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Las relaciones transatlánticas en un mundo multipolar
Análisis nº 279   |  30 de Abril de 2008
 

(Facing the 2025 Challenge: E.U. Options and Solutions. European Ideas Network policy seminar with Fondation pour l’Innovation Politique and Fondation Robert Schuman. Paris. Assemblée National. March 5, 2008)

El tiempo y el dinero que europeos y norteamericanos hemos empleado estos últimos años en reflexionar sobre la asociación trasatlántica es enorme. Nadie duda de la importancia de esta relación, aunque no resulta fácil ser optimista sobre su futuro. Atrás han quedado las tensiones de hace unos años. Hoy el ambiente es más positivo y constructivo, pero los retos que tenemos ante nosotros son de tal envergadura que no podemos dejar de reconocerlos.
 
Uno de los elementos característicos del centro derecha europeo es su reivindicación de la alianza con Estados Unidos y Canadá. El documento El Mundo en 2.025[1] es un excelente ejemplo de ese esfuerzo intelectual y político por valorar la importancia de la asociación y por tratar de adaptarla a un nuevo entorno estratégico.
 
El centro derecha europeo está convencido de que:
 
·         formamos una comunidad de valores,
·         compartimos intereses de todo tipo,
·         somos, de hecho, una comunidad económica,
·         europeos y norteamericanos nos necesitamos mutuamente para resolver problemas, retos o amenazas y, por último, de que
·         es necesario establecer los cauces para un nuevo debate estratégico.
 
No creo que la izquierda europea comparta esta visión. Desde luego el gobierno socialista de mi país, de España, no la comparte. No podemos dejar de reconocer que parte de la izquierda ha apostado por el desenganche estratégico con Estados Unidos y por una aproximación al Islam y a otros polos de poder internacional. Muchos de ellos están convencidos de que el appessment funciona.
 
Ya que estamos en Paris, en un lugar tan significado para la historia europea, permítanme hacer una reflexión a partir de las ideas de tres grandes franceses de nuestros días.
 
Edouard Balladur
 
Ms. Balladur ha escrito un libro interesante[2] en el que defiende una refundación de la asociación atlántica en un momento histórico en el que:
 
·         se produce un desencuentro entre las grandes culturas;
·         hay signos de decadencia en Europa;
·         nuestro peso económico y político disminuye en el mundo, ya no somos un actor determinante, aunque sí importante;
·         y, por último, somos débiles en términos militares.
 
Europa está atenazada por su mala conciencia colonial y por su historia reciente. Sin embargo, nuestro futuro depende de nuestra voluntad de ser, de que reivindiquemos nuestra propia identidad y nuestros valores y de que rehagamos nuestra alianza con Estados Unidos.
 
Yo estoy de acuerdo. La Alianza Atlántica ha dejado de ser un sistema de seguridad colectivo porque sus miembros no comparten una percepción de la amenaza y porque no hay una estrategia común. Mr. Jaap de Hoop Scheffer está haciendo un gran trabajo tratando de superar esta situación, pero sólo tras una refundación de la asociación podremos renovar la Alianza. Sin embargo, esa es una tarea muy difícil.
 
Los europeos nos quejamos de que Estados Unidos no nos escucha, de que tiene una tendencia a actuar unilateralmente. Es cierto, pero ¿cómo solucionarlo? En mi opinión, siendo un socio creíble y eficaz. La Unión está compuesta por países con historias y culturas políticas muy distintas. Una buena parte de ellos desean mantener a Europa fuera de los grandes temas globales. El pacifismo es muy fuerte entre nosotros. La Unión ha sido incapaz de adoptar una posición común sobre la Guerra de Iraq o sobre la independencia de Kosovo. Es impensable que la Unión pueda establecer los términos de una nueva asociación con Estados Unidos. La operatividad de la Unión Europea en política de defensa es muy baja y continuará siendo muy baja. Sólo con el paso del tiempo quizás sea posible una cultura común en materia de política exterior y de defensa, pero no podemos esperar tanto tiempo.
 
Hubert Vedrine
 
Supongo que estarán de acuerdo conmigo que Ms Hubert Vedrine, antiguo ministro francés de Asuntos Exteriores y presidente de la Comisión Presidencial encargada de redactar un informe sobre los retos de la Globalización, no es un euroescéptico. En una entrevista a un periódico español[3] dijo en referencia a la política exterior común:
 
“Hay que ser razonables. Son posibles y deseables algunas acciones comunes. Se cometió el error de dejar pensar que la diplomacia común podría suplantar a las distintas diplomacias nacionales. No se pueden cambiar mil años de historia firmando éste o aquel papel. Es completamente absurdo pensar en una diplomacia común de los 27 Estados miembros de la UE. Jamás se ha conseguido definir el núcleo duro de la diplomacia común. La Unión es una confederación de Estados nacionales”.
 
