Presidente checheno Aslán Masjádov, elegido en 1997 y abatido en una acción de las fuerzas especiales en 2005; la del sanguinario Shamil Basayev, responsable entre otras acciones de la toma de la Escuela Número Uno de Beslán que en septiembre de 2004 costaba la vida a 334 personas, 186 de ellas niños, en 2006; o la más reciente eliminación del comandante Rustam Basayev, el 24 de agosto de 2007, un caudillo militar que encabezaba la lucha armada tras la caída de Yunus Ajmadov, conocido como el “Emir de Grozni”, el mes anterior.
 
Aunque en términos militares y en lo que al escenario checheno respecta los últimos meses han sido relativamente tranquilos, no se han producido grandes operaciones de impacto mediático por parte de los terroristas desde la toma de la escuela de Beslán, en Osetia del Norte, y la política comienza a imponerse a la violencia, hemos de destacar que la expansión del activismo yihadista está buscando las otras repúblicas y territorios que hacia el oeste conforman el llamado Transcáucaso ruso.
 
En Chechenia y tras las elecciones presidenciales de 2003 que marcaron el comienzo del triunfo de la “chechenización” propiciada por el Presidente Putin la política va haciéndose cada vez más visible y da paso a la reconstrucción en paralelo a los esfuerzos para eliminar las bolsas de terrorismo aún existentes. Aunque el Presidente Ajmad Kadirov fue asesinado el 9 de mayo de 2004 la sucesión se vio garantizada por Alu Aljanov, antiguo responsable de la seguridad, mientras el hijo de Kadirov, Ramzán, quien es hoy el Presidente más joven de toda la región con sus 31 años de edad, iba preparándose para asegurar esta sucesión “dinástica” que se ha confirmado con su victoria en las elecciones presidenciales de 27 de noviembre de 2007. La estabilidad que algunos quieren ver hoy en Chechenia es débil - el 70% de la población está en paro y la desaparición de las ruinas en Grozni dando paso a una ciudad reconstruida e incluso vital no oculta lo mucho que queda por hacer en el territorio de la República - y no oculta que son las inyecciones de fondos desde Moscú las que mantienen dicha ficción y no la confianza, la seguridad o el esfuerzo colectivo para lograr un desarrollo económico, social y político.
 
Mientras esto ocurre en Chechenia la situación en repúblicas como Ingushetia y Daguestán empeora por momentos. En Ingushetia, según algunos analistas la república más volátil de todo el norte del Cáucaso, los asesinatos, los secuestros y el deterioro económico en general son palpables. El 31 de agosto de 2007 eran asesinados cuatro policías al estallar una bomba en Nazrán, capital del territorio y donde el pasado 26 de enero una manifestación opositora era disuelta por las fuerzas del orden produciéndose graves disturbios que provocaron el incendio de dos edificios La represión llevada a cabo por las fuerzas del Presidente inghusetio Murat Zyazikov, un antiguo General del Servicio Federal de Seguridad (el FSB, sucesor del KGB), está siendo investigada desde el 31 de enero nada menos que por el Defensor de los Derechos Humanos ruso. Cabe recordar aquí que en 1992 se produjeron enfrentamientos armados entre ingushetios y osetios del norte por su pugna por el territorio de Prigorodni que causaron más de 600 muertos y 35.000 refugiados y que las relaciones entre ambos territorios se enrarecieron aún más tras el sangriento desenlace de la toma de la Escuela de Beslán. Otra referencia importante a no olvidar fue la toma de Nazrán el 22 de junio de 2004 por terroristas de la Yamaat Ingush, que dejaron tras de sí más de 90 muertos.
 
