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Candidatos y esperanzas
En letra impresa nº 957   |  25 de Abril de 2008
 
(Publicado en ABC, 25 de abril de 2008)
 
Pocas circunstancias podrían ser tan favorables para una victoria de los demócratas en los Estados Unidos: un presidente controvertido; un partido republicano distanciado de la Casa Blanca y que todavía se tambalea tras la derrota de las elecciones de finales del 2006; una guerra, como la de Irak, de la que no hay salida rápida que sea buena; una crisis económica que se acelera y que está castigando ya a millones de hogares...y, sin embargo, el sentimiento imperante es que pueden llegar a perder frente al candidato republicano, el senador John McCain.
 
En el Partido Demócrata se empiezan a ver con creciente horror sus primarias. Pues en lugar de haber dado a estas alturas con su candidato ideal, las dos opciones están enzarzadas en una pelea para destruirse mutuamente, despreocupadas del todo del candidato republicano.
 
Las pasadas elecciones de Pensilvania no han hecho sino aumentar estos temores. Ha ganado Hillary Clinton claramente por lo que, a pesar de que es imposible que gane en delegados a Obama, sigue en la carrera en la esperanza de llevarse con ella a los superdelegados. Pero con esa ambición, el escenario más probable es que los demócratas tengan que decidirse por uno u otra en plena convención, allá por finales de agosto.
 
Y eso es mucho tiempo para asistir callados a un cruce cada vez más duro y cruel de acusaciones entre Obama y Hillary. Quienes pierden son ellos. Su imagen sale deteriorada al quedar expuesta a constantes críticas y sus seguidores se sienten cada día más alejados del otro candidato. De hecho, una reciente encuesta ha puesto sobre la mesa que una importante mayoría de votantes de Obama jamás votaría por Clinton.
 
Hillary sabe que no puede ganar en delegados, aunque si vence en las próximas escaramuzas del 6 de mayo, podría argumentar que el voto popular está con ella. Pero su única herramienta son los superdelegados. Debe convencerles de que ella es elegible mientras que el senador Obama no. Para eso tiene que lograr que Obama siga radicalizándose. Y no sucumbir en el intento.

 


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