(Publicado en ABC, 6 de mayo de 2008)
La interminable campaña electoral norteamericana recuerda a una montaña rusa en la que se suceden subidas y bajadas siempre a ritmo vertiginoso. Hace unos meses la política exterior parecía el eje central. Luego se nos explicó que, ante el inicio de la crisis, sería la economía la que atraería la mayor atención. La realidad es que siempre son varios los temas en liza y que una gran potencia como Estados Unidos está abocada a debatir su papel en el mundo.
Hasta septiembre la campaña se localiza entre los demócratas. La política hacia Irán es hoy el tema que más preocupa en el mundo árabe, Israel, Europa y, desde luego, Estados Unidos. Clinton ha cuidado en todo momento su imagen de experta y persona responsable en política exterior. Aprendió de su marido que había que mantener un discurso de clara defensa de los intereses nacionales, aunque luego no se hiciera nada. En esta línea ha hecho unas declaraciones previsibles. Ha advertido a Irán de que si ataca a Israel con armas nucleares y ella es la presidenta «arrasará» el país. Es un claro ejemplo de disuasión: dejar muy clara la respuesta para evitar la acción.
Obama ha reaccionado con contundencia acusando a la senadora de comportarse como Bush, utilizando un lenguaje inapropiado por excesivo. ¿Funcionaría mejor la disuasión con otro lenguaje más suave? Desde luego que no. Los dirigentes iraníes no son almas cándidas que se vayan a alterar con esas expresiones. Lo que Obama está planteando es abandonar la política de disuasión para entrar en una estrategia de pacificación, reconociendo a Irán como actor legítimo ¿Abandonaría Irán sus ambiciones nucleares en esas circunstancias? Definitivamente no.
El Partido Demócrata es un puzzle de grupos variopintos. Muchos tienen en común su rechazo a la idea de que su país sea una gran potencia. Quieren sentirse queridos y eso no es fácil cuando se es la potencia hegemónica. La política de Obama es suicida, pero le puede proporcionar muchos votos en las primarias demócratas. Sin embargo, tanta sinceridad puede resultarle fatal frente a McCain.