Estoy de acuerdo con Ms. Vedrine. En el corto plazo la refundación de la asociación atlántica requiere del protagonismo de los estados más relevantes de Europa. Como también señala Vedrine, además es necesario superar el complejo colonial y volver a asumir que los retos de la globalización nos exigen volver a actuar como potencia, pero en esta ocasión con perspectiva continental. Tanto en la Unión Europea como en la Alianza Atlántica tenemos que olvidarnos de actuaciones por unanimidad. Los grandes tienen que asumir su responsabilidad, en especial Francia y el Reino Unido, para establecer un new deal con Estados Unidos.
 
Pierre Lellouch
 
Recientemente otro destacado político francés, Ms. Pierre Lellouch, ha publicado en Le Figaro un artículo[4] proponiendo ocho medidas básicas para hacer creíble y operativa la política europea de defensa. Sus ideas son sensatas e inteligentes. En primer lugar plantea la formación de una “cooperación reforzada” a seis, abierta a cuantos quieran incorporarse. Pero la segunda hace referencia a una de las condiciones básicas pero difíciles de aplicar: converger presupuestos en el 2% PNB. Creo que las propuestas de Lellouche apuntan a la dirección correcta y, sobre todo, a la opción realista. Detrás de esta terminología burocrática se esconden conceptos clásicos en las relaciones internacionales europeas. Lellouch está planteando la creación de un directorio que actúe, eso sí, con la legitimidad y símbolos de la Unión Europea, pero de espaldas a la mayor parte de los estados.
 
Por una Europa relevante
 
Si aceptamos el liderazgo de los grandes estados en la refundación de la asociación hemos resuelto un problema, pero sólo eso. Durante estos años hemos reivindicado el multilateralismo y el derecho internacional, siempre como argumentos contra Estados Unidos. Si queremos de verdad rehacer la asociación conviene que seamos más realistas y no utilicemos estos temas en nuestras disputas familiares. Se puede estar de acuerdo o en desacuerdo con la intervención militar en Iraq, pero dejemos el derecho internacional a un lado. Cuando estalló la crisis de Kosovo pedimos a Estados Unidos que viniera en nuestra ayuda y actuamos sin el paraguas legal de una resolución del Consejo de Seguridad. Entonces bombardear un país de espaldas al Consejo estaba bien. Llegó Iraq, y entonces era ilegal. Estados Unidos humillaba al Consejo de Seguridad. Ahora hemos reconocido la independencia de Kosovo contra la voluntad del estado soberano, sin acuerdo en la Unión Europea, sin una resolución del Consejo de Seguridad que lo apoye y violando la resolución 1.244 que vincula la presencia de nuestras tropas con la integridad de Serbia ¿Por qué Estados Unidos puede ignorar al Consejo de Seguridad cuando a Europa le conviene y no puede cuando sólo le conviene a ella? Si de verdad queremos revitalizar la Asociación dejemos estos reproches a un lado y aceptemos con realismo que no podemos hacer depender la defensa de nuestros intereses del voto de Rusia o China.
 
Lo fundamental es asumir responsabilidades. Durante estos años hemos utilizado a George W. Bush como una coartada. El problema no era la Alianza, sino Bush. Perfecto. Bush se va ¿y ahora qué? Recuerdo la anterior campaña presidencial norteamericana en que toda Europa apoyaba a Kerry y nuestros dirigentes rezaban para que ganara Bush, para evitar tener que decir “no”, cuando nos pidiera colaboración, a un demócrata con un excelente currículum de derrotista.
 
La Alianza se juega su futuro en Afganistán. Sabemos que las cosas no van bien y que esta primavera la situación puede empeorar. En Afganistán estamos combatiendo bajo el paraguas de una resolución del Consejo de Seguridad y apoyando la reconstrucción de un estado más o menos democrático. No hay problema de principios ni de marco legal, pero sí de resultados. Nuestra participación es un ejemplo de “guerra a la carta”, que podía haber sido diseñada por Groucho Marx. Cada estado decide si sus soldados combaten, si lo hacen un poco, algo más que un poco o si no lo hacen Enviamos soldados a una guerra con la orden de no combatir y, esto es lo peor, nos parece normal. Quizás sea la forma postmoderna de entender lo que es la guerra, pero sospecho que no es la mejor estrategia para lograr la victoria. Algunos gobiernos, como el de mi país, niegan incluso que haya una guerra. En todo caso pueden aceptar la existencia de episodios violentos. Mientras unos luchan y mueren otros, están recogidos en sus cuarteles en zonas hasta ahora seguras ¿Puede una Alianza sobrevivir a un espectáculo de insolidaridad como éste? Tengo mis dudas, sobre todo si las guerrillas talibán continúan recuperando terreno. Si los estados europeos no asumen su parte de responsabilidad en la guerra de Afganistán seminarios como éste están condenados al fracaso.
 
En estos últimos años el centro derecha ha realizado un buen trabajo intelectual. Ahora tiene ante sí tres retos:
 
1.      La coherencia entre nuestras palabras y nuestras obras.
2.      Una izquierda que avanza hacia el relativismo y las estrategias de pacificación.
 
El posible giro proteccionista y aislacionista en Estados Unidos. Y es que hay algo peor que el unilateralismo de Bush, un Obama que se desenganche de unos socios incompetentes enfrentándonos a nuestro propio destino. Quizás sólo una crisis de esas características nos puede sacar de la burbuja en la que nos encontramos.


 

 
Notas


[1] El Mundo en 2.025. European Ideas Network. Grupo del PPE-DE en el Parlamento Europeo. Bruselas. Noviembre de 2007. 49 págs.
[2] Edouard Balladur Pour une Union occidentales entre l’Europe et les Etats-Unis Fayard. Paris, 2007. 120 págs.
[3] Juan Pedro Quiñonero “Hubert Védrine: «Europa debe ser una potencia, y no el idiota del mundo global» ABC 16-9-2007 08:58:25
 
“-¿Puede existir un núcleo europeo duro en materia diplomática común, por ejemplo?
-No.
-Entonces, ¿por qué insistir en el espejismo de la diplomacia común?
-Hay que ser razonables. Son posibles y deseables algunas acciones comunes. Se cometió el error de dejar pensar que la diplomacia común podría suplantar a las distintas diplomacias nacionales. No se pueden cambiar mil años de historia firmando éste o aquel papel. Es completamente absurdo pensar en una diplomacia común de los 27 Estados miembros de la UE. Jamás se ha conseguido definir el núcleo duro de la diplomacia común. La Unión es una confederación de Estados nacionales.
-Sin embargo, los Balcanes, Irak, Oriente Medio, el Magreb, recuerdan a cada instante la inexistencia real de Europa, como actor, en la escena mundial. La antigua tarta de fresa de la defensa europea es otro espejismo absoluto.
-Después de la II Guerra Mundial, los europeos renunciaron a la idea de potencia. Por vergüenza. Y esa renuncia tiene algo de muy grave. A mi modo de ver, Europa no debe renunciar a la potencia. Europa no debe ser el idiota del nuevo mundo global. La decepción actual corre pareja a las antiguas ilusiones, ficciones y mentiras. Europa está defendida por la Alianza Atlántica, por los arsenales nucleares de Francia e Inglaterra y por los sistemas de defensa de los Estados europeos. Más allá... también se trata de crear fuerzas de intervención comunes, fuera de nuestras fronteras. Si Europa aspira a jugar algún papel, como potencia, los europeos tendrán que negociar con los americanos los contornos de la futura alianza.”
 
[4] Pierre Lellouche “8 propositions pour donner à l'Union une défense commune” Le Figaro 31.01.2008.
 
“En premier lieu, un préalable méthodologique s'impose. La défense commune n'avancera qu'autour d'un noyau dur de «coopération renforcée», un G6 composé des nations principales : France, Royaume-Uni, Allemagne, Espagne, Italie et Pologne, les autres pouvant rejoindre le groupe «pionnier» à tout moment.
 
      En second lieu, ce groupe adoptera solennellement un objectif de convergence budgétaire fixé à 2 % du PNB pour les budgets de défense.
 
      En troisième lieu, ce groupe annoncera un objectif industriel : celui d'abandonner l'exception militaire au grand marché (le fameux article 296) avec l'idée au contraire de faire de l'industrie de défense un véritable marché commun, les commandes d'armement nationales donnant lieu à des marchés publics européens ouverts prioritairement aux industries européennes d'armement.
 
      En quatrième lieu, l'adoption d'un objectif de force d'intervention commune de 60 000 hommes, chacune des nations du G6 affectant 10 000 hommes à un commandement unifié.
 
      En cinquième lieu, l'annonce d'une européanisation des bases militaires à l'extérieur aujourd'hui mises en œuvre par tel ou tel État membre.
 
      En sixième lieu, le lancement de programmes communs structurants indispensables pour l'avenir (espace, communication et renseignement, défense antimissile).
 
      En septième lieu, la mise en œuvre d'un plan commun de protection des populations en cas d'attaque terroriste au moyen d'armes non conventionnelles (chimiques, bactériologiques ou nucléaires).
 
      En huitième lieu, enfin, la définition d'une politique européenne commune de désarmement et de contrôle des armements : réduction du niveau des stocks nucléaires, garanties de sécurité, création d'une banque européenne du combustible nucléaire à la disposition des pays émergents soucieux de se doter de capacités électronucléaires civiles.”


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