(Publicado en La Razón, 1 de abril de 2008)
El año 2007 ha sido un año duro para las economías familiares. A las subidas de las hipotecas y de los combustibles se ha unido un crecimiento de los salarios inferior a una inflación disparada en los últimos meses. La mala percepción ciudadana sobre la economía tiene su reflejo en las cifras macroeconómicas. Eurostat prevé que los españoles habrán padecido en 2007 una erosión de 2,7 puntos en su bienestar en comparación con la UE-27. Zapatero ha preparado una «cuesta de enero dolomítica» a modo de etapa final para su Gobierno. A las subidas ya anunciadas de los peajes de autopistas, el gas natural, el butano, los transportes y otros servicios básicos por encima del objetivo de estabilidad de precios del BCE (2%), se añade una primera revisión de la tarifa eléctrica del 3,3%, que sólo la proximidad de las elecciones ha evitado que sea mucho mayor. Ante unas navidades menos alegres en el consumo parece que no sólo los consumidores ponemos la vista en las rebajas como único consuelo, sino que también los comerciantes ven en ellas la única oportunidad de animar las ventas con descuentos algo más agresivos que en años anteriores. Pero como hemos visto, el Gobierno no siente la presión de una demanda deprimida y, a diferencia de los comerciantes, promueve fuertes subidas de precios que alcanzan incluso al coste del sello de la carta a los Reyes Magos. Para este Gobierno no hay rebajas que valgan para aliviar a unas economías domésticas agobiadas por una elevada presión fiscal y una política económica ineficaz. Está claro que la única demanda que percibe este Gobierno es la de los votos.