En la también vecina Daguestán, la mayor república del norte del Cáucaso y cuya invasión en agosto de 1999 por el batallón “Nogai” entonces dirigido por Shamil Basayev provocó el comienzo de la llamada Segunda Guerra Ruso-Chechena, en la que aún estaríamos pues ninguna paz o armisticio han sido firmados por las partes, la intensificación de la violencia es mucho más visible: en julio de 2007 eran atacados una columna militar y otra policial, con uno y dos muertos respectivamente y con múltiples heridos en ambos casos. Algunos éxitos de la lucha antiterrorista en los meses siguientes - como la muerte de Rappani Jalilov, conocido como el “carnicero de Daguestán” que moría el 18 de septiembre con dos de sus lugartenientes tras ser asediado en una casa en Novo-Sulak, o la de ocho yihadistas responsables de atentados contra policías y militares que también morían asediados el 12 de noviembre en la capital, Majachkalá - no impedían que los grupos y células activas siguieran su labor criminal. El asesinato del parlamentario Gazimagomed Magomedov en diciembre provocaba el reforzamiento con 3.000 efectivos del dispositivo antiterrorista en la región el día 16 de dicho mes pero la violencia ha seguido como lo atestigua el ataque contra el oleoducto que desde Bakú envía crudo al puerto ruso de Novorossissk y que el 3 de febrero sufría un atentado a la altura de Derbent, en el sur de Daguestán. En Majachkalá, una ciudad de 500.000 habitantes que sufre frecuentes cortes de luz y de gas así como múltiples operaciones antiterroristas, el 6 de febrero se celebraba una manifestación convocada por las denominadas “Madres de Daguestán por los Derechos Humanos y los Desaparecidos” - unos desaparecen a manos de las fuerzas armadas y de seguridad pero otros se enrolan en los grupos yihadistas o como allí se les conoce en los “hermanos del bosque” que los atraen a través de Internet - recordando todos estos elementos el doloroso escenario checheno. Cabe además recordarse aquí que Daguestán es en términos étnicos la más complicada de la región aquí estudiada. Su envergadura y su complejidad interna llevó al propio Osama Bin Laden a enviar aquí, a mediados de los años noventa del siglo XX, a uno de sus principales colaboradores saudíes, el jeque Abu Omar As-Seif quien fue muerto en noviembre de 2005 por agentes del FSB. A partir de Daguestán, As-Seif actuó hasta su muerte como enlace con Chechenia tras el fallecimiento de su predecesor Abu Al-Walid en abril de 2004 y, al frente de la ONG Fundación Islámica “Al-Huramein”, propagó la ideología yihadista salafista tanto por el entorno inmediato como también por lugares más alejados como Bosnia-Herzegovina o Kosovo.
 
En Kabardino-Balkaria, la toma por 217 yihadistas dirigidos por Shamil Basayev el 13 de octubre de 2005 de su capital, Nalchik, una ciudad de 300.000 habitantes en una pequeña república poblada por 900.000 individuos, ha dejado una estela que algunos grupos y células terroristas querrían emular. Fue el mayor ataque producido en todo ese año en el Cáucaso Norte, provocó alrededor de 90 muertos de los que 37 eran asaltantes, 35 miembros de las fuerzas de seguridad y armadas y 14 civiles. Kabardino-Balkaria tiene un 50% de población caucasiana, un 10% turcomana y un 30% rusa y, como la vecina Karachai-Cherkessia, tiene un complejo mosaico étnico creado expresamente por la Unión Soviética cuando las diseñó como entidades autónomas para dificultar su posible secesión. En ella viene actuando desde hace años un grupo terrorista conocido como Jamaat Yarmuk que ha llegado a contar con más de 400 elementos en sus mejores momentos.
 
Finalmente, Adiguesia es el territorio más occidental del Transcáucaso que siendo el último territorio en rendirse al Ejército zarista a mediados del siglo XIX tiene un 70% de su población formada por rusos que ansían unirse a la región de Krasnodar, pero los minoritarios adiguesios y cherkessios, musulmanes ambos, están cada vez más influidos por la propaganda islamista radical que les llama al levantamiento armado contra la presencia rusa.
 
La compleja relación entre estos territorios meridionales y el Imperio Ruso primero, la Unión Soviética después y la Federación Rusa ahora durante los dos últimos siglos, con la conquista zarista a mediados del XIX, la creación del Emirato del Cáucaso Norte por daguestanos, chechenos y osetios en 1919, aprovechando la debilidad del Estado post-zarista aún en formación, la constitución de la República Soviética Autónoma de los Pueblos de la Montaña, en 1921, las deportaciones en masa de chechenos, ingushetios y otros en 1944 acusados por Josef Stalin de colaboracionistas con los nazis, su regreso al territorio en 1957 en el marco de la “destalinización” propiciada por Nikita Kruschev y, finalmente, el aprovechamiento de la desintegración de la URSS en 1991 y de la expansión del yihadismo salafista en el mundo global que vivimos para agitar su causa, constituyen las principales etapas de una historia lo suficientemente convulsa como para permitir enarbolar agravios y justificar un combate cuya continuidad está y estará seguramente asegurada.


 

Carlos Echeverría Jesús (Madrid, 26 de marzo de 1963) es Profesor de Relaciones Internacionales de la UNED y responsable de la Sección Observatorio del Islam de la revista mensual War Heat Internacional. Ha trabajado en diversas organizaciones internacionales (UEO, UE y OTAN) y entre 2003 y 2004 fue Coordinador en España del Proyecto "Undestanding Terrorism" financiado por el Departamento de Defensa de los EEUU a través del Institute for Defense Analysis (IDA). Como Analista del Grupo asume la dirección del área de Terrorismo Yihadista Salafista.